Revista de rosa palo

Vida sexual en Francia y el "divorcio" de Juan Carlos y Sofía

Valérie Trierweiler, la ex de Hollande, ya tiene libro. La prensa italiana especula con la separación de los padres del Rey. En Cataluña, los 'pujolólogos' flirtean con la teoría de la bronca marital. Infelicidad total.

8 min
Pablo Planas
Sábado, 6.09.2014 10:59

Para un viejo carcamal como el suprafirmante, París es un gigantesco "meublé" en el que el champán corre por cuenta de la casa y no se admiten "voyeurs", solo participantes. La literatura francesa es inarbacable al respecto, pero destacan las confesiones de Catherine Millet, una historia pornográfica auténtica, nada que ver con las fantasías literarias de Michel Houllebecq. En 2001 Anagrama publicó dos libros: 'La vida sexual de Catherine M.', una autobiografía sin preservativo de una mujer que dedidaba sus días a la crítica de arte y el comisariado de exposiciones; y 'Plataforma', la novela de Houllebecq que termina en una playa putrefacta de Tailandia, entre el sexo en grupo y la "yihad". 2001 fue el año del fn de un mundo, un apocalipsis con vistas al Mediterráneo en el que a veces parece que la vida sigue.

Sobre todo en París. Un viaje a la capital del Sena, puestos en tópicos, es un desembragante más fiable que prometer un año de desayunos en la cama y en Zamora, pese a que para lo primero sólo se necesita dinero mientras que lo segundo requiere tiempo (un año), energía, vivir en Zamora y una constancia benedictina, la misma que distingue el champán del cava. En la temporada de otoño hay que viajar un par de veces a París. A Londres también, pero ese es un destino mucho más práctico que glamuroso. A Londres se va a no aprender inglés. A París, para impregnarse del ambiente (que es de lo más erótico) y comprar zapatos de mujer, un acto de heroísmo masculino que sólo se aprecia desde la perspectiva fetichista. Y no es sólo eso. Hay que tener paciencia y dones para la ataraxia, actitud entre complaciente y contemplativa. Sí, porque aunque no lo parezca, hay diferencias entre unos "manolos" y lo que se vende en el Portal del Angel.

Es altamente improbable que François Gérard Georges Hollande y Valérie Trierweiler fueran juntos a comprar zapatos de mujer, lo que explicaría las despiadadas y descarnadas consideraciones de la "rotwailer" (en Francia ella es la mala) en el libro que hace furor en el piso de arriba. En su día, hace cuatro años, Hollande tuvo la infortunada idea de emparejarse con una periodista, lo que convierte la convivencia en un terreno minado en el que las confidencias y las intimidades son del calibre 22 cuando la llama se apaga. Una bomba de relojería allí, en un país en el que se lee mucho más que aquí y en el que el libertinaje está en el aire.

El género del francés, que tiene más que ver con las conversaciones que con la mera oralidad, se revitalizó a raíz del escándalo de Dominique Strauss-Khan, la "gauche divine" y la economía liberal encarnada en un presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) incontinente, pero no en lo verbal o en lo financiero. La historia de Strauss-Khan tiene más que ver con la vida sexual de la Millet, que con las sutilezas de un romance a la francesa. Al parecer, Dominique era insaciable, una bestia de la fogosidad, un hombre siempre dispuesto, a punto en todo momento, una auéntica fiera, un carnívoro directo, un caníbal capaz de encontrar el punto g hasta en un "steak tartare" sobado. Además de brutal aficionado a las fondues.

