Palabras para Irene

10 min
Domingo, 1.02.2015 12:12

Me van a disculpar el juego de palabras -valga la redundancia-, con el que "rotulo" este artículo, pero después de barajar otros candidatos, se me impuso esta referencia al poema de J.A Goytisolo, quizás trastocando el sentido de sus versos, relacionándolos esta vez con la consejera "d´ensañament", se nos permita esbozar una sonrisa irónica -y un tanto feroz- frente a la llamada "subversión lingüística", perdón, "inmersión"...ya saben como empieza: "Tú no puedes volver atrás / porque la vida ya te empuja / como un aullido interminable, / hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres / que llorar ante el muro ciego. / Te sentirás acorralada, / te sentirás perdida o sola,/ tal vez querrás no haber nacido.".

Uno de los mayores ejemplos de contra-ejemplaridad institucional y de anti-valores cívicos es, sin ningún género de duda, la expresión o concepto de "lengua propia"

Y, si, hablaba de "subversión" puesto que uno de los mayores ejemplos de contra-ejemplaridad institucional y de anti-valores cívicos es, sin ningún género de duda, la expresión o concepto de "lengua propia", que ha sido el punto de apoyo retórico de la ya mencionada "inmersión". Huelga decir lo nefasto de que tal sintagma haya hecho fortuna entre algunos de nuestros conciudadanos (de aquellos simpáticos, assenyats, dicharacheros y eixerits conciudadanos que nos quieren negar nuestra propia condición de ciudadanos a base de votos), pues lo de lengua propia no es más que una manera impropia, en un estado de derecho democrático constitucional europeo -conquistado y forjado precisa y justamente para crear una convivencia plural-, de apropiarse de nuestros derechos lingüísticos para, de paso, lanzar improperios hacia el que reclama el "derecho a la propia lengua" y tiene la radical determinación de compartirla en la vida pública (catalana), ya sea en su vertiente laboral, académica, administrativa o mediática. Por no hablar de aquellos que se atreven a hablar con propiedad sobre este fenómeno; están condenados a acusaciones muy propias de quien las profiere, a saber: genocida cultural, fascista (neo) españolista, monolingüista anti-catalán, o bilingüista pro-segregación.

En realidad, cuando los nacionalistas catalanistas usan el término de "lengua propia" crean e introducen de facto, en el imaginario colectivo, esto es, en el sistema de mitologías compartidas, una representación de soberanía (política) concreta, una delimitación mental del territorio única y exclusivamente catalán, con lo cual, principio de identidad mediante (Catalunya = catalán), desplazan y suplantan la idea de España y eluden la realidad del español como lengua común (y mayoritaria en la propia Cataluña) por un lado, y, por otro, correlativamente, hacen que el uso de una sea lo normal y lo lógico (frente a lo extraño o irracional de la otra). Y es a través de estos dos subterfugios por los que la veda está abierta para el "moralismo lingüístico": se adjudica la categoría de lo "bueno" y la calificación de lo "sensible" al catalán, con sus correspondientes opuestos para la otra lengua, ya ven, todo muy estructuralista...será por aquello de crear "estructuras de desgobierno", legitimadas, eso sí, por su publicidad en ca-ta-là. Claro que la cosa no acaba aquí, pues la finalidad no es otra que la de, mediante una pretendida y supuesta superioridad lingüística, fabricar una artificiosa y empalagosa superioridad moral y política (y viceversa)... siempre con la inestimable autoridad de algunos expertos en "filologia catalana", que diuen que mañana se muere el catalán, desaparece la Pompeu Fabra y se cierra la TV3. En cualquier caso, no es complicado producir esta "ingeniería lingüística" de diglosia full time cuando tienes a una sociedad con poca "cultura de la libertad" y mucha "ignorancia política", y una educación degenerada y entorpecida por el "formalismo pedagógico", el "postmodernismo emotivista" y el "positivismo epistemológico", donde parece más importante conocer la lengua que el propio conocimiento, donde parece que la relación lengua y lenguaje no tiene importancia y donde parece que no es importante la lengua a la hora de conocer.

Pero diría más, al mencionar ese sintagma, enuncian implícitamente una determinada forma de concebir la política, que es de todo menos ilustrada, liberal, progresista, igualitaria y democrática (que en realidad es "pre-política" o "anti-política") ya que, al hablar de "lengua propia" remiten a territorios absolutizados, historias ensimismadas y culturas compartimentadas... en cambio, si hablamos de "propia lengua", una manera menos poética y más prosaica -pero más individual y concreta- aludiríamos a la ciudadanía inclusiva, al respeto de la diversidad, al libre desarrollo de la personalidad o a la lucha por el reconocimiento. Lo preocupante de todo esto es que a través del "proceso lingüístico" y sus fieles lenguaraces, se consagra la impune arbitrariedad, la servidumbre identitaria y el abuso de poder, enemigos jurados de las libertades políticas y la independencia judicial, es decir, de la democracia (sin adjetivos).

