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'El último catalán', entre el partido único o el único programa

Javier Barraycoa publica una novela sobre el desenlace de debate entre la lista de Mas y el programa "común" de Junqueras. Rahola acusa a Joaquim Coll e Ignacio Martín Blanco de forrarse con el viva España.

5 min
Pablo Planas
Domingo, 30.11.2014 11:44

Año 2083. El mundo según Cipolla está abducido por la estupidización y las máquinas controlan el Gobierno, el único que hay. En Cataluña, la aplicación del algoritmo de Mas supuso el fin del sistema de partidos y la implantación definitiva de la cretinización mediática. De ahí a la República Islámica de Cataluña sólo mediaron diecisiete votaciones en tres años y Barcelona se convirtió en la cabeza de puente de una pesadilla a lo 'Blade Runner', la película de Ridley Scott que según la whiskypedia está basada en un libro de Philip K. Dick titulado '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' (1968).

En la Cataluña que viene, las hojas del calendario caen como las de los platanus hispanicus que el doctor Trias ha dado en homenajear en las losetas asesinas de la Diagonal, con un "estampado" más resbaladizo que una alfombra de las susodichas bajo la actual borrasca. Velocidad terminal. El monoplaza de Mas rompe la barrera del sonido, va a toda pastilla y augura el futuro que dibuja Javier Barraycoa en 'El último catalán' (Editorial Stella Maris) diario íntimo de la alucinante vida de un payés de las montañas cuyo gran tesoro y enorme peligro es que tiene memoria y bemoles.

Este último catalán, mohicano en territorio navajo, conservador, decente, hombre de seny hasta que le tocan la rauxa, es hoy un chico de 16 años inmune a la propaganda nacionalista y que comienza a desarrollar peligrosos instintos individualistas como ser del Español con ñ, taurófilo, católico y poco hablador.

El género distópico es carcajeante cuando la realidad inspira la ficción. Hace cinco años, por ejemplo, nadie se hubiera creído que un alcalde socialista en Tarragona fuera a prohibir la exhibición de muñecas vestidas de faralaes y souvenirs taurinos en los comercios de la ciudad. De esta manera, puede que dentro de diez años esté prohibido llevar corbata, cosa que ya pasó en los años treinta del siglo pasado.

El último catalán se llama José Casademunt y es un superviviente, un hombre condenado a las catacumbas, un librepensador hostigado por el contexto circundante, un eremita, un individualista, el tambor del Bruch, un Blas de Lezo irredento, valiente y pesimista. Un derrotado con la razón de su parte, el detentador de un legado que se pierde sin remisión en un país cuya moneda es el 'pujol' y en el que todo comenzó antes incluso de que se obligara a las tiendas a rotular en catalán. Luego vino lo de los comercios amigos de la ANC, con el cartel amarillo y la derrama subsiguiente, después que no abran en domingo y ahora que expongan 'pongos' y cuchufletas patrióticas y esteladas, pero no flamencas y toros. Un país de fusilamientos trabucaires simulados, de uniformes gualdos, de zonas de exclusión, de obligaciones lingüísticas, de multas a los medios que no difunden la propaganda oficial, de boicot a los cavas 'unionistas', de partido único o pensamiento único, dilema y debate en el que andan ahora enzarzados Mas y Junqueras con su lista y su programa.

El futuro según el sociólogo, profesor y escritor Barraycoa es la suma del plan de Mas y las ideas de Pilar Rahola, con unas gotas de salfumán en los colegios, consignas en los medios y apretones en el metro. La afamada columnista de La Vanguardia, miembro del Consejo Asesor para la Transición Nacional (catalana), CATN, solaza este domingo del Señor a sus lectores con el siguiente comentario:

"Si algo sale rentable en estos momentos en Cataluña, tanto en presencia mediática como influencia y etcétera, es precisamente defender la anticonsulta, el viva España y que Mas vaya a chirona. Es el momento de los Nachos, los Colls y el resto de desconocidos, repentinamente reconocidos, en las ágoras públicas, haciendo sonar las trompetas del apocalipsis catalán. ¡Y si eso triunfa en Cataluña, qué no hará en España! Ciertamente, es el gran momento para hacerse un lugar bajo el sol, zurrando el proceso catalán".

Ahí es cuando la novela futurista de Barraycoa, el cumplimiento de las profecías de Nostradamus sobre una Cataluña totalitaria, deja de tener un contexto imaginario para convertirse en una seria advertencia, llena de humor, eso siempre, sobre lo que podría pasar en el caso de que se forme una "lista de país" para levantar un Estado, redactar una constitución y proclamar la indepedencia en 18 meses contados a partir del próximo mes de febrero.

En la ficción crespucular de 'El último catalán' hay más dosis de verdad que en el relato de la realidad de Pilar Rahola. ¿El momento de "los Nachos, los Colls y el resto de desconocidos, repentinamente reconocidos"? "Si algo sale rentable", escribe Rahola, es el viva España. ¿Rentable? Señora, un poco de piedad, por caridad.

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