El segundo personaje de la reciente historia francesa en darle aire al tema fue Nicolás Sarkozy, que ya apareció en esta sección a cuenta de un libro, otro más, 'Premières dames', del periodista Robert Schneider, en el que se desvelan detalles como el "sms" o "guasap" en el que prometía a su ex, Cécilia Attias, de soltera Ciganer Albéniz, la prima de Gallardón, que si volvía con él suspendía la boda con Carla Bruni. Cécilia nunca constestó y es fama que vive feliz y tranquila, ajena a cualquier escándalo, como una española tradicional. "Ser primera dama me la suda", asegura el periodista Schneider que aseguraba Cécilia. Raro, porque ella no habla así. Resulta que para los franceses, las españolas son como las francesas para los españoles, de modo que se creen que son tan fáciles y procaces como suponemos nosotros que son ellas a partir de Perpiñán. Vamos orientados, unos y otros.

El tercer gran ejemplo del amor a la fransuá es el escándalo Trierweiler, quien, como es periodista, ha redactado sus memorias sobre Hollande en un par de semanas, lo que le ha ido mucho mejor para su salud anímica y mental que el tratamiento para los nervios que le administraron nada más conocer los espléndidos e inevitables cuernos que lucía en calidad de primera dama apócrifa. Y, como periodista también, se reserva munición para segundas y terceras entregas, a una por año y fueron cuatro. La primera andanada ha versado sobre la credibilidad política de su ex, del que afirma que se refería a las clases populares como "los desdentados". Ahí está todo un presidente de la República Francesa, y socialista por más señas, untando la tostada y diciendo que esos tipos que le protestan por la tele necesitan un repaso en una clínica dental. Puede ser por eso que a ambos lados de los Pirineos proliferen los establecimientos "low cost" dedicados al blanqueamiento y la recomposición de bocas. Nuestra dentista preferida, en cambio, sostiene que eso es debido a otra clase de blanqueamientos y al efecto carcoma de los refrescos de cola, que recomienda beber con pajita.

El testimonio de Trierweiler es tan demoledor que hasta Ségolène Royal, la ex esposa de Hollande, ha salido en defensa del honor político del presidente, entre otras razones porque ella es política, más política incluso que su ex marido. Aquí nos quedamos con la opinión de Manuel Valls, el primer ministro, que también es de los nuestros y cree que todo eso de los líos de faldas debería regirse con la misma discreción que se hacía en España hasta hace unos pocos años, tres o cuatro tan sólo.

Todo ha cambiado. La Repubblica, un diario italiano de prestigio, da por seguro el divorcio de los Reyes eméritos de España. Ha sido la bomba de la semana. Sostiene el rotativo que como no se han visto en los meses del verano, el divorcio es inminente. Todo es posible, pero nada es seguro. A favor, fuera hipocresía. En contra, todo lo demás, que supera en densidad e importancia al supuesto benéfico efecto de quitarse las caretas. Los periódicos de Italia, que decían que era un país tan católico como el nuestro, carecen de la perspectiva institucional monárquica y prescinden de las sutilezas de la doble moral, que hasta que no se demuestre lo contrario es un antídoto muy eficaz contra la intolerancia y la inestabilidad.

No obstante, es evidente que si en Roma conviven dos Papas sin que se remuevan los cimientos de la plaza de San Pedro, un divorcio de los Reyes de España pueda ser una hipótesis plausible. Además, no sería la primera vez que nos enteramos de lo que se cuece en la Casa Real y en lo que no es la Casa Real por la prensa italiana.

Es una epidemia. Y más a la vuelta de las vacaciones. Comentábamos ayer la pieza de José Antich, el ex director de La Vanguardia, sobre las vicisitudes otoñales de una supuesta pareja infeliz compuesta por Jordi Pujol y Marta Ferrusola. ¿Sepración a la vista? Eso sí que sería un auténtico bombazo y no "La Confessió". Si hay separación, será de bienes, lo que ya viene de suyo en el derecho catalán. Lo demás no es probable, previsible, ni tan siquiera posible. Como lo de Don Juan Carlos y Doña Sofía, parece una solemne estupidez. Las adversidades, como todo el mundo sabe, tienden a unir a las parejas. ¿O no?

La selección musical de la semana: Tonino Carotone y su gran hit 'Me cago en el amor', del año 2000. Un visionario, Carotone. Ahí se lo dejo.