Revista de prensa

¿Todos somos Charlie Hebdo y nadie es Ahmed Merabet?

Merabet era el policía rematado en el suelo por uno de los hermanos Kouachi. Portadas integrales sobre la matanza en el semanario satírico francés. La herencia de Pujol no encaja y Bartomeu sí convoca elecciones.

13 min
Pablo Planas
Jueves, 8.01.2015 11:12

Es fácil a toro pasado advertir la discriminación entre las víctimas. Los frames del tiro de "gracia" a un gendarme desvelan la determinación de los asesinos, la aparente facilidad con la que siegan una vida, tajan un cuello y rematan al infiel. ¿Infiel? Ahmed Merabet es el nombre de uno de los dos policías asesinados ayer, el que yace en el suelo. Cabe inferir de su nombre como mínimo que sus ancestros eran magrebíes, tal vez de Marruecos o de Argelia, como Saïd y Chérif Kouachi, los terroristas.

La matanza del consejo de redacción en pleno de Charlie Hebdo estremece a la prensa mundial hasta el punto de que periódicos tan dispares como La Razón o el Ara coinciden en el titular "Todos somos Charlie", que se extiende como una consigna. Destacan las siguientes columnas de opinión en la prensa de España.

Gabriel Albiac, en Abc, quien afirma que "Europa será musulmana en un par de generaciones":

"Nadie en Europa quiere afrontar que es una guerra. Es una guerra. Que se gana o se pierde. Ninguna guerra acaba en tablas. Europa, de momento, pierde. El islam gana. Porque Europa prefiere dejarse matar a dar batalla. Tal vez, sencillamente, Europa ha muerto. Murió hace mucho. Y los soldados de Alá se limitan a dar tiros de gracia. A quemarropa. Era 1973. En mi cuarto de estudiante, un solo adorno. Con cuatro chinchetas. La portada de Charlie Hebdo tras las elecciones: Les français ont voté comme des cons, «los franceses han votado como gilipollas». Puede que la firmara Cabu. No estoy seguro, ¡hace ya tanto...! Cabu está muerto. Lo remató ayer sobre el suelo, a quemarropa, un fiel de Alá. Están muertos otros once redactores. Ametrallados, primero. Luego, tiro en la nuca. Y una proclama al inicio y al final de la carnicería: Allahu Akbar. ¡Alá es grande! «Hemos vengado al Profeta. Hemos matado a Charlie Hebdo». Pensar que nunca más veré una nueva viñeta de Wolinski me hace entender que mi mundo ha muerto. Y no odio tanto a los asesinos islámicos cuanto a los estúpidos políticos europeos que han tolerado llegar a esto. Europa será musulmana en un par de generaciones. Por fortuna, yo ya no estaré en este jodido mundo para verlo".

Hermann Tertsch, también en Abc:

"No es un capítulo de guerra entre civilizaciones la matanza de ayer en París. Sino un ataque de los bárbaros contra la civilización. Lo más preciado en la civilización son la vida y la palabra. Y a matarlas a ambas llegaron a la redacción de «Charlie Hebdo». En la manera más brutal de recordar que nos quieren dominar, de reclamar su derecho sobre nuestras vidas, de decir que debemos callar porque ellos lo mandan. Han castigado al desobediente. Al que publicó las caricaturas de Alá en valiente solidaridad con un diario danés, «Jyllands Posten». (...) Lección consumada. Los cobardes están vivos. Los valientes están muertos. Está muerto el director Stéphane Charbonnier, «Charb», que tenía escolta desde 2011. «Charb» y sus colegas caricaturizaban con brutal crueldad a Papas, rabinos e imanes, dioses, cristos, santos y demás. Pero la escolta solo se debía a los dibujos de una religión. Él y sus colegas no tenían fobia especial al islam. Atacaban a todas las religiones. Pero nadie entre miles de millones que profesan las otras los amenazó".

