El discurso de Felipe VI liquida una argucia pujolista

El fin de una extraña especulación retórica Corona-Generalidad

El sueño pujolista de una relación medieval y aconstitucional entre la Corona y la Generalidad ya no se sostiene. El discurso del Rey ha acabado con una elucubración reaccionaria y tramposa. La lucha contra la corrupción y la priorización de la Constitución juegan en contra de Mas y del secesionismo.

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El Rey Felipe VI y el presidente de la Generalidad, Artur Mas
Alfons Quintà
Lunes, 29.12.2014 02:00

Cínica y utilitariamente, Jordi Pujol creó el mito de la relación directa entre la Generalidad catalana y la Corona española. Con el reciente discurso navideño del Rey Felipe VI este mito se ha ido a pique. Las trampas y las astucias del pujolismo, que Mas ha intentado conservar, van cayendo uno tras otro. Es un hecho capital e irreversible. Hay un nuevo paradigma.

No improviso. Ni efectúo un equilibrio periodístico interesado. Ni hablo de nada que no conozca muy bien. Afirmo y creo poder probar que Pujol quiso crear una quimérica relación Cataluña-España a partir de una pretendida conexión Corona-Generalidad.

La visión medieval según la cual los territorios son como propiedades del respectivo señor feudal enlaza perfectamente con el ideario reaccionario y primitivo de Pujol primero y de Mas después. Cuando lo piensas, todo cuadra.

Una España carlista o como una Commonwealth

El sueño era muy simple. Pujol quería un Rey de España que fuera como la Reina británica, que es jefe de Estado de países de la Commonwealth, es decir distante y sin poderes reales. Lo que Pujol pretendía era hacer pinza -una de sus especialidades- con el Rey de España, para debilitar al presidente del Gobierno, fuera quien fuera, así como la Constitución.

Siempre he escrito que Pujol tiene un fuerte sustrato carlista, como prueba la huella caciquil que siempre imprimió a su gestión. En el caso de la destrucción de la sanidad pública, este drama retrógrado salta a la vista.

TV3, falseando el discurso de Felipe VI

Todo aquello, con un Rey enérgico y enemigo confeso de la corrupción, ha dejado de ser solo un sueño para convertirse en un delirio. El cambio no ha gustado a Mas. Basta ver cómo la maligna y repugnante TV3 informó del discurso real, al día siguiente.

Tuvieron las santas narices de afirmar que el Rey estaba "tocado" por las derivas de su hermana Cristina pero que no había osado mencionarla. Confío en que algún alma caritativa haga llegar al Rey las grabaciones de los noticiarios de TV3, del día siguiente del discurso real. El Rey entenderá mejor cómo TV3 encarna unos barrotes indignos y anticonstitucionales de la prisión moral e informativa catalana. Creo estar profesionalmente autorizado para escribirlo y ser competente para demostrarlo.

Pujol se quiso zampar Andorra

Pujol ha concebido muchas jugadas medievales o carlistas de este tipo, es decir, de entendimiento aconstitucional o preconstitucional con el Rey y con el Estado. Por poner un ejemplo, pidió al obispo Joan Martí Alanis (copríncipe de Andorra de 1971 a 2003) que renunciase a este cargo político en su beneficio. Lo revelé en la prensa.

Incluso hice un poco más. Pedí ayuda al padre Josep Liñán, escolapio, muy amigo mío y compañero de seminario del obispo citado, así como provincial de su orden aquí durante años y después en Cuba, para que me dijera qué pensaba el obispo de la solicitud interesada de Pujol.

El obispo le dijo al padre Liñán, con ironía campesina y vaticana, que "me parece que no recibiré nunca más a Pujol". En todo caso, el obispo Martí se murió siendo copríncipe. Ahora, retrospectivamente, se entiende mejor el gran interés de Pujol por ser copríncipe de aquel paraíso fiscal, bien conocido y mal usado por la familia Pujol. Sólo hubiera faltado eso.

Editorial exponiendo la visión pujolista

Ahora bien, la primera vez que tuve un elemento de prueba de que Pujol buscaba una peculiar entendimiento con la Corona fue a inicios de los años setenta, cuando el entonces Príncipe de España vino, por primera vez en esta condición, en Barcelona. Yo trabajaba en el diario Tele/eXprés que publicó un editorial, entonces sorprendente, refiriéndose a la necesidad de una relación Cataluña-España a través del futuro Rey.

