"Sorprende que en los 25 años que se predica el padrenuestro de que 'la inmersión garantiza la cohesión social' nadie lo haya comprobado nunca. No hay un solo estudio que demuestre esta supuesta relación causal. Es una cuestión de fe"

Laura Fàbregas, periodista y licenciada en Ciencias Políticas, en un artículo publicado este viernes en El Periódico:

"[...] La perversidad de este sistema [de inmersión lingüística] radica principalmente en su obligatoriedad -no poder elegir entre ser escolarizado en catalán, castellano o inglés-, pero también en el hecho de que se haya elevado la lengua catalana como parte estructural de la identidad catalana sin la cual no puede haber integración o cohesión social. Una verdad revelada que convierte cualquier crítica hacia el modelo educativo en un sacrilegio contra Cataluña y el catalán.

Más allá de esta perversidad, como sucede con toda religión, también se evidencia una especie de doble moral: defender públicamente el catalán en la escuela, pero llevar a los hijos al Liceo francés o a la Escuela alemana. Son muchos y conocidos los personajes públicos independentistas que prefieren que su prole se eduque en el bilingüismo o el trilingüismo, y eso sí que seguramente no contribuye ni a la cohesión social ni a la igualdad de oportunidades. Libertad de elección solo para quien pueda pagar.

Lo que más sorprende es que en los 25 años que se predica el padrenuestro de que 'la inmersión garantiza la cohesión social' nadie lo haya comprobado nunca. No hay un solo estudio que demuestre esta supuesta relación causal. Es una cuestión de fe, que empieza y acaba con este predicado.

[...] En el sistema educativo catalán, los derechos de los ciudadanos catalanohablantes están actualmente reconocidos y salvaguardados. Quienes no gozan de la misma suerte son los ciudadanos castellanohablantes. Si en Cataluña se continua aprendiendo el castellano no es porque el sistema lo propicie, sino porque la ley no es lo suficientemente totalitaria para imponerse en una sociedad compleja donde buena parte de la televisión, la vida pública y el mercado son en castellano. A pesar de ello, se ha conseguido que buena parte de la población catalana viva en un estado de paranoia constante, donde cada sentencia del Tribunal Constitucional, del Supremo y hasta del TSJC se percibe como un ataque a la lengua. Poco importa que se reconozca que el catalán debe ostentar una condición preferente y que solo se pida un 25% de clases en castellano, porque si algo comparten todos los fundamentalismos es el amor por la pureza y el rechazo al pluralismo".

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