Arcadi Espada, en El Mundo, recurre a la hemeroteca para contextualizar el atentado:

"El expresidente Zapatero estuvo ayer en la puerta de la embajada de Francia en Madrid. Bien hecho. El expresidente se mostró conmovido por la matanza de Charlie Hebdo. Siempre es un buen momento para mostrar solidaridad. Pero a mí, debo confesarles, las palabras del expresidente me supieron a poco. No hubiera sobrado, todo lo contrario, que hubiera dicho algo parecido a aquello que escribió en el año 2006, en un artículo firmado al alimón con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y publicado en el International Herald Tribune, y que mi lector Antonio Donaire tiene a bien recordarme en esta tarde de odio, en que han matado a Wolinski, aquel tierno y desvergonzado Wolinski de las francesitas desnudas y del amour tout le temps. Este párrafo de Zapatero, tan mesurado, qué bien habría ido: «La libertad de expresión es una de las piedras angulares de nuestros sistemas democráticos y nunca vamos a renunciar a ella. Ahora bien, no existen derechos sin responsabilidad y sin respeto por las sensibilidades diferentes. La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político». Ahora bien, dice. Moral y político, dice. Nada distinto, por cierto, de lo que añadió el Consejo del Culto Musulmán de París después de condenar el atentado que destruyó en el año 2011 la redacción de Charlie Hebdo: «Sin embargo, los musulmanes consideran una ofensa hacer una caricatura del profeta»".

En el mismo diario, Raúl del Pozo habla de la guerra del siglo XXI, la del 11 de septiembre de 2001:

"Los monoteístas nunca tuvieron sentido del humor. Ayer los yihadistas atacaron la revista satírica CharlieHebdo, atacaron París, como antes habían atacado Nueva York, Londres o Madrid. Asaltaron el corazón de la Ciudad de la luz, donde las buhardillas de techos rojos son cobijo de lujuria para todos los amantes del mundo. Ya lo dijo Hemingway, si tienes la suerte de haber conocido París de joven, París siempre te acompañará y te dolerán sus desgracias. En una Europa que mira al ombligo de su parqué, como si hubiéramos olvidado que la última guerra estalló el 11 de septiembre del 2001 en el asalto al Pentágono. El Pentágono, una fortaleza que hubiera dado miedo a Genghis Khan, no pudo después de varias invasiones vencer en la guerra santa que tiene la quinta columna en las ciudades europeas".

De Pilar Rahola, en La Vanguardia, es conocida su opinión, pero además abunda en el caso Houellebecq, una perspectiva literaria:

"No es su primera polémica, no en vano milita en la incorrección política, y su nombre ha crecido a medida que crecían sus detractores. Fue muy sonado, por ejemplo, el juicio que sufrió por una entrevista en la revista Lire donde afirmó que “la religión más idiota del mundo es el islam” y que “cuando lees el Corán se te cae el alma a los pies”. El juez lo absolvió porque consideró que en un Estado laico criticar la religión es parte de la libertad. De hecho, ¿no fue esa la gran conquista de la Ilustración? Ahora, después de ser uno de los escritores más leídos de Francia, tanto por su categoría literaria como por su gusto por la provocación, Michel Houellebecq acaba de publicar una novela que promete ser una bomba: una simulación literaria de cómo sería una Francia gobernada por el islamismo. El título, Soumission, y la trama, rotunda: el islamista Mohammed Ben Abbes, del partido Fraternidad Musulmana, gana las presidenciales del 2022 gracias a la conjura del resto de partidos contra el Frente Nacional".

Llamativa es la colaboración en el diario de Godó de Tahar Ben Jelloun, un contraplano de las consecuencias del atentado:

"El miedo se ha instalado. Los musulmanes están cansados de ser sospechosos, de ser tomados como rehenes en una crisis moral y de identidad. Ellos son los primeros horrorizados por la barbarie del Estado Islámico y de Al Qaeda. Son las primeras víctimas del terrorismo. Francia paga de alguna manera su compromiso con África, Siria e Iraq. Sus soldados están combatiendo el terrorismo. En Mali lo hicieron retroceder. Contra el Estado Islámico la aviación francesa realiza varias ataques por semana; el portaaviones Charles De Gaulle será enviado no lejos de Siria. Francia está en guerra contra este islam secuestrado y bárbaro. No sé si el ataque contra Charlie Hebdo es una “venganza” o una respuesta del Estado islámico a Francia, que se alió con Estados Unidos para luchar contra él. De todos modos, por ahora son los musulmanes de Francia quienes son mal vistos por la mayoría de la población. Han denunciado y condenado estos actos intolerables, pero siguen siendo sospechosos".

