Secesionistas, Europa no os quiere

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Viernes, 27.02.2015 04:25

Con motivo de la concesión a Societat Civil Catalana (SCC) del Premio Ciudadano Europeo 2014 se ha producido una furiosa reacción contraria de la ANC, de eurodiputados nacionalistas y de algunos compañeros de viaje. No es de extrañar. El nacionalismo esta acostumbrado a hacerse trampas en el solitario. Confrontar sus delirios con la realidad les produce dolor. La ANC se presentó al premio, y el jurado eligió a SCC.

¿Cómo va a ganar un premio europeo una entidad que preconiza nuevas fronteras? Una entidad que es un peligro real para el futuro de una Europa unida

Lo que sorprende es su grado de desconexión con la realidad. Porque han de estar muy enfermos para que pensaran que podían ganar. Han preguntado al espejo quién era la "más europea" y les ha contestado que ellos desde luego no. Y les molesta. Qué le vamos a hacer.

¿Cómo va a ganar un premio europeo una entidad que preconiza nuevas fronteras? Una entidad que es un peligro real para el futuro de una Europa unida. Una entidad que llama a celebrar guerras -el Tricentanario- y reivindica el odio, frente a una Europa que se une para olvidar sus dos grandes guerras del siglo pasado.

Actos de reconciliación frente a la exaltación de la revancha. Esta es la diferencia entre el espíritu europeo y el de los nacionalistas catalanes. Por cierto, SCC promovió un acto de concordia entre los descendientes de los dos bandos de la Guerra de Sucesión. Alguien tiene que ocuparse de que todo un país no tenga que sentirse avergonzado por sus políticos.

El fracaso de la ANC ha sentado mal a todos los que viven del 'proceso', y tratan de desprestigiar el premio y a SCC. Estamos acostumbrados. Para unos, somos seudonacionalistas; para otros, de extrema derecha. La realidad es que SCC es una entidad plural con personas de derechas, de centro y de izquierdas, pero, como entidad, por encima de cada uno de sus miembros, su posicionamioento está recogido en sus declaraciones y textos públicos. Cualquiera puede leeerlos y cualquiera puede juzgar. No defendemos ninguna propuesta política concreta, salvo el "juntos y mejor", y que la independencia ni está justificada, ni nos conviene. Somos catalanes, españoles y europeos, y eso le duele al nacionalismo catalán. No tenemos ningún complejo en gritar "visca Catalunya", pero tampoco "viva España", y ya se sabe que eso irrita.

La obsesión del nacionalismo por calificar de "extrema derecha" a cualquiera que se oponga a la secesión, es coherente con su táctica de ocultar su pertenencia a una familia ideológica que representa lo peor de la historia mundial. Y, ellos sí, admiran a representantes de organizaciones autoproclamadas fascistas como es el caso de los hermanos Badia, profusamente homenajeados por ERC. Nosotros no calificamos de colonos a nuestros padres o abuelos. No necesitamos conversos. Nos produce asco la Inquisición.

El secesionismo se basa en vender humo. En asegurar que todo será maravilloso con la independencia. Y, claro, el hecho de que la UE les cierre la puerta pone en evidencia su discurso triunfalista y falso. Su reacción muestra también el auténtico talante antidemocrático del movimiento. No tragan la discrepancia. Saben que su éxito exige acallar a cualquier disidente. Son resentidos políticos, y no son áun peores porque no tienen el poder suficiente para perseguir y encarcelar a los que ellos consideran "quintacolumnistas" o "enemigos del pueblo". Victimismo, prepotencia, odio y maldad, es el resumen de los rasgos definidores de los nacionalismos extremos, incluido el catalán. Y eso es incompatible con una Europa unida.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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