El equívoco de la DUI

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Jueves, 19.02.2015 08:27

Hay un equívoco en Cataluña. El equívoco de la DUI (declaración unilateral de independencia). Leíamos hace poco en este digital un excelente artículo de V.A. Maldonado sobre las consecuencias de una DUI en Cataluña. No obstante, hay que recalcar un punto: ese será el desastre al cual nos llevaría una DUI sí... fuera una DUI que tuviera éxito. No se puede dar por sentado el éxito de una DUI. Y en esto consiste el equívoco que queremos aclarar aquí: una DUI no es una condición suficiente para la independencia. Veamos un ejemplo muy transparente de este equívoco:

“Marxem? però ja hòstia ja! DUI Directa!”

Una DUI no es una condición suficiente para la independencia

La frase es de Eduardo Reyes, presidente de Súmate (Sométete según sus detractores). Como el Sr. Reyes, muchos independentistas piensan sinceramente que basta una declaración del Parlamento autonómico o una asonada en un balcón de Sant Jaume para que Cataluña se convierta en un Estado independiente. Insistimos: nada más lejos de la realidad. Tienen que concurrir otras condiciones. Así, en relación con la DUI hay que enunciar dos principios:

1. Una DUI no crea Estado. Hay que ejercer la independencia, como se dice ahora por aquí. Volvemos a reiterarlo: No basta una declaración del Parlamento o una asonada en un balcón de Sant Jaume para crear un Estado. Crear un Estado comporta nada más y nada menos que poner todo el país bajo el control de quienes hayan declarado la independencia. Desde el suministro de agua y de energía, pasando por las principales infraestructuras, hasta todos los cuerpos de seguridad y militares. Ese es el listón que tiene que superar una DUI.

2. Como consecuencia del primer principio: una DUI no puede ser nunca pacífica, a menos que la autoridad del Estado preexistente haya colapsado completamente, como en la Unión Soviética después del golpe de estado fallido de agosto del 1991.

Desde el punto de vista procedimental, insistimos, procedimental, una DUI se inserta en la tradición del golpe de estado, o sea, del cambio de régimen constitucional que no sigue los mecanismos de reforma previstos, procedimiento que hermana la declaración de independencia de EE.UU. con el Octubre Rojo y el 6 de octubre con el 18 de julio. Surgida sin acuerdo con la preexistente, una nueva legalidad, con la aspiración de hacerse con el monopolio sobre la violencia legítima, se intentará imponer a la preexistente, que resistirá en el empeño de mantener su monopolio.

Habrá personas armadas que de buena fe creerán que están ejecutando aquello que ordena la legalidad que reconocen como vigente. Imaginemos ahora el Presidente Junqueras declarando la independencia unilateralmente. Acto seguido, si no antes, fuerzas armadas al servicio de la Generalidad, el comando Sellarès, se presentan en el aeropuerto de El Prat para desalojar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional.

-En nom de la República de Catalunya prenem possessió del control de passaports!
-¡Sediciosos, quedáis arrestados!
-Ocupants! Entregueu les armes!

Esto sólo lo puede resolver la fuerza. DUI se escribe con u de unilateral, es la negación del pacto, perpetrada por quienes se niegan a agotar los mecanismos constitucionales al alcance para conseguir sus propósitos. No estamos haciendo llamamientos gratuitos al uso de la fuerza. Esto no es la radio de Interahamwe. Simplemente: esto funciona así y de ninguna otra manera. Es lo que hay. No lo que nos gustaría que hubiera. Si pretende cumplir su misión, el comando Sellarès tendrá que ir bien pertrechado de aquello que el Sr. Sala i Martín denomina ADN español, o sea de ”actitud dictatorial, impositora, de mala leche, de Guardia Civil.. insultante, denigrante”. Y conviene no olvidar un último detalle: una situación como esta puede resolverse, en el sentido que sea, en cuestión de horas, como el 6 de octubre. O puede enquistarse por un periodo largo, como el 18 de julio.

