Los de Junqueras plantean que Mas no sea candidato

La "lista unitaria", para unas plebiscitarias, el nuevo frente de batalla de CiU y ERC

ERC plantea -no oficialmente- una lista "de país", quizás no encabezada por Mas, para unas plebiscitarias con declaración unilateral de independencia posterior. CDC responde con apartente entusiasmo a la propuesta de lista unitaria, pero calla sobre su cabeza de lista y matiza sobre la urgencia de una declaración unilateral. Mientras tanto, la ANC y Òmnium no se cruzan de brazos.

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El portavoz de ERC en el Congreso, Alfred Bosch; el portavoz del Gobierno de la Generalidad, Francesc Homs, y la presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, Carme Forcadell
Redacción
Jueves, 16.10.2014 16:45

Las dos principales formaciones del frente secesionista, CiU -especialmente, CDC- y ERC, han acrecentado sus disensiones en las últimas semanas, por sus discrepancias en torno a la manera de abordar el referéndum secesionista del 9N -suspendido por el Constitucional y finalmente abortado-. Unas discrepancias que, no obstante, no han llegado hasta la ruptura. Y este juego de tira y afloja se está reproduciendo de nuevo, ahora en relación al simulacro de consulta planteado por el presidente de la Generalidad, Artur Mas, y sobre todo, en relación a unas posibles elecciones plebiscitarias. El último punto de conflicto, la lista unitaria que pretende Mas, y que ERC no puede rechazar así como así.

Por parte de ERC, el globo sonda lo lanzó ayer el portavoz del partido independentista en el Congreso, Alfred Bosch, cuando dejó caer que esta hipotética lista conjunta de las formaciones independentistas que pretende Mas "igual no tendría que ser una lista encabezada por ningún partido", sino ser una "lista de país", compuesta por representantes de la sociedad civil además de los partidos políticos claramente independentistas. Llegando a añadir que esta candidatura podría estar encabezada por un "independiente". Traducido: que ERC plantea apoyar las pretensiones de Mas si este renuncia a ser candidato.

El planteamiento lo hizo Bosch a título personal, y no el líder máximo de ERC, Oriol Junqueras, ni su 'número dos', Marta Rovira, ni ningún portavoz en nombre del partido. Lo que no deja de ser significativo, y podría interpretarse como que la formación tantea el terreno ante la opinión pública independentista, en un momento en que debe meditar bien cualquier paso, de cara a sus intereses electorales: no puede poner en bandeja la salvación en las urnas a Mas, ahora por detrás en las encuestas, pero tampoco puede aparecer como responsable de dinamitar el "proceso" secesionista.

A la vez, Bosch planteó también otra futurible exigencia de ERC: que, en caso de victoria de esta eventual candidatura unitaria, el Parlamento autonómico proclame inmediatamente la independencia de forma unilateral.

Con este subtexto muy presente, es significativa también la reacción de CDC a las palabras de Bosch. Lejos de negarse -lo que, a su vez, haría aparecer a los 'convergentes' como quien pone palos en las ruedas del proyecto secesionista-, han mostrado entusiasmo ante la propuesta.

CDC recoge el guante de Bosch

Así, el consejero de Presidencia Francesc Homs -y también vicesecretario general de estrategia de CDC, y hablando como tal-, ha declarado este jueves que en su partido están "dispuestos a hacer lo que haga falta para que esto vaya adelante". "No estamos en condiciones de poner condiciones a nadie", ha llegado a confesar.

"Es tan grande lo que tenemos que hacer en este terreno, tan de todos, que sería bueno que los partidos nos pusiéramos un poco al lado, más para ayudar que no para protagonizarlo", ha añadido. Incluso ha coincidido con Bosch en que "lo que nos convendría a todos es que hubiera una lista de país", y no ha descartado que en ella se integren independientes. Eso sí, sin entrar en el espinoso asunto de quién debería encabezar esta hipotética lista.

Posteriormente, el 'número dos' de CDC, Josep Rull, ha coincidido con Homs, aunque añadiendo un 'pero' a los planteamientos de ERC. Rull se ha mostrado en desacuerdo con una inmediata declaración unilateral de independencia tras una hipotética mayoría independentista tras las plebiscitarias. En este sentido, ha puesto el ejemplo de Escocia, dónde los partidarios de la secesión planteaban un periodo de transición de año y medio, en el que deberían negociar con el Gobierno británico.

Aparte de esta objeción, Rull no solo ha estado de acuerdo con la insinuación de ERC -que no propuesta, desde el momento en que no viene de la dirección del partido-, sino que ha instado a la formación de Junqueras a ponerse manos a la obra. "Tenemos que sentarnos, ponernos de acuerdo y llegar a este acuerdo trascendente que puede ser el gran instrumento que nos permita conseguir un país definitivamente libre", ha declarado.

La ANC y Òmnium, el tercer jugador

Y en esta partida de Risk entre CiU y ERC, aparece un tercer jugador. Siguiendo con el paralelismo con este popular juego de estrategia, sería el jugador 'neutral', cuyos ejércitos mueven por turnos los dos contendientes, para sus propios intereses. Solo que, en este caso, el jugador neutral tiene una agenda propia. Y un nada despreciable poder, en forma de influencia en la opinión pública independentista.

Se trata de la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, las dos entidades que organizaron la multitudinaria manifestación independentista de la última Diada, y que, siguiendo su propia hoja de ruta, también plantean ahora una lista unitaria "de partidos y fuerzas sociales", de cara a unas plebiscitarias con posterior declaración unilateral de independencia. Pero añadiendo un nuevo elemento de presión a los partidos: si no se ponen de acuerdo entre ellos, amenazan con crear su propia candidatura al margen.

Y ni tan siquiera la ANC está al margen de las presiones. A pesar de proclamar repetidamente que el suspendido -y abortado- referéndum del 9N era su única opción posible, la entidad tardó apenas unas horas -como ERC y la CUP, por otra parte- en dar su apoyo, aunque fuera a regañadientes, al sucedáneo de consulta de Mas. En todos los casos, la presión es la misma: no dinamitar el proyecto independentista y, al mismo tiempo, no aparecer ante la opinión pública independentista como el culpable de la ruptura.

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