Revista de prensa

Reuniones secretas con CiU y un presidente en territorio hostil

Rajoy tendrá que jugar el resto de la partida contra Artur Mas sin apoyos ni medios porque no hay un solo papel, televisión o radio que se abstraiga del parlamentarismo de plató, donde el PP está en minoría.

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Pablo Planas
Domingo, 23.11.2014 12:56

El guión de la política en los medios de comunicación incide en los hábitos de la crónica social y el periodismo deportivo, lo que facilita enormemente las maniobras de individuos como Francisco Nicolás Goméz Iglesias, el pequeño Nicolás. "La situación" se define por su volatilidad, los rasgos efímeros y las estrellas fugaces. En el fragor, todo es flor de un día y hasta Joan Rigol, mandarín espiritual, puede disfrutar de una semana de gloria al sumar sus méritos a los de Pedro Arriola y José Antonio Serrano en el índice onomástico del proceso.

En un principio, el verbo era de Jordi Vilajoana y Jorge Moragas, cuyos cargos no suscitaban ninguna sospecha sobre la consistencia de las negociaciones que podrían abrir o cerrar ambos en nombre de sus señoritos. Moragas y Vilajoana están un peldaño por debajo de Soraya Sáenz de Santamaría y Francesc Homs. No se entendieron. Entre las líneas rojas de Rajoy y las vías de escape de Mas no había tierra de nadie.

Antes y después de eso, Homs presumía de tener entrada en la Zarzuela. Sáenz de Santamaría y la vicepresidenta catalana, Joana Ortega, mantenían muy buenas relaciones y la titular de Fomento, Ana Pastor, acudía a la boda del consejero Santi Vila. En Fonteta, sin ir más lejos, hubo una convención de mediadores de la que muchos de ellos salieron como los colegas de Blas, teorizando sobre el espíritu y los espirituosos de la finca. Y el ministro de Exteriores, García Margallo, aportaba toda su experiencia sobre la base de que tenía buen rollo con Oriol Junqueras de los tiempos de eurodiputado.

Todos hablaban con todos, tejían relaciones, componían alianzas, escrutaban escenarios y calculaban probabilidades. Peones, caballos, alfiles y torres sopesaban (y sopesan) el tablero con la única prevención defensiva de enrocar a sus reyes. Para el maestro de ajedrez Miguel Illescas, el actual revuelo de las piezas de Mas sobre el movimiento del 25 de noviembre, la presentación del calendario político de los próximos meses, podría ser como una salida en tromba de la reina de Magnus Carlsen, un intento de jaque en el último tercio de la justa. Y las piezas de Rajoy están desordenadas y con los flancos al aire.

La crítica política ha sustituido como género periodístico a la crónica social, terreno abonado a la sátira y la exageración, al influjo infausto del síndrome de Münchhausen del tal Nicolás. Es teoría indiscutida que el PP tiene un problema de comunicación. El aserto es fuego amigo y parece sólidamente fundamentado, como si los demás partidos gozaran en la materia de ideas y recursos mejores, que no es precisamente el caso.

El reconocimiento por parte de Rajoy de que había enviado a Arriola a parlamentar con una pieza marginal de la política catalana y una vieja gloria de la fontanería socialista junto a lo de que había que explicarse "mejor" no ayudan a recomponer la partida, pero la redifusión y amplificación de los gazapos del presidente tiene las horas contadas. Eso tan antiguo del tempus fugit ilustra a la perfección las constantes variaciones de la presión atmosférica y las circunstancias celestes.

No hay error que no pueda ser enmendado con otro error. El ritmo es trepidante. Confesiones, evasiones, excursiones a Canarias, tarjetas negras, el niño del PP, el morro de Errejón, la fortuna del minero, los ERE... Así no hay política de comunicación que valga para nada. La escandalera es de tal magnitud que resulta irreconducible a corto plazo. Rajoy tendrá que jugar el resto de la partida sin medios de comunicación porque no hay un solo papel, televisión o radio que pueda abstraerse del efecto del parlamento catódico y el parlamentarismo de plató, donde el PP no existe, salvo para hacer "monágolos" y que se descojonen los guionistas de Wyoming, cuyo "telediario" es el editorial más comentado de España.

No todo está perdido. El envanecimiento de Mas puede llevarle a cometer los mismos fallos de lectura que los que se atribuyen a Rajoy. El "president" está rodeado de fans y sumisos. En el discurso masivo de los medios, el 9N ha sido un éxito de Mas, quien semanas antes estaba kaput, pero las impresiones generalizadas no duran demasiado. En la confrontación del nacionalismo con la realidad se avizoran turbulencias. El idilio de Mas con David Fernàndez es inversamente proporcional a las crecientes sospechas de Quim Arrufat sobre un enjuague entre los capitalistas de ambos lados del puente aéreo. La terminología de las CUP es la que es y le resta credibilidad, pero a nadie se le oculta ya que hay un estado de negociación permanente entre cuatro actores principales: el Ibex 35, el PP, el PSOE y CiU. Reuniones secretas, discretas, cenas privadas y desayunos públicos son algunos de los escenarios del operativo postreferéndum.

El objetivo principal de todos los agentes implicados es sobrevivir a las amenazas de ERC y Podemos, flores cultivadas en el jardín de las audiencias y de la indolencia. Los del Ibex están dispuestos a decapitar a Rajoy o a emparejarlo con Sánchez bajo juramento de dinamitar la Constitución para salvar a Mas de Junqueras y de sí mismo. Así está la partida a estas horas. El próximo martes mueve el "president" y para el viernes está prevista la réplica del presidente en territorio hostil.