El autor de ese editorial fue el director del diario, un pujolista radical. Él mismo me explicó el sentido de esa posición. Le pregunté si Jordi Pujol, que entonces sólo era un banquero, estaría de acuerdo. Me respondió: "Por supuesto", riendo. Seguro que lo había consultado o que obraba por indicación de Jordi Pujol.

Escribiendo al Rey sobre la obra de Dalí

Viví muchas pequeñas pruebas. Una significativa fue cuando Pujol me pidió con urgencia que la fuera a ver, a mediados de julio de 1981. Me recibió a solas, una mañana, y largamente en su despacho. Me enseñó el original de una carta suya al Rey. Le pedía que mediara a favor de que la mayor parte de la obra de Dalí se quedara en Cataluña, cuando Dalí se muriera.

Me pidió que defendiera esa idea. Lo hizo porque meses antes yo había descubierto una compleja trama en torno a Dalí, en buena parte centrada en su entonces secretario, Enric Sabater. Mi primer artículo, realmente muy sonado, había ocupado dos páginas enteras de El País, diario del que entonces yo era delegado en Cataluña.

Encuentro con Jordi Pujol

Recuerdo que la carta de Pujol al Rey estaba fechada el 18 de julio de 1981, un día fácil de recordar por razones históricas. El encuentro entre Pujol y yo quizá fue ese día, o un día antes o después. Pujol me pidió reserva. Al preguntarle, me dijo que solía escribir a menudo a Juan Carlos I. No hice demasiado caso a lo que me pidió porque Pujol también tenía una estrecha relación con una trama concreta y muy impresentable, construida alrededor de Sabater.

Tampoco le dije que el entonces director general de Bellas Artes, Xavier Tusell, de UCD, me había pedido días antes, comiendo en un restaurante en la Castellana de Madrid, exactamente lo contrario que Pujol. Tampoco expliqué nada. Periodísticamente, me interesaba más, y así lo expusieron los muchos artículos que escribí, las falsificaciones, las tramas financieras y otras irregularidades, realmente surrealistas. Todo se puede comprobar en internet.

"Tres patas": la Corona, Godó y Prenafeta

Años después, a mediados de los años 80, Lluís Prenafeta, que todavía era secretario general de la Generalidad y el hombre más poderoso de la misma, después de Pujol, me ofreció crear un nuevo diario. Me dijo que empresarialmente habría "tres patas": Javier Godó, como jefe del Grupo Godó, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a quien puso la etiqueta de hombre del Rey, y un grupo de empresarios catalanes que él lideraría.

Los tres mencionados y yo mismo comimos en la terraza del Hotel Ritz de Madrid. Lo expliqué con detalle en un artículo publicado en El Debat el 13 de noviembre de 2012. Finalmente la cosa no fue de esa manera, pero quedó claro que la relación entre Prado y Prenafeta era intensa. El representante del grupo empresarial de Prado en Cataluña era Carles Vilarrubí, destacado miembro de CDC y muy buen amigo de hijos de Pujol.

El actual Rey y el aventurero Mas

El complejo sueño pujolista de una extraña y privilegiada relación entre Cataluña y España se ha derrumbado. No tengo ninguna duda de que el actual Rey lo tiene muy claro. Como tiene claro que no hay otra solución institucional que no sea liquidar políticamente al aventurero Mas, heredero político de Pujol, y elegido por éste. A la vez, hay que acabar con la tontería secesionista.

Felipe VI tiene un elemento de juicio directo y personal. Fue el viaje en AVE que efectuó con Mas y Rajoy para inaugurar la llegada del AVE a Gerona, el 8 de enero de 2013.

Mas, sin querer hablar de nada con Rajoy

El Rey constató que Mas no quiso hablar de nada con Rajoy pese a que este quería ofrecer el blindaje de las competencias en educación a favor de la Generalidad y un plan escalonado de eliminación radical del déficit fiscal catalán. Rajoy llevaba un papel en el bolsillo que no pudo entregar a Mas. Solo yo lo expuse. Los otros medios lo callaron. Aquí la cosa así. El Rey lo pudo constatar.

En realidad, Felipe VI ha pasado otro Rubicón, afortunadamente. Él no parece tener la agradable ironía, divertida pero no siempre útil, de su padre, ni de su abuelo, a los que tuve el placer de conocer. Ahora hay un trabajo muy serio que hacer y Mas encarna una gran e irrecuperable estorbo.

En todo caso, las palabras del Rey Felipe VI, el tono serio y equilibrado en que las expresó, la impresentable y falsaria reacción de TV3 son datos que tendrán efecto. La cosa esta del secesionismo ya hacía aguas. Ahora las hará más y más rápidamente. Habrá que estar bien atento.

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