Eclosión no secesionista

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Lunes, 15.12.2014 08:28

Entre 2013 y 2014 el panorama político catalán ha visto la multiplicación de iniciativas cívicas contrarias a la secesión de Cataluña. La creciente tensión desencadenada por el independentismo ha hecho reaccionar a muchos ciudadanos que, desde distintas perspectivas y con diferentes sensibilidades sociales y políticas, tienen en común su oposición a la ruptura entre Cataluña y el resto de España. No es que antes no existieran, pero es indudable que en este periodo se ha ampliado notablemente el espectro ideológico de quienes alzan su voz en contra de la pretensión nacionalista de representar a todo el “pueblo catalán”.

La creciente tensión desencadenada por el independentismo ha hecho reaccionar a muchos ciudadanos

Esta reacción puede apreciarse no sólo en la proliferación de manifiestos y nuevas asociaciones. También es apreciable en los estantes de las librerías, en las redes sociales o en los medios de comunicación.

Poco a poco más personas profesionalmente conocidas se van decidiendo a dar el paso de significarse públicamente y romper la espiral de silencio que hemos vivido en Cataluña. Es una tarea difícil pero el acto organizado por Sociedad Civil Catalana para celebrar el día de la Constitución o el de la presentación del manifiesto de la denominada Tercera Vía son pasos en la buena dirección.

Desde luego, las nuevas iniciativas y las que tienen más tiempo de vida no son para nada homogéneas. Van desde la derecha a la izquierda, desde el catalanismo al españolismo, desde los partidarios de reformar la Constitución a los que se oponen, desde los confederales a los recentralizadores, pasando por federalistas y partidarios de mantener el actual modelo autonómico.

Esta diversidad es una consecuencia de la pluralidad de la sociedad catalana. La distancia en términos ideológicos, de orígenes políticos, de sensibilidad cultural es sin duda enorme. Es lógico y coherente que todas ellas presenten sus propuestas ante la sociedad.

Sin embargo, Cataluña vive un momento excepcional. Las mayorías parlamentarias, sus pactos de gobernabilidad con los gobiernos centrales de turno, su control de la educación y de los medios de comunicación y su predominio ideológico han permitido al nacionalismo monopolizar la representación de Cataluña y convertirlo en el interlocutor del Gobierno. A pesar de declarar por activa y por pasiva que su objetivo es la independencia continúan presentando propuestas de negociación que se entienden como pasos intermedios hacia la independencia. La independencia no tiene mayoría social como se puso de manifiesto el 9N. Por ello desde el independentismo más inteligente se buscan salidas que permitan avanzar en lo que se denominan “estructuras de Estado” con la idea de seguir avanzando hacia su objetivo final y dar tiempo a ampliar sus bases sociales.

Desde el independentismo más inteligente se buscan salidas que permitan avanzar en lo que se denominan “estructuras de Estado” con la idea de seguir avanzando hacia su objetivo final y dar tiempo a ampliar sus bases sociales

Frente a ello, los catalanes no nacionalistas deberíamos ser capaces de definir qué Cataluña queremos y cuál debe ser la articulación con el resto de España. Debemos tratar de elaborar una propuesta inclusiva que trate de abarcar el máximo de sensibilidades. No serán todas, pero debemos buscar que sea lo más amplia posible. Y ello pasa, a mi entender, por mejorar y clarificar el funcionamiento del estado autonómico, con las modificaciones que, en su caso, sean necesarias de la Constitución.

Se trataría de garantizar una Cataluña plural, con igualdad entre sus ciudadanos sea cual sea su lengua, con la más amplia autonomía posible dentro del funcionamiento racional del conjunto, clarificando competencias, haciéndola partícipe de la elaboración normativa del estado, una Cataluña que fomente y proteja el catalán pero salvaguardando la historia y la cultura común. Una Cataluña que no se encierre en si misma y mire al resto de España y Europa. Que apueste inequívocamente por ser el bienestar social y la competitividad, sin la cual el bienestar es una utopía. En definitiva una Cataluña de todos los catalanes en un España de todos los españoles, en el marco de la UE. Un reto difícil pero inexcusable si no queremos quedar atrapados en la actual situación de bloqueo que nos empobrece, nos divide, angustia a unos y frustra a otros. En este marco sería también deseable que desde Cataluña se hagan propuestas de ámbito general que ayuden a mejorar el funcionamiento del Estado en su conjunto. No se trata sólo de reivindicar sino de promover una Cataluña mejor para todos sus ciudadanos.

En un año electoral es difícil, por no decir imposible, que los partidos inicien una dinámica en este sentido. Por eso deberíamos hacerlo desde la sociedad civil con la legítima ambición de que madure durante 2015, ayude a cambiar las mayorías en nuestro Parlamento y sea útil a los partidos, después de las elecciones, para alcanzar un gran acuerdo que permita a Cataluña y al conjunto de España salir del impasse actual. Cataluña no será formalmente independiente a medio plazo. Pero si los catalanes no nacionalistas no elaboramos un ambicioso proyecto para Cataluña y España capaz de conseguir una mayoría política, seguiremos siendo ciudadanos de segunda en nuestra tierra.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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