¿Si fuera al revés y se impartiera todo en español menos la asignatura de lengua y literatura catalana, tendrían complejo los catalanoparlantes en reivindicar lo razonable, es decir, un equilibrio lingüístico?

Así, si en palabras de J. Rawls en su Teoría de la Justicia, "los derechos asegurados por la Justicia no están sujetos a regateos políticos, ni al cálculo de los intereses sociales", aquí el pecado capital ha sido, a través de un sistema electoral de perversión (des)representativa, el de negociar lo innegociable, defender lo indefendible y justificar lo injustificable a cambio de investir a presidentes del gobierno 'a diestro y siniestro' en tales o cuales legislaturas, puesto que se ha dependido en última instancia de los partidos nacionalistas catalanistas antisistema (para quienes la Constitución no es más que un "joc de nens"). Por eso es sorprendente la deslealtad de cierta izquierda, que, con un cierto "federalismo", estaría dispuesta a "blindar" competencias en tema de política educativa y política lingüística, lo que, hablando en cristiano, es tanto como intentar solucionar el problema a través de reforzar una de las causas del propio problema... sin embargo, también es admirable la hipocresía de cierta derecha, de ciertos "constitucionalistas", a la hora de abordar este tema tan "delicado" y "frágil", pues, en vez de aplicar las resoluciones judiciales de forma directa e implacable, inventa un método insólito basado en la financiación pública para matricularse en centros privados bilingües, en vez de garantizar y asegurar centros públicos plurilingües sin necesidad de financiación privada. El hecho es que tanto esa izquierda y esa derecha, inventan -o no derriban- una "educación de dos velocidades", que implica una abyecta aberración anti-educativa en dos sentidos, el primero en tanto que lo que debiera ser la primera institución en fomentar la igualdad de oportunidades, se convierte en un dispositivo de discriminación, y, el segundo, porque en vez de dedicar las horas lectivas para la consecución de un carácter crítico y un espíritu curioso, se instrumentaliza a "propios y extraños", a padres y alumnos, en aras del "ideal del millón (ochocientos mil)".

Y entonces a uno le invade una perplejidad doble: ¿Si fuera al revés y se impartiera todo en español menos la asignatura de lengua y literatura catalana, tendrían complejo los catalanoparlantes en reivindicar lo razonable, es decir, un equilibrio lingüístico?, ¿ Cómo es posible que los que niegan la libertad individual y los derechos básicos no tengan ningún tipo de pudor en hacerlo, y, por contra, algunos que están por el (tri)bilingüismo les "tiembla el pulso" para hacer cumplir la ley justa aquí y ahora? Quizás la "madre del cordero" ha sido anestesiar el sentimiento de injusticia o la pasión democrática de los castellanoparlantes ( y/o catalanoparlantes ) que no son ni nacionalistas, ni catalanistas, ni españolistas ni europeístas, sino que únicamente se consideran miembros de una ciudadanía democrática española, catalana y europea. Lógicamente, sin una presión institucional y una coacción social que asociara el "derecho a decidir" con la "lengua propia" y a éstos con la "radicalidad democrática", era imposible hacer perder la racionalidad, la objetividad y el juicio a algunos, para, de esta manera, imposibilitar ese sentimiento y esa pasión anteriormente descrita.

No quiero ser un deslenguado, pero, para no dejar nada en el tintero, y como soy compasivo con la mediocridad de la doblemente desobediente, malversadora y prevaricadora (todo un dechado de "raonabilitat" y "virtut") sólo quería decir que la manipulación y la articulación de un régimen que cosifica la educación como arma de propaganda y manipulación, que se aferra a una ley electoral profundamente anti-equitativa (¡es la ley electoral, estúpidos!) para hacer trampa, es lo más alejado del concepto de docencia (y decencia), pues, así como había un 80% en el parlament que quería ir a votar el 9N y acudió un 30% de la sociedad, también hay un 80% que está a favor de la "inmersión" en el parlament, cuando encuestas del CIS hablan de un 70%-80% de la sociedad a favor del bilingüismo... vaya, el mismo "método (x3)" que preparan para el plebiscito del 27S... oh, la educación, ese "plebiscito diario". En todo caso, y más allá de la lengua del poder y del poder de la lengua, esta gente no van a hacer que deje de amar ni a la lengua española ni a la lengua catalana, porque, aunque te escriba estas palabras en español, y sea mi "propia lengua", tengo a ambas como "lenguas propias" y sé, a pesar tuyo, mi querida Irene, y gracias a Borges, que "un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos".

Artículos anteriores
¿Quién es... Víctor Hugo?
Víctor Hugo

Licenciado en Filosofía y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Máster en Filosofía Contemporánea (UAB) y Doctorando en Filosofía con una tesis sobre Eugenio Trías (UAM).

Comentar