El Rey salva su primer discurso navideño con aprobado alto

Corrupción, crisis y Cataluña marcan la agenda de buenos propósitos. El País reprocha a Felipe VI que no citara a su hermana Cristina. La Vanguardia vuelve a la senda del monarquismo. Belén y el Estado Islámico.

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Pablo Planas
Jueves, 25.12.2014 12:09

Felipe VI copa todas las portadas. En Madrid, donde cierran los quioscos, las ediciones digitales perfilan el discurso del nuevo monarca por la vía de la corrupción y la crisis. El Rey enmienda la plana al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y alerta sobre las dificultades de la crisis, los años de miseria y el Estado del bienestar. También exige honradez en los cargos públicos y un reencuentro emocional con Cataluña. Fue un discurso bien trabado y bien trabajado, seguramente ensayado durante horas ante el espejo a las órdenes de la Reina.

En líneas generales se acentúa en positivo el mensaje. En La Vanguardia titulan: "El Rey pide el reencuentro emocional con Cataluña". En El Periódico, "Los desencuentros no se resuelven con rupturas". En El País, "El Rey denuncia la corrupción y defiende el Estado del bienestar". En El Mundo, entusiasmado titular: "El Rey regenerador: debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción". En el Abc, más austeros, titulan que "Un cargo público no puede ser un medio para enriquecerse". Y en La Razón, "Debemos cortar la corrupciónde raíz y sin contemplaciones".

Fuera de la ortodoxia monárquica se emplazan el Ara y El Punt Avui. Para el primero, el primer mensaje navideño de Felipe VI es un sumario con el título "El Rey ve riesgo de fractura emocional con Cataluña"; el segundo tira por lo directo: "Rey nuevo, discurso viejo".

En seis meses, el Rey ejerce con desenvoltura y con un argumentario político que sorprende por su claridad, aunque se evitó el trago de mentar a su hermana. Aún así, el papel despliega los buenos propósitos de la Corona en un escenario en el que la familia real se limita a las hijas y los abuelos, esto es, Juan Carlos y Doña Sofía. Las infantas están fuera, ya no hay cuñados tarambanas que puedan perturbar la imagen de la Casa. La decoración es otra, con muchas plantas rojas, el sofá rojo, la alfombra tirando a ese color. Sólo la corbata era azul en un marco con tres planos posibles, el primero, el medio y el general, combinados para agilizar la realización y darle un toque Letizia a las formas.

En el fondo, no todo son halagos. Ahí está el editorial de El País: "Buen discurso, pero...". En el texto, el reproche: "Tres preocupaciones colectivas subrayadas: la corrupción política, la crisis económica y Cataluña. Respecto a la corrupción, contundencia: "Necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva. Y en esa tarea, la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable”. No hubo referencia específica al procesamiento de su hermana, la Infanta Cristina. Unas palabras en este apartado al procesamiento de su hermana, que no es un problema familiar sino un serio percance para la Corona y una grave preocupación para España, hubieran hecho su intervención mucho más convincente".

La Vanguardia, en cambio, no encuentra peros a la intervención y editorializa así sobre el capítulo catalán: "Felipe VI habló de 'la situación que se vive actualmente en Cataluña'. Directo y sin rodeos. El jefe del Estado empleó un tono constructivo en favor de la unidad, el respeto a la Constitución y la mutua comprensión. El Rey puso énfasis en la dimensión emocional del problema. 'Hagamos todos un esfuerzo leal y sincero y reencontrémonos en lo que nunca deberíamos perder: los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos'. Los 'afectos mutuos', he ahí una interesante apelación. Desde luego en Cataluña hay que tomar nota. Pero también habrán de tomar nota todos aquellos personajes políticos ymediáticos de la noria española que estos últimos años han creído que podían sacar fácil provecho de la dialéctica de la tensión. A esos sectores, el Rey, educadamente, les dice basta. Un discurso navideño claro, conciso y constructivo en favor de la ilusión, la confianza y la esperanza colectiva. Un buen discurso".

Leer periódicos el día de Navidad es una gimnasia ideal para reducir los efectos de la Nochebuena. La colección de desastres empieza con el piloto jordano capturado por los terroristas del Esado Islámico. Continúa con la muerte a tiros de otros joven negro en Estados Unidos. Y suaviza sus contornos con el décimo aniversario del tsunami que destrozó Indonesia y Tailandia. En esa crónica del mundo destaca una pieza de Plàcid García-Planas en La Vanguardia que se titula "La última Navidad" y empieza así: "El Estado Islámico se ha colado en el portal de Belén. Por primera vez en dos mil años, nadie en la llanura de Nínive celebrará la Navidad. Por primera vez en dos mil años, no queda ni un cristiano. Once poblaciones. Más de treinta mil familias. Era la mayor concentración de cristianos que quedaba en Iraq y desapareció el pasado verano. Las fuerzas kurdas que controlaban la llanura se largaron un día hacia el este, hacia Irbil, y los cristianos, aterrados, metieron lo que pudieron en sus coches y corrieron detrás. Llegaba el Estado Islámico".

Continúa la información: "'Lo último que nos han dinamitado, hace tres semanas, es el convento de las Hermanas del Sagrado Corazón de Mosul', explica el padre Behnam Benoka. Los cristianos de Nínive dan por terminados sus veinte siglos de existencia. Asirios todos, herederos de Mesopotamia: caldeocatólicos, sirio-católicos y sus variantes ortodoxas. Saben que no regresarán. 'Ya no tenemos a nadie con quien convivir. ¿Con quién podemos hacerlo? La historia del cristianismo en Nínive se ha cerrado', dice el sacerdote. Primero fueron los shabak, la minoría chií de la llanura. Con el apoyo del Gobierno chií de Bagdad presionaron a los cristianos para que empezaran a marcharse. Políticamente. Luego llegó el Estado Islámico. Crucificando".

25 de diciembre, Nuestra Señora del Belén y Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Anastasia, Proto y Yocinto.