Revista de prensa

Ébola, corrupción y un proceso en punto muerto

El empeoramiento de Teresa Romero agudiza la crisis política. Continúa el escándalo de la tarjetas negras de Caja Madrid y el proceso se estanca. Nuevo disparate de Trias: 40 euros el metro cuadrado de adoquín.

8 min
Pablo Planas
Viernes, 10.10.2014 10:11

Teresa Romero, la paciente de ébola, está mal. Hasta ayer por la tarde, su peripecia estaba relacionada con la suerte de su perro. El parte médico del empeoramiento puso un punto de distancia sobre la política y el carnaval de Excalibur, el lebrel. Se rumorea que está intubada (según un hermano de la auxiliar de enfermería), que ha tenido un fallo multiorgánico (según una compañera), que padece una crisis respiratoria, etcétera, etcétera. El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, ha salido en tromba, desatado, lenguaraz, rotundo, sentencioso y forense, con una rotundidad celebradísima en los medios de comunicación. Es ponerse a hablar Rodriguez y acentuarse los tonos sombríos de la crísis sanitaria. Los periódicos catalanes han descubierto la politica madrileña y ceban sus cañones con la pólvora de la incompetencia en estado puro.

El consejero madrileño es un blanco fácil. Ha saltado a la arena como un forzudo que atrae los mamporros mientras la ministra Ana Mato pasa a un discreto segundo plano. Sin embargo, esa aparente ventaja encierra el riesgo de una tormenta perfecta, una suma de crisis de la colza, del Prestige y de huelga de controladores (por citar una del PSOE), un carajal que comienza como muchos, con una boda en El Escorial, y termina como el rosario de la aurora. En Barcelona, los vecinos laicizantes del Raval vaciaban sus orinales sobre los fieles que recorrían las calles al alba en oración. De ahí el dicho.

Todo depende de la vida de Teresa Romero y de que no haya más contagios, lo que sitúa la política en el plano de la verdad. Y si la situación de la enferma se complica por momentos (y sin que se sepa a ciencia cierta su verdadero estado), el escándalo de las tarjetas negras de Caja Madrid arrecia con la fuerza de un fenómeno incontrolable, entre lo viral y lo catastrófico. Es la casta. Existe, como los lazarillos de Nápoles. La mordida, el trinque no respeta siglas ni prejuicios. Hay de todo, desde economistas liberales (arrepentidos los quiere Dios) hasta sindicalistas horizontales, desde el sector conservador del PP hasta el que representa el esencialismo marxista en Izquierda Unida, en UGT y en CC.OO. Visto en persepctiva, el cine de Berlanga era documental, testimonial, de una penetración profunda en el alma nacional, en el espíritu corsario, timador y bullanguero que anida en el solar ibérico.

Mientras se lo gastaban en safaris se coció la explosión del ladrillo, la burbuja inmobiliaria, las subprime españolas. El de Izquierda Unida, no. Ese lo sacaba en efectivo para no verse limitado por el tope del plástico. Ahora, el asunto recorre las páginas de los periódicos y se mezcla con el sindicalista millonario de Asturias, Fernández Villa, un héroe de la minería extractiva, nuestro Aleksei Stajanov, 102 toneladas de carbón extraídas en 5 horas y 45 minutos.

Destaca el papel el sueldo de Pedro Sánchez, de 4.444 euros, que tiene dos casas y un coche. La transparencia no tiene nada que ver con un "striptease", pero la casta insiste mientras los pabloigleasias y adascolaus acechan a la espera del gran recambio.

¿Pujol? Pujol también. Según La Razón, en una nota que firma Francisco Velasco, Oriol Pujol (Caso ITV) se las tendrá que ver con un jurado popular. Además, y esto sale en todos los periódicos, la Audiencia de Barcelona ha decidido seguir adelante con el procedimiento contra Jordi Pujol y Marta Ferrusola. Una de las "pruebas de cargo" es que la confesión y posterior comparecencia parlamentaria del tetrarca del tres por ciento (que era y es mucho más) sugiere más preguntas que certezas sobre el origen del dinero y el trato dispensado al mismo durante más de tres décadas de ocultación al fisco.

