En respuesta a Libres e Iguales

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Lunes, 8.12.2014 10:06

Este domingo se publicó en El País, bajo el título 'La España constituida', un artículo firmado por Cayetana Alvarez de Toledo, Félix de Azúa, Nicolás Redondo Terreros, Fernando Savater, Andrés Trapiello y Mario Vargas Llosa, fundadores de Libres e Iguales. Comparto su idea de que España no puede ni debe vivir una Transición permanente, y que no se trata de iniciar un nuevo proceso constituyente. Pero discrepo de su aversión a las reformas y de su concepto de igualdad.

España tiene hoy dos problemas políticos prioritarios: la desafección y el nacionalismo periférico. Ambos no pueden ser tratados, solo, como males que hay que combatir de forma ordinaria

Antes de entrar en materia, una reflexión preliminar. Considero la Transición modélica salvo en una cuestión: los símbolos y, más concretamente , la bandera. Para muchos españoles nuestra bandera es sentida como la bandera de los vencedores de la Guerra Civil. Se podrá criticar este sentimiento, calificarlo como se quiera, pero es una realidad innegable. Será un sentimiento irracional, pero como tal sigue vivo en muchos españoles que no reniegan de serlo. No se trata de reivindicar la bandera republicana pero podía haberse hecho mucho más para que todos nos sintiéramos más cómodos con los símbolos patrios. Seguramente algunos de los males que denuncian en su articulo se habrían evitado.

España tiene hoy dos problemas políticos prioritarios: la desafección y el nacionalismo periférico. Ambos no pueden ser tratados, solo, como males que hay que combatir de forma ordinaria. Se ha llegado demasiado lejos. Desde luego, la culpa no es de la Constitución. La culpa es de los gobiernos que no los han afrontado cuando debían y han dejado que la situación se pudra. Pero la reforma de la Constitución, con objetivos claros y concretos, es quizás el único método de cambiar la dinámica política actual. No es una varita mágica, pero no afrontar determinados cambios solo profundizará la crisis política que vive el país. En todo caso, muchas cuestiones pueden resolverse con leyes ordinarias o simplemente con cambios de actitud, pero para afrontar otras y, sobre todo, para cambiar la dinámica política hace falta generar ilusión y transmitir la convicción de que no se adoptan meras medidas cosméticas.

Hoy no creo que nadie ponga en duda el gran acierto que para la estabilidad política española ha significado el relevo en la Jefatura del Estado. Antes de afrontarse, muchos aducían en su contra argumentos parecidos a los que se plantean en contra de una reforma constitucional.

Ni el relevo de Juan Carlos I pone en duda su figura histórica, ni reformar la Constitución significa empezar de cero. Al contrario, el relevo ha reforzado la Monarquía y, si se acierta en las reformas y se alcanza el necesario consenso, los cambios en la Constitución la harán perdurar y reforzarán el régimen constitucional nacido en 1978.

Entrando en temas concretos, a día de hoy es inexcusable reformar la Constitución para mejorar el sistema electoral. El principio de que cada voto vale igual es inexcusable. La urgencia de que los políticos tengan un mayor vínculo con los electores y de que los partidos sean más permeables, también. Implantar un sistema electoral parecido al alemán sería, a mi parecer, y al de muchos expertos, una buena solución. No es un cambio radical pero corrige algunas de las deficiencias más evidentes de nuestro sistema. Ya sé que los sistemas electorales tienen todos sus virtudes y defectos. Pero hoy nuestro sistema está agotado. Y hay que renovarlo.

El otro gran tema es el territorial. No se trata de contentar a los nacionalistas, no porque no quiera, sino porque es imposible. Pero es evidente que, llegados donde estamos, se trata de conseguir dos objetivos: que el sistema funcione mejor y que el secesionismo quede reducido a su vertiente étnico-identitaria. Y, para ello, hay muchas cosas que hacer, y algunas requieren una reforma constitucional.

Es evidente que, llegados donde estamos, se trata de conseguir dos objetivos: que el sistema funcione mejor y que el secesionismo quede reducido a su vertiente étnico-identitaria

Dicen los autores del artículo que la denominada tercera vía -coincido con ellos que, si no se concreta, no significa nada- dejaría al Estado sin presencia en algunas CCAA. El problema es que el Estado en Cataluña ya ha dejado de estar presente y solo aparece para lo malo: aumentar impuestos y recurrir leyes, algunas justificadamente, otras, a mi parecer, no.

España está en la UE y la unidad de mercado queda perfectamente protegida por su legislación. ¿Qué daño produce a la unidad de mercado que en Cataluña los comercios abran menos horas en festivo? ¿Qué problema hay en que en una Comunidad quiera protegerse más al pequeño comercio, si los electores así lo deciden? A mi entender ninguno. Igualdad no es uniformidad.

Nadie duda de que EEUU tenga una elevada conciencia nacional. Pues bien, las diferencias entre Estados en temas como los derechos civiles, el uso de armas, o incluso la pena de muerte son notorias. Incluso existen diferencias impositivas a nivel local.

Preservar la unidad de mercado no exige uniformidad total.

En cambio, sí creo que en materia educativa y de lenguas hay mucho que corregir. El Estado debe garantizar unos minimos curriculares en materias sensibles en la formación de una base cultural e histórica común. Historia, literatura, geografía... deben dejar de ser instrumentos de adoctrinamiento independentista. El Estado debe garantizar la presencia de la lengua común en la enseñanza y en la administración pública. Y no es suficiente con los pronunciamientos de los tribunales porque vemos cada día que no se cumplen. Los castellanohablantes no pueden ser ciudadanos de segunda en Cataluña. Pero tambien el catalán y las otras lenguas cooficiales deberían tener un mayor reconocimiento a nivel estatal, y las CCAA deberían estar mucho más presentes en la elaboración de normas estatales y en los organismos públicos de carácter general. No se puede dar armas a desleales pero hay que dar la maxima participación posible a quien quiere participar lealmente en el gobierno de todos.

En conclusión, no se trata de volver a empezar pero sí de dar un nuevo impulso, corregir defectos, implicar a las nuevas generaciones en nuestra ley de leyes y superar el clima general de pesimismo creando una nueva ilusión colectiva.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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