Giorgio Napolitano, un europeísta con sentido trágico de la historia

El sentido trágico de la historia acompañó a Giorgio Napolitano durante toda su vida política: desde que en los años de juventud comprendió la necesidad de la derrota (en la Segunda Guerra Mundial, para que Italia se liberara del fascismo), hasta sus últimas advertencias a la comunidad internacional, para que se evitara mirar a la política con ingenuidad y no se olvidaran las tragedias del pasado.

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Giorgio Napolitano, ex presidente de la República italiana
Luca Costantini
Jueves, 15.01.2015 08:29

El 9 de enero, dos días después del ataque terrorista al semanario satírico francés Charlie Hebdo, el periodista y analista Miguel Ángel Bastanier escribía una frase que Giorgio Napolitano apreciaría a ciencia cierta: “Conocer la historia es la garantía de que repetiremos los errores con la más absoluta convicción de que lo son”.

El sentido trágico de la historia acompañó a Giorgio Napolitano durante toda su vida política: desde que en los años de juventud comprendió la necesidad de la derrota (en la Segunda Guerra Mundial, para que Italia se liberara del fascismo), hasta sus últimas advertencias a la comunidad internacional, para que se evitara mirar a la política con ingenuidad y no se olvidaran las tragedias del pasado.

La Italia de finales de los cuarenta fue una Italia destripada y sangrienta. Fue entonces cuando el joven Napolitano, aún escritor de sonetos y actor de teatro en Nápoles, se afilió al Partito comunista italiano (PCI) liderado por Palmiro Togliatti, “il migliore”. En 1956, Giorgio Napolitano, que había elegido como mentor a Giorgio Amendola, el que impregnó el comunismo de espíritu liberal, entraba en el Parlamento italiano, dejando el cargo de diputado solo en 1999, cuando fue elegido en la otra Cámara, la de Bruselas.

Napolitano, el “mejorista” que no quería cambiar el mundo, demostró en muchas ocasiones tener agallas como político. Como cuando, en 1968, el partido le encargó redactar el comunicado formal de disenso del PCI a la “intervención injustificada” del Ejército Rojo en Praga; o como cuando, en 1981, se enfrentó al secretario Enrico Berlinguer criticándole por el excesivo sectarismo y dando vida a la corriente reformista del partido, obviamente denominada “mejorista”.

Cuando en 1991 estalló la guerra en la ex Yugoslavia, Napolitano luchaba para socialdemocratizar al PCI. Entonces Europa despertó de sus pesadillas, justo cuando, en el otro lado del océano, se dibujaba un mundo unipolar y se teorizaba el fin de la historia. La historia, en cambio, había vuelto en su verdadera tragedia. Desde Auschwitz hasta Sarajevo el sentido trágico de la historia volvía a amenazar Europa, y Giorgio Napolitano, cauto y brillante, eligió emprender una batalla para que entre los Estados europeos se consolidara el sentido de Unión y de integración.

Desde que fue elegido Presidente de la Republica, en 2006, hasta este martes en que dimitió de su cargo, rechazó en prácticamente todos sus discursos el nacionalismo que, como Luigi Einaudi, consideraba la causa profunda de dos conflictos mundiales y el verdadero peligro para el avance de la integración europea. En febrero del año pasado, Napolitano evocó así el encuentro entre Kohl y Mitterrand. Durante las celebraciones del centenario de la Primera Guerra Mundial dijo que era “absolutamente necesario erradicar los nacionalismos agresivos y belicistas, para dar vida a un concreto proceso de integración europea”. En su discurso de fin de año de 2013, dirigido al cuerpo diplomático italiano, avisó sobre la “amenaza” representada por la demagogia y el resurgimiento del nacionalismo en Europa.

Giorgio Napolitano ha sido durante toda su carrera política un patriota italiano. Alguien que tuvo claro la importancia de la derrota y al mismo tiempo del conocimiento de la historia. Luchó para que los italianos se sintieran orgullosos de serlo, pero advirtió siempre sobre el peligro de caer en el nacionalismo: “Hemos conocido la enfermedad y pagado los costes de la presunción nacionalista, de las pretensiones agresivas hacia otros pueblos y de las degeneraciones racistas. Pero nos hemos liberados, de la misma forma en que se han liberado todos los países y los pueblos unidos en una Europa sin fronteras, en una Europa de paz y cooperación”.

Así se expresó Giorgio Napolitano en el aniversario de los 150 años de la unificación de Italia, recordando que la historia tiene un sentido, y que a este sentido, tal vez trágico, hay que agarrarse, si no queremos que antiguos errores se repitan en forma de farsa.

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