Por supuesto hay que precisar que tal escena sólo puede suceder si a su vez concurren dos condiciones:

1.Que el Gobierno de España se mantenga firme y los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado no estén ni afectados por el síndrome del teniente Segura, quien afirma que “la mayoría de los militares se negaría a seguir una hipotética orden de intervención en Cataluña”, ni que cerveza en mal estado del pub Kitty los haya transtornado. En realidad al teniente Segura y a cuantos como él piensen habría que reformularles la pregunta, pues no se trata de banderas ni de sacrosantas unidades. Se trata de personas, de conciudadanos: ¿estaría Usted dispuesto, al menos, a resistir el envite, a proteger a los ciudadanos españoles de aquellas áreas de Cataluña que no se hayan manifestado a favor de la independencia? ¿Ni siquiera comparecerá Usted en las zonas de Cataluña donde el partido se jugará en casa y con un público entregado?

2.Proteger a los españoles de Cataluña, pensamos sinceramente que es una misión para la cual el teniente Segura encontraría valor. Limitándose exclusivamente a las zonas de mayoría española para proteger a tantos ciudadanos españoles como sea posible, se revestiría esta maniobra de barniz “derechodecidista” o “democratista”, ese engendro ideológico, muy de moda por desgracia, mediante el cual eventuales mayorías coyunturales quieren sortear el escollo de las mayorías cualificadas, de los consensos y foros necesarios, que la democracia, ahora sí, la democracia, requiere para la toma de determinadas decisiones, como por ejemplo construir un Estado. De hecho, a la vista de la opinión pública internacional, siempre ignorante y lacrimógena, esta intervención limitada, de resistencia, se situaría a la misma altura que la DUI y haría muy transparente que más que España es Cataluña la que está dividida. En el peor de los casos, servirá para que los españoles en, ya no de, Cataluña obtengan unas ventajosas condiciones de extranjería, al menos para quedar exentos de cursos de reeducación nacional para antiguos colonos, que es lo que les espera.

Que los Mossos d’Esquadra obedezcan masivamente a la Generalidad sediciosa. Una hipótesis muy arriesgada. Si alguien entrara en algún foro donde agentes de los Mossos d'Esquadra discuten quizás se sorprendería ante la ausencia de unanimidad sobre la independencia. Deseamos que los partidos unitaristas, con buenas conexiones dentro del cuerpo, estén al cabo de la calle.

Si algún lector piensa que exageramos con la anterior escena, nada mejor que la realidad para superar a la ficción:

-On aneu?
-Tengo órdenes de tomar la Generalidad y el Ayuntamiento.
-¡Pues no los tomaréis!
-¡Ya veremos!
-Visca la República Federal!
-¡Viva la República Española!

Esta fue la conversación que mantuvierion el jefe de los Mossos d'Esquadra Pérez Farràs y el capitán del ejército Unzúe en los alrededores del Palau de la Generalidad entre el 6 y el 7 de octubre de 1934 (diario ABC 29/05/1935 pàgs. 23-24). Los últimos “vivas” simbolizan qué sucede cuando una nueva legalidad quiere sustituir a la preexistente. Unos están al servicio de la nueva y otras al de la anterior.

Ejemplos más contemporáneos: Una de las primeras medidas del Estado esloveno durante la guerra de los 10 días: tomar el control de las fronteras, las aduanas y del espacio aéreo.

Esto irá así. Sólo puede ir así. Que no nos expliquen milongas diciendo que será pacífico, festivo y fraternal. Una DUI no puede ser nunca pacífica. Precisa de la fuerza para lograr el éxito, a no ser que sus promotores sólo pretendan una carnavalada. Una vez declarada, incluso un par de días antes, hay que poner el país bajo el control de la nueva autoridad y expulsar a la anterior. Y esto no se hace yendo con un clavel en la mano. O si no, que nos expliquen cómo piensan poner el puerto de Tarragona bajo su control.

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Tarraconense, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y en Derecho por la Universidad Rovira Virgili. Reside en Alemania.

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