Entrevista a Javier Barraycoa

Javier Barraycoa: "El nacionalismo es una religión secularizada"

El profesor universitario y escritor Javier Barraycoa (Barcelona, 1963) acaba de lanzar una nueva novela, 'El último catalán' (Editorial Estella Maris), una sátira distópica que traslada al lector a una hipotética futura Cataluña independiente. El doctor en filosofía explica a CRÓNICA GLOBAL las principales motivaciones que le han llevado a escribirla.

10 min
El profesor universitario y escritor Javier Barraycoa
Sergio Fidalgo
Viernes, 2.01.2015 04:01

El protagonista de 'El último catalán' es un catalán que se siente español y ama el castellano. ¿No es demasiado políticamente incorrecto para la actualidad?

Bueno, el protagonista es un viejo payés de los Pirineos que de mozo pasó por el seminario de Barcelona y, decepcionado, huyó al de Toledo. Para él no hay fronteras sino ansia de conocer y amar. Su experiencia castellana le abre alma no se la cierra. Podría decirse que es la vida de un hombre sencillo que se encuentra en un mundo destrozado los la casta política nacionalista. Se encuentra en una Cataluña independiente “descatalanizada” donde parece no tener lugar ni él ni su familia.

"¡Cuántas veces la virtud extrema esconde un alma muerta!". Esta frase alude a un todopoderoso ministro de la Cataluña independiente. ¿A quién se la aplicaría en la Cataluña actual?

Se podría aplicar a toda la casta nacionalista. Siempre, los representantes de ideologías falsas deben compensar su carencia de razones con una apariencia de “superioridad moral” sobre sus enemigos. Ya a Robespierre, uno de los mayores asesinos de la historia, le llamaban el “incorruptible”. Nuestro protagonista fuma, bebe y come chorizo cuando todo esto ya lo han prohibido en la Cataluña independiente. El “puritanismo” es una de las manifestaciones de querer presentar una ideología arcaica, el nacionalismo, como algo ultramoderno.

En la obra habla del papel de la jerarquía de la Iglesia Católica. ¿Cree que ha colaborado en el avance del independentismo en la sociedad catalana?

En la novela surgen curas santos y sencillos, otros un poco atontados y otros que confunden el nacionalismo con la “religión verdadera”. En la realidad, por desgracia, hemos de reconocer que de estos últimos hay demasiados en Cataluña. En la medida que algunos eclesiásticos, especialmente con cargos relevantes, han decidido que la política es más importante que la religión, han abierto de par en par las puertas al nacionalismo. No podemos olvidar que el nacionalismo es una religión secularizada.

Por cierto, hay una referencia muy ‘española’ al monasterio ‘patriótico-catalán’ de Montserrat, que no es conocida por el gran público. ¿Nos la podría detallar?

Bueno, casi nadie sabe que el Monasterio de Montserrat desde los Reyes católicos, durante cuatro siglos dependió del Monasterio de Benedictinos de Valladolid. Durante ese tiempo una parte muy importante de monjes y abades fueron castellanos. Tras las desamortizaciones del siglo XIX, la Abadía quedó desolada. Entonces pasó a depender -y aún hoy es así- de una Abadía italiana. Hasta los independentistas de Montserrat dependen de otro monasterio.

Artur Mas, Oriol Junqueras, los Pujol salen mencionados. Pero no recuerdo a Joan Herrera. ¿Descuido nuestro o suyo?

Joan Herrera tuvo sus días de gloria, pero ya han acabado. En los próximos meses o ciclos electorales ICV sufrirá el vértigo de la desaparición. Podemos le arrebatará un espacio político vital para su supervivencia. No creo que a Herrera le pudiera quedar un papel relevante en una Cataluña independiente. Vamos a vivir un terremoto político y muchos van a caer. De hecho en la novela a Junqueras se le denomina “el Breve”. Muchos que en la historia iniciaron procesos políticos de envergadura fueron devorados por los mismos.

En un pasaje de la obra el protagonista asegura que: "No hay que dialogar con el maligno". ¿Quién sería el maligno en la Cataluña del 2015?

En su momento fue Pujol, engañó “dialogando” a todo el mundo, a gobiernos centrales, a empresarios, a catalanistas no independentistas. Ahora le toca a Artur Mas. Lo más terrible es que Mas no cree en el independentismo. No hay nada peor que intentar dialogar con alguien que ni siquiera cree en las tesis que defiende. Sólo hay una cosa peor que engañar a millones de personas, es engañarse a sí mismo.

Su descripción de la futura República Catalana es casi una distopía, una sociedad opresiva y agobiante, sin casi libertades individuales, muy alejada de la que nos venden Carme Forcadell y Muriel Casals. ¿Ve así a una hipotética Cataluña independiente?

Basta con leer la historia. Todo proceso de ruptura o grave crisis política pasa por fases de control social, de sospecha continuada, normativizaciones de la realidad. Lo más trágico de una Cataluña independiente sería la purga no sólo de los no nacionalistas, sino especialmente entre los propios nacionalistas. Un partido burgués como CiU tendría los días contados en una república independiente, sería devorado por los partidos radicales.

¿Se ha inspirado en el ‘1984’ de Orwell?