El proceso sigue. Tras la reunión de ayer por la tarde en el Palau Robert, la conclusión es que se trabaja sin denuedo hasta que suene el gong y la consulta del 9-.N ya no sea posible. Caras largas, salidas precipitadas y reproches a la prensa. Pues no dice Mas que no les dejaron celebrar tranquilos la reunión y que lo que requiere el asunto ahora es la discreción... Hay que tener cuajo. Los diarios se hacen eco de la exclusiva del Abc de ayer sobre la carta de Joana Ortega, la vicepresidenta del gobierno autonómico, a los secretarios e interventores municipales. Les dice, como recordarán, que se han de atener escrupulosamente al ccumplimiento de la ley, sin las interpretaciones y mandangas de Mas. Hasta aquí hemos llegado, advierte Ortega, que no puede disimilar su incomodidad en las cumbres separatas. El Ara titula "Unidad de mínimos" y El Punt Avui, "Encuentros en fase decisiva". El desenlace parece más que previsto, aunque aún se confianza en la capacidad de improvisación de Artur Mas y en la chistera de Francesc Homs, una pareja que gobierna la incertidumbre y vive en la inestabilidad, sin un duro pero a lo grande. El Tribunal Constitucional ha rechazado las recusaciones del Parlamento autonómico.

En El Mundo, noticia sobre la Assemblea Nacional Catalana (ANC) con la firma de Fernando Lázaro. "Protección de Datos investiga a la ANC por usar información ideológica" es el titular de una información que arranca así: "Está bajo sospecha. La Assemblea Nacional Catalana (ANC), el soporte social sobre el que se posiciona la presjón en la calle en favor de la consulta del 9-N, tiene agujeros. Sus campañas casa por casa para recabar la opinión de los ciudadanos catalanes están siendo investigadas. Fue este mismo lunes cuando la Agencia de Protección de Datos estuvo realizando una inspección en la sede central de esta asociación, en Barcelona".

El escarnio contra Alicia Sánchez Camacho sólo congregó a una decena de personas. Se había desactivado el efecto sorpresa y no es lo mismo ir a montar un cirio visto y no visto que llegar al punto de encuentro y darse de bruces con un batallón de camarógrafos. Como sólo tenían una docena de máscaras, una docena montaron el número. Unos metros más arriba, sus jefes hablaban con Mas sobre las "garantías democráticas" del 9-N. ¿A que es chocante? Abajo, los enmascarados. Arriba, los descamisados.

Cómo estará todo de fotut que en Cataluña ya van diez muertos por legionelosis y el consejero del ramo, Boí Ruiz, va dando lecciones de coordinación administrativa.

Resuelto el misterio de Junqueras en Sevilla. Abc localizó al líder de ERC en el aeropuerto de la capital hispalense y La Vanguardia descubre que fue a rodar un programa con Jordi Évole, un debate político en casa de una familia andaluza. Fenómeno, un campeón. Todos campeones, que diría Arenas.

En lo serio, Carlos Herrera en Abc, reflexiona sobre la lapidación digital del catedrático Brugué por darse de baja de la "junta electoral" de Mas: "Posiblemente Brugué esté maldiciendo el momento en el que decidió sumarse a este aquelarre de despropósitos. Su coherencia final le ha permitido descubrir cuál es el monstruo que ha generado el nacionalismo catalán y las pocas escapatorias que tiene su argumentario en un ambiente envilecido y canalla. La pluralidad y esas mariconadas han quedado para debates de casino exquisito, si acaso. Aun así, conviene que los «Brugués» catalanes, por muy independentistas que sean, no piensen que lo mejor tal vez sea largarse y no discutir: el gran favor que pueden hacerle a la sensatez es continuar en sus puestos. Por incómodo que sea".

Derecho a decidir. Al alcalde Trias le gustan los platanos de la Diagonal hasta el punto de que ha decidido (él o alguien muy cercano) que los adoquines nuevos de la Diagonal luzcan un relieve con la característica hoja del platanero. El baldosín es como de baño turco, además de que nada se dice sobre sus particularidades antideslizantes, de modo que todo hace pensar que serán resbaladizos, peligrosos y tendentes a provocar torceduras, una trampa mortal para tacones de más de cinco centímetros y la ruina de las suelas de cuero. Un despropósito mundial al precio de cuarenta (40, sí) euros el metro cuadrado. Ojo, que por ese precio podría poner parqué flotante y nos endilga unas "racholas" con hojas de plátano, que sólo de pensar en que son de plátano ya te vas al suelo. Disparate. Podrían haber preguntado al pueblo soberano, pero no. De eso no. De la independencia sí, pero del color de las paredes ni hablar. Menos mal que es viernes. ¿Cuarenta euros el metro cuadrado de baldosas?

10 de octubre, Tomás de Villanueva, Cerbonio, Claro, Eulampia y Eulampio, Ángel, Paulino, Pinito y Zacarías.

Comentar