En El País, en contradicción con Ben Jelloun, el acento no está en la disquisición de si el atentado es una venganza o una "respuesta", sino en las víctimas periodísticas. Es un editorial conjunto de los diarios Le Monde, The Guardian, Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y El País, un recurso para las grandes situaciones que se titula "Seguiremos publicando":

"Después de negarse a ceder a las amenazas por haber publicado, hace casi 10 años, unas caricaturas de Mahoma, la revista Charlie Hebdo no había cambiado ni un ápice su cultura de la irreverencia. Con el mismo ánimo, nosotros, los periódicos europeos que trabajamos juntos habitualmente dentro del grupo Europa, seguiremos dando vida a los valores de libertad e independencia que son el fundamento de nuestra identidad y que todos compartimos. Continuaremos informando, investigando, entrevistando, editorializando, publicando y dibujando sobre todos los temas que nos parezcan legítimos, en un espíritu de apertura, enriquecimiento intelectual y debate democrático. Se lo debemos a nuestros lectores. Se lo debemos a la memoria de todos nuestros colegas asesinados. Se lo debemos a Europa. Se lo debemos a la democracia.

“Nosotros no somos como ellos”, decía el escritor checoslovaco Vaclav Havel, opositor al totalitarismo que triunfó y se convirtió en presidente. Esa es nuestra fuerza".

También en El País, Francesc de Carreras trata de poner un punto de comprensión, pausa y análisis:

"Frente al fanatismo está la tolerancia, que también es una actitud más que una ideología, en la que se basa toda idea de convivencia pacífica fundamentada en la libertad y en la igualdad, origen del concepto de democracia organizada en torno a la salvaguarda de los derechos fundamentales. La actitud tolerante está en el comienzo de lo que hoy llamamos civilización occidental y que afortunadamente se extiende ya más allá de Occidente. Sus padres fundadores podrían ser, por ejemplo, Erasmo, Luis Vives o Tomás Moro. En tiempos convulsos debidos a actitudes religiosas intolerantes —es decir, fanáticas—, en aquellas guerras de religión que asolaron el siglo XVI europeo, éstos y otros sostuvieron que debía respetarse la conciencia de cada uno y las diferencias nunca debían ser motivo para justificar la violencia".

Continúa De Carreras: "De la libertad de conciencia nace la libertad de pensamiento, luego la de opinión y, más tarde, el derecho a la libre información, todos piezas fundamentales —y fundacionales— de las ideas liberales y democráticas de hoy. Un ataque a Charlie Hebdo es un ataque a los millones de personas que en el mundo —no sólo en Occidente— quieren vivir en paz y en libertad, porque este célebre semanario satírico francés ha practicado siempre estas esenciales virtudes éticas y políticas. Sin libertad de expresión no hay democracia, los fanáticos, los bárbaros que han atacado a Charlie Hebdo, son, simplemente, enemigos de la democracia, es decir, de nuestra civilización".

Luego no es un atentado contra la libertad de expresión, como sugieren los medios, sino contra todos, lo que incluye a Ahmed Merabet, un policía, la Policía.

En la actualidad nacional, el viaje de Rajoy y Montoro a Andorra es el marco en el que ha trascendido el testamento de don Florenci Pujol i Brugat, padre de Jordi Pujol i Soley. En Abc firma el asunto Janot Guil, que escribe: "Apremiado por la juez que le ha citado a declarar como imputado por blanqueo y fraude fiscal el próximo 27 de septiembre, el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, ha admitido que no puede acreditar la supuesta herencia en forma de dinero en el extranjero que su padre, Florenci Pujol, legó en favor de la esposa de Pujol y sus siete hijos. Su coartada para justificar el patrimonio del clan se viene abajo. (...)

Según el testamento aportado por la defensa, Florenci Pujol nombró heredera a su esposa, a la que legó varias viviendas, las cuentas bancarias y acciones, por un valor total de 105 millones de pesetas (631.000 euros)".

Párrafos después describe la herencia: "A Jordi Pujol, su padre le legó como legitimario una finca en Premià de Mar (Barcelona), valorada en tres millones de pesetas (18.000 euros), así como acciones en Banca Catalana y en la Compañía «Cedat» por valor de 13.128.647 pesetas (79.000 euros). Por su parte, la hermana de Jordi Pujol, María Pujol, percibió la misma cantidad en acciones, por un valor de 79.000 euros. Precisamente, la hermana de Pujol declaró públicamente que no sabía nada de una supuesta herencia de su padre en favor de su cuñada, Marta Ferrusola y los hijos de ésta".

El presidente del Barça, Josep Maria Bartomeu, anuncia elecciones para final de temporada, no como Mas, que mantendrá el secreto hasta la próxima seman. El carajal entre Messi y Luis Enrique es de química, de piel, igual que el de Mas y Junqueras.

8 de diciembre, Santa Gúdula.