Sin lugar a dudas la novela es una distopía estilo Orwell, pero también bebe de otras. La gran diferencia es que toda ella está escrita en clave de humor. El lector no parará de reírse, aunque entre risa y sonrisa uno encuentra reflexiones y no le queda más remedio que pensar en cómo sería realmente esa Arcadia que nos proponen unos descerebrados.

En el libro se intuye que usted tiene querencia por las tradiciones. ¿Cree que en la Cataluña de Artur Mas se respetan, o se reinventan?

El nacionalismo se cobija en falsas tradiciones. Ningún nacionalista sería capaz de vivir en una Cataluña tradicional como la de nuestros bisabuelos. Su defensa de la historia y las tradiciones solo se sostiene en la medida que falsean la historia. Las “tradiciones inventadas” como instrumentos de legitimación política es un tema que ya trató magistralmente Eric Hobsbawm.

Una de las constantes en la trama de la novela es el papel preponderante de los musulmanes en la Cataluña del futuro, y su relación con los independentistas. ¿Ficción o realidad?

Me remito a lo que dijo el cirujano Sami Karray, militante tunecino del laicismo político, del feminismo y de la democracia, cuando hace unas semanas dictó una conferencia en la Casa de Cultura de Gerona sobre islam e islamismo. Para sorpresa de los asistentes, dijo: “Los catalanes lo pagaréis muy caro. [...] Os empeñáis en hablar de tolerancia y de derechos humanos a los que no quiere oír hablar de tolerancia ni de derechos humanos”.

Lo de la prohibición de comer chorizo y embutidos en general, díganos que no va en serio...

Si hace veinte años me hubieran dicho que se iba a prohibir fumar en determinados lugares no me lo hubiera creído, tampoco la prohibición de los toros, y tantas prohibiciones que nos han caído encima en los últimos años. Antes hablábamos del puritanismo... todo es posible. En la novela la prohibición del chorizo es como pago político a los musulmanes gracias a los cuales se ha conseguido la independencia.

Su preocupación por el nivel de la educación es uno de los temas principales de esta obra. ¿Cómo definiría el sistema de enseñanza catalán actual?

En treinta años, los catalanes hemos pasado de ser uno de los pueblos de España con un nivel educativo más alto, junto a las Vascongadas, a tener un verdadero desastre de sistema educativo. Todo ello se debe a varios motivos: politización de la educación, entrega de la misma a las tesis de pedagogos que nunca han pisado un aula, endogamia provocada por la transferencia de competencias, que impide la circulación de los mejores maestros por el todo el Estado.

Sin desvelar el papel que le otorga usted a Andorra en la trama, ¿por qué cree que hay tanta querencia por este pequeño país entre algunos ‘padres de la patria’ catalana?

Andorra tiene el tamaño ideal para mantener relaciones informales. Todo el mundo se conoce, todo el mundo se protege. A los Pujol no les costó mucho encontrar testaferros y defensores. Andorra es una Arcadia en la que sueñan muchos independentistas.

Para José Casademunt, el protagonista, un catalán que ama España, Barcelona es ‘Babilonia’. ¿No lo es también para cierto independentismo de base rural? ¿O considera que Barcelona ya se ha perdido para la causa española?

Es indudable que sociológicamente, desde el siglo XIX, Cataluña ha quedado fracturada entre la Cataluña profunda y rural y la costera e industrial. Barcelona siempre ha representado esa Barcelona cosmopolita y antitradicional. El gran éxito del catalanismo fue que los “vigatans”, la gente de la Cataluña interior, impulsó el movimiento de la Renaixença. Creyeron que llevaban la tradición a la Barcelona ‘pecadora’, pero Barcelona transformó el catalanismo en nacionalismo. Barcelona no es de nadie y es de todos. Nunca se entregará al nacionalismo y nunca se entregará al españolismo. Es evidente que Barcelona y su cinturón decidirán el futuro de Cataluña.

Su obra, que pretende ser una sátira de la Cataluña oficial, tiene momentos de notable comicidad. Pero al final también causa cierto desasosiego ante un panorama que, por muy esperpéntico, no deja de ser descorazonador. ¿Pretendía solo hacer reír o buscaba algo más?

Creo que la novela acaba con una gran sorpresa y mucha esperanza. Lo que ocurre es que en la historia real, las cosas no van al ritmo que muchos deseamos. El humor es el instrumento más eficaz contra los totalitarismos que te han arrebatado la posibilidad de argumentar o te han expulsado del espacio público. En este caso el humor es para hacer reflexionar y para desdramatizar el secesionismo. Los nacionalistas han hecho del drama su principal arma emocional y ello se ha de combatir con humor.

¿’Som a temps’ de revertir el desafío independentista?

El independentismo solo representa un desafío porque le dejamos desafiar. Creo que es mucho más débil de lo que aparenta ser. Otra cosa es que cuente con instrumentos poderosísimos, pero la casta nacionalista carece de personalidad política. En breve irrumpirán nuevas fuerzas políticas que lo desestabilizarán todo, incluyendo al propio nacionalismo omnipresente. Por supuesto que 'som a temps', somos muchos los catalanes que no estamos dispuestos a soportar un totalitarismo nacionalista. Lo que debemos hacer es organizarnos y eso ya lo hemos empezado a hacer.