L'endemà (I): La partición de Cataluña y la penúltima de Rahola

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Sábado, 24.01.2015 05:33

Lamentaba la señora Rahola, en su columna de La Vanguardia del 18 de diciembre, las discrepancias entre republicanos y convergentes: "De hecho, es lo que esperan los ideólogos del wait and see estilo FAES, convencidos de que el problema catalán se resolverá por la incapacidad de sumar fuerzas, babeando con la idea de que republicanos y convergentes se batan el cobre en el territorio. Esperemos que dichas previsiones, verbalizadas por maese Aznar en su famoso 'se pelearán ellos antes de que hagamos nada', queden en esperanzas vanas". Vale la pena repetir la "famosa" frase, entrecomillada, que la señora Rahola atribuye a Aznar: "Se pelearán ellos antes de que hagamos nada". Muy famosa, sí. ¡Tan famosa como que Aznar nunca lo ha dicho! Basta que busquen en Google. Realmente la capacidad para la inventiva de la señora Rahola no conoce límites.

Las rebeliones contra el Gobierno de España culminan con una partición del territorio o con la supresión o suspensión de instituciones catalanas

Lo que sí afirmó Aznar, que, como verán, tiene un alcance que va mucho más allá de eventuales rivalidades en el seno del independentismo, y que desarrollaremos en este artículo, fue: "España no se va a romper. Y añado, para los que juegan irresponsablemente con las cosas importantes, que España solo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición. Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece española. Quien piense que solo está en juego la unidad de España se equivoca. Antes de eso, está en juego la integridad de Cataluña".

De hecho, Aznar apunta, en parte, a una constante en la historia de Cataluña: las rebeliones contra el Gobierno de España culminan con una partición del territorio o con la supresión/suspensión de instituciones catalanas. Pasó en 1640, cuando las élites catalanas tuvieron la fenomenal idea de aliarse con el archienemigo de Cataluña, Francia, contra el protector de Cataluña, la Corona de España, que hasta entonces había conseguido mantener más de siglo y medio de conflictos con Francia más allá de los Pirineos. El premio fue la pérdida de lo que hoy se denomina Cataluña norte. Sucedió igualmente en 1705, cuando se dobló la apuesta con una proyecto todavía más delirante: enfrentarse simultáneamente a Francia y a la mayor parte de España. La consecuencia fue la supresión de las instituciones que lideraron la aventura. Y finalmente en 1934, cuando la Generalitat se unió a una insurrección española contra un Gobierno con mayoría parlamentaria, a consecuencia de la cual se suspendió, que no se suprimió, el autogobierno catalán.

La rebelión que se está fraguando para 2015-2016 está condenada, si es que se lleva a cabo, a concluir como las anteriores, en cuanto el Gobierno de España comparezca en Cataluña. El desenlace dependerá de si el Gobierno de la Generalitat hace una lectura plebiscitaria o no de las próximas elecciones autonómicas. Una lectura no plebiscitaria, sin duda la más deseable, forzará al Gobierno de España a emplear los instrumentos que la Constitución le confiere, lo que eventualmente puede conducir a la suspensión temporal del autogobierno catalán, en función de la gravedad de la rebelión.

Si, empujado por las circunstancias o por las propias debilidades, se ve obligado a hacer una interpretación plebiscitaria, aún le quedará la posibilidad de escoger cuál es el ámbito geográfico de esa lectura, amparándose en uno de los engendros ideológicos del independentismo: el derecho a decidir. Seamos claros: con una mayoría absoluta pelada en unas elecciones autonómicas no se puede ir por el camino de la insurrección. Pretender cambiar de régimen saltándose los procedimientos previstos en la Constitución, con como mucho algo más de la mitad del país detrás, o sea, una mayoría insuficiente para los propósitos de una secesión y encima distribuida desigualmente a lo largo del territorio, no puede acabar sino como en Crimea. Y si a alguien no le gusta el heavy, que se quede con el ejemplo del Jura bernés en Suiza, al que nos referiremos más adelante.

Cataluña sólo seguirá unida si es española. Ya es hora de que este mensaje empiece a propagarse por Barcelona, Tarragona y el Valle de Arán

Una mayoría tan escasa y desigualmente distribuida significa necesariamente que en determinadas zonas de Cataluña habrá una mayoría clara contra la independencia, una mayoría de ciudadanos que querrán continuar viviendo en España y a los cuales el Gobierno de España podrá proteger cobijándose bajo la propia retórica independentista. Estas zonas han quedado identificadas el 9N: Valle de Arán y Alta Ribagorza, Barcelona y su cinturón, y complejo industrial de Tarragona. El proceso nos ha demostrado a los españoles cuántos inconvenientes causa que en una determinada área una parte importante de la población no considere legítimo el Estado: al nuevo Estadito catalán, con capital en Solsona o en Berga y aeropuerto en la Seo de Urgel, habrá que ahorrarle este suplicio mediante la partición de Cataluña previa a su proclamación.

Volvamos a la Jura bernesa para concluir. Una de las cabezas pensantes del independentismo, el profesor de Princenton Carles Boix, ha tenido siempre debilidad por el caso del cantón de Jura en Suiza. Leíamos hace un par de años en el diario Ara: "En una interpretación estrictamente democrática de la situación (un ejercicio probablemente difícil para el Gobierno español), la situación se asemeja al caso del Jura francés, que quiso independizarse del cantón de Berna en 1977. A pesar de que la Constitución suiza no preveía esta posibilidad, prevaleció la voluntad del Jura y este cantón se unió a la confederación helvética dos años después. Todo esto contiene una lección transparente para Cataluña: hagamos nuestro camino tranquilamente, consultemos al país y, después, cargados con la razón de la mayoría, podremos negociar en qué condiciones queremos continuar en Europa".

Al margen de que casi todo el Jura es francófono, al señor Boix tanta lección transparente y tanto ejercicio democrático le hicieron olvidar que la "razón de la mayoría" había causado la partición del Jura histórico: con anterioridad a la creación del cantón de Jura, tres de los seis distritos que históricamente constituían la región, los tres protestantes, decidieron permanecer en el cantón de Berna. Decisión que ratificaron, per cierto, en 2013. Únicamente los tres distritos católicos constituyeron el nuevo cantón.

Tal como el Jura sólo podía continuar unido si era bernés, Cataluña sólo seguirá unida si es española. Ya es hora de que este mensaje empiece a propagarse por Barcelona, Tarragona y el Valle de Arán.

PS: A la señora Muriel Casals, que decía que impugnar consultas sobre independencia ponía en riesgo la continuidad de España en la UE: el 28 de abril, audiencia ante el Constitucional italiano acerca de la ley de la región del Véneto convocando un referéndum sobre la independencia, impugnada por el Gobierno de Renzi. Seguiremos informando.

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Tarraconense, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y en Derecho por la Universidad Rovira Virgili. Reside en Alemania.