El maniqueísmo les encubre...

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Miércoles, 29.10.2014 09:01

Cuando acaben las escaramuzas, para evitar las responsabilidades, a lo mejor los dirigentes de los partidos políticos se den cuenta que ellos también son responsables y es por ello, el porqué de no tomar decisiones que echen de la vida pública a los corruptos, ya que a los amigos, colaboradores sobre los que debería recaer el castigo a lo mejor les ponen colorados.

Desde la transición [la clase política] no ha aprobado leyes que les permitan perseguir a los grandes delincuentes de cuello blanco

Con esta frase quiero resumir la tibieza que en términos generales muestran los partidos políticos tradicionales que han tenido tareas de gobierno, en esta o aquella otra institución pública, a la hora de regenerar la vida política del país. Debe de ser que esta palabra, regeneración, es mágica y parece que sea la pócima para todos los males. Cuidado a ver si de tanto usarla al final tendrá otro sentido como por ejemplo: tapadera, encubrir, pacto desleal etc.

Hoy los dos grandes partidos se apresuran en petit comité a hacer un pacto contra la corrupción, base para la regeneración política, y pretenden llevar al código penal nuevas figuras delictivas como la “financiación ilegal de los partidos políticos” o el “derroche de los fondos públicos”. Claro que también se une a la fiesta el presidente de los jueces con aquello de que tenemos un código penal pensado para quienes roban gallinas, la verdad, este lo aplican de maravilla, así el ciudadano sin recursos se queda atónito con las sentencias ejemplares que recaen sobre enfermos de drogadicción o sobre aquellos que el estado de necesidad les obliga a robar para alimentarse.

Si el Consejo General del Poder judicial fuera ejemplar a lo mejor se merecería nuestro crédito. No tengo muy claro si esta frase es una excusa, o es un no tenemos armas para combatir a los poderosos, o simplemente es un intento de congraciarse con el pueblo. Si esto fuera así estaría mandando un mensaje a la clase política que desde la transición no ha aprobado leyes que les permitan perseguir a los grandes delincuentes de cuello blanco. Señorías, diputados, gobiernos de turno, tomen nota.

Perdonad este inciso. Vamos a eso del pacto anticorrupción. Con independencia de que sea oportuno o no, por estrategia política, lo que hay que analizar es si es necesario. El hecho de que haya más de 1.700 causas abiertas por corrupción, más de 600 imputados y no más de una veintena en la cárcel, según el informe del Consejo del Poder Judicial, podría parecer a la vista de los partidos que la culpa es de no haber hecho un pacto anticorrupción.

¡Hay que tener bemoles! Así que los estatutos de los partidos, que contemplan fórmulas para buscar democráticamente al candidato idóneo para este u aquel puesto, no sé si después de lo visto se debería hacer por sorteo y al margen de cualquier reglamento de los partidos. Tal vez se haga en función de las influencias que tenga el postulante en el entorno de la dirección del partido de turno. Como veis sigo siendo a mis años un ingenuo que hasta casi me avergüenzo de ello. Resulta que aquello de la honestidad contrastada del candidato y la supervisión que deberían hacer las ejecutivas sobre las funciones y gestión de sus hombres-mujeres al frente de responsabilidades públicas es una patraña.

Dicen que el poder corrompe, y parece que para algunos es una máxima inequívoca, máxime cuando dejan dentro de una organización política que algunos se perpetúen en el cargo con todos los parabienes de sus directivas. Visto desde mi perspectiva, hay una responsabilidad por parte de los partidos por no ejercer su vigilancia a la que están obligados. El mero hecho de realizar un pacto anticorrupción no es otra cosa que la asunción de esas responsabilidades “in vigilando”. Claro, a destiempo, como casi siempre.

La supervisión que deberían hacer las ejecutivas sobre las funciones y gestión de sus hombres-mujeres al frente de responsabilidades públicas es una patraña

Nuestro código penal, del año 1995 y que se viene reformando con una asiduidad media de seis meses desde su aprobación, ha dado oportunidades al legislativo, partidos, para la introducción de la modificaciones que se pretenden ahora, que visto desde la reflexión de mi análisis no tienen sentido, ya que por ejemplo la figura delictiva propuesta “derroche de caudales públicos” bien podría aplicarse el delito de “malversación” y si bien es cierto que no existe la figura del delito de “financiación ilegal de partidos políticos”, no es menos cierto que si se investiga la procedencia de ese dinero, seguramente nos encontremos con delitos como blanqueo de capitales, negociaciones prohibidas para funcionarios, administración desleal, tráfico de influencias, delitos fiscales y otros muchos. Por si se quiere recordar, existe la Ley de partidos políticos que dice como se han de financiar estos.

Una vez más estamos ante una cortina de humo que intenta desviar nuestra atención sobre otros problemas sin duda de mayor transcendencia. No digo que esta no sea grave, pero subsanable de inmediato: basta con que echen de sus filas a todos los corruptos y dejen a los tribunales trabajar, eso sí con diligencia, que el patio no está para demoras.

Hoy nos preocupa más un pacto para salir de la crisis, la recuperación del estado del bienestar, así como el modelo de Estado que queremos, que un pacto anticorrupción para ver qué tratamiento le damos a los delincuentes de cuello blanco, y si estos han de dimitir cuando son imputados o cuando se les abra juicio oral.

Repito: nuestro código penal, archi-reformado, tiene suficientes figuras delictivas como para encausar a todos estos delincuentes, y la Ley de enjuiciamiento criminal, tantas garantías como para que no vaya a la cárcel ningún inocente.

Lo que queda por ver es si los partidos políticos afectados asumen sus responsabilidades políticas de una vez por todas y sacan de sus filas a los corruptos.

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Isidro Carpio

Secretario general del Partido Socialista y ex teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Mollet del Vallès (Barcelona) con el PSC.

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