El empate de dos impotencias

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Sábado, 8.11.2014 12:23

Sea verdad o no que haya habido un pacto expreso entre Rajoy y Mas, al final el 9N va a ser el resultado de dos impotencias. La del independentismo para imponer una consulta o referéndum minimamente creíble, y la del Estado para impedir un sucedáneo que, evidentemente, ha sido organizado por la Generalidad. Mañana por la noche asistiremos a la típica noche electoral. Los promotores de la "cosa" diran que la jornada ha sido un éxito. Que millones de catalanes se han movilizado a favor de la independencia. Los contrarios, que ha sido una "performance" de independentistas sin ningún valor, que otros muchos millones de residentes -no estan llamados a participar los catalanes, sino los residentes en Cataluña- no han participado, y que lo que debe hacer el Govern es convocar elecciones si quiere saber, de verdad, los apoyos que tiene cada opción política. El Gobierno se limitará a decir que la jornada se ha desarrollado sin incidentes importantes -eso espero- y a equipararlo con una manifestación más del independentismo.

Lo que subyace en el fondo es que el independentismo no es viable hoy en Cataluña

Lo que subyace en el fondo es que el independentismo no es viable hoy en Cataluña. Carece de una amplia mayoria social en Cataluña, carece de estructuras de Estado -esencialmente, una Hacienda propia-, y no tiene ninguna opción de reconocimiento internacional. Ni UE, ni ONU.

Pero el Estado carece de la fuerza suficiente para imponer el Estado de derecho con todas sus consecuencias. Rajoy está débil. Las fuerzas constitucionalistas en Cataluña estan divididas y no son una alternativa real de gobierno.

Mañana por la noche, los no secesionistas estarán deprimidos. No se ha impedido la consulta y se verán imágenes de colas ante los "colegios", no digo electorales pero colegios al fin y al cabo, convertidos en lo que son: aulas de adoctrinamiento.

Pero dentro de unos días la depresión pasará al lado de los independentistas que se han creído que la secesión era inminente. La vida seguira igual y el DNI no va a cambiar. Todo esfuerzo inútil genera melancolía.

¿De este empate de impotencias que saldrá? Solo hay dos opciones: las elecciones anticipadas o el pacto de CiU con PSC para mantener la legislatura. A día de hoy, me inclino por esta opción, aunque la situación es tan fluida que todo puede pasar. Sea cual fuera la opción final, ni la cuestión independentista va a desaparecer ni se va a declarar unilateralmente la independencia, porque sería la muerte del independentismo.

El independentismo, más que un objetivo en sí mismo, es una manera de mantener el poder político

El independentismo, más que un objetivo en sí mismo, es una manera de mantener el poder político y la hegemonía social por parte de los partidos nacionalistas. Y esos partidos lo mantendrán en primera línea de su discurso mientras crean que les da réditos electorales.

Y los que no creen en la independencia, lo que deberían hacer es olvidarse de debates a corto plazo. De bailar al son que les marca el independentismo. De hablar de legalidad.

El independentismo se acabará el día en que quede reducido a una opción de los etnicistas. De los que lo son por motivos puramente identitarios. Para que ello ocurra, hay que revertir la propaganda de 40 años. Hay que explicar por qué la secesión ni está justificada ni nos conviene. Y ello exige un esfuerzo sostenido durante muchos años, crear un entramado social no dependiente del poder político de la Generalidad, que nazcan medios de comunicación de ámbito catalán no soberanistas, etc. Es decir, trabajar para contrarestar la ideología dominante en Cataluña. La duda es si los partidos políticos no soberanistas son capaces de trabajar a largo plazo, o eso es pedirles demasiado. La historia no me hace ser optimista sobre la capacidad de los partidos, pero quizás -la esperanza es lo último que se pierde- el verle las orejas al lobo cambie las cosas.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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