Cotta: "García Lorca era para Primo de Rivera 'el poeta de la Falange'"

Jesús Cotta (Málaga, 1967) ha publicado 'Rosas de plomo' (Editorial Stella Maris), un libro en el que investiga sobre la relación de amistad que mantuvieron dos de los iconos de la España de los años 30, Federico García Lorca y José Antonio Primo de Rivera. El autor defiende que el político consideraba al granadino "el poeta de la Falange, porque representaba lo que José Antonio quería para su partido". También considera que Lorca apreciaba del falangista "su respeto, el no querer utilizarlo políticamente".

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Jesús Cotta, autor de 'Rosas de plomo'
Sergio Fidalgo
Lunes, 20.04.2015 04:52

¿De dónde viene el interés de Primo de Rivera, un político en ejercicio, en conocer a Lorca?

José Antonio también era poeta pero no tenía el don del granadino. Ambos frecuentaban dos tertulias literarias diferentes que se celebraban en locales contiguos, en el recinto del Café Lyon, en Madrid. Una de ellas era de falangistas, y la otra era de intelectuales de procedencia diversa. A esta última es a la que iba Lorca.

¿Allí se conocieron?

No se sabe. Lo que sí se conoce es que en esas tertulias Primo de Rivera pidió durante un recital de un rapsoda famoso de la época, José González, que le recitaran "poemas de Lorca, porque tengo hambre de él". Más tarde se conocieron.

¿Le fascinaba la trayectoria del granadino?

Defendía que Lorca "sería el poeta de la Falange".

¿Lorca? ¿El 'poeta de la Falange'?

La Falange era un 'antipartido' peculiar, porque aspiraba a combinar lo mejor de la derecha y la izquierda. Pretendía aunar el amor por la religión y la patria con la justicia y la revolución social. Pensaba que con esta mezcla podría atraer a los españoles, ya que la derecha española no creía en los temas sociales y la izquierda era anticlerical. Quiso llegar a todos y se quedó en medio, unos le consideraban un señorito y otros un bolchevique.

¿Y Lorca qué papel podía jugar ahí?

Lorca, sin pretenderlo, representaba ese punto de equilibrio que buscaba José Antonio en política. Lorca era vanguardista, y al mismo tiempo tradicional. Su obra era culta, pero popular; local, pero con alcance universal y muy moderna, pero con un trasfondo religioso.

Lorca, poeta de la Falange... Me cuesta ubicarlo.

Insisto, no es que Lorca lo fuera, es lo que le hubiera gustado a José Antonio, su poesía viva y personalísima es justo lo que Primo de Rivera pretendía que fuera la Falange.

¿Tuvieron mucho contacto?

Durante una etapa, sí. Sobre todo a finales de 1935 y principios de 1936. En aquella época el Madrid cultural era un hervidero.

¿Y qué es lo que le interesaba a Lorca de Primo de Rivera?

Se sentía muy a gusto con él, porque le aceptaba como era, no le pedía que cambiase.

Explíquese...

La prensa de la derecha atacaba mucho a Lorca porque tocaba temas molestos para ella, de tipo social, de reivindicación de la libertad sexual, de la emancipación de las mujeres. Quería a un Lorca domesticado, que hiciera poesía de florecitas, que no les creara problemas. La izquierda, en cambio, quería a un Lorca comprometido y obrerista.

Pero Lorca no tenía simpatías por la Falange.

En absoluto, era un personaje ajeno a la política. Era demócrata, pero el partidismo le daba grima. Se definía como "católico-comunista-libertario-marxista-tradicionalista-anarquista". Vamos, era todo y era nada. Reservaba sus simpatías para las personas, no para los partidos.

Y Primo de Rivera gozaba de sus simpatías, por lo que relata.

Así es. Lorca no quería que le utilizaran políticamente, ni unos ni otros, y apreciaba que José Antonio respetara su voluntad. El poeta se veía entre el fuego cruzado de la derecha, que ya he relatado cómo le atacaba y la izquierda, que le defendía, pero para acaparar la fama de su figura.

¿Por qué se ha mantenido oculta esta amistad? No es un hecho demasiado conocido...

Por el pánico espantoso que tenía Lorca a que le vieran con el jefe de la Falange. Ximénez de Sandoval, que era un falangista destacado y amigo del poeta, intentó durante años el propiciar un encuentro entre los dos, y se murió sin haberlo conseguido. Y relató públicamente, antes de fallecer, su frustración por no haberlo conseguido. De ahí que se haya impuesto el relato que Lorca y José Antonio no se conocieran.

¿Y Primo de Rivera no tenía recelos?

También, porque sabía que muchos falangistas no entenderían una amistad con un personaje emergente de una República que odiaban.

¿Y no hay más motivos?

Por supuesto, los mitos ideológicos que fabricaron tanto la izquierda y la derecha sobre José Antonio y Federico tras su muerte ayudaron a negar la amistad que había entre ambos.

Las dos Españas...

Uno se convirtió en el "mártir azul" y el otro en el "poeta rojo"; no interesó a ninguno de los dos lados que se propagara la amistad y la complicidad que les unía. ¿Cómo iba a admitir la España en el exilio que habían mitificado a un poeta amigo del líder falangista? ¿Cómo iba a reconocer el régimen franquista que en su bando habían asesinado a un amigo del mito de su 'cruzada'?

Pero la Guerra Civil queda ya muy lejos.

Tampoco hoy se quiere ver. A José Antonio se le ve como un fascista y a Lorca como un poeta de izquierdas.

Usted relata que José Antonio ayudó a desbloquear una subvención para el grupo teatral de Lorca, 'La barraca', durante el gobierno de la CEDA. ¿Por qué?

Esto lo reconoce hasta el hermano de Federico, Francisco García Lorca. Lo hizo de forma discreta, sin usarlo políticamente y sin exigir ninguna contrapartida, porque pensaba que era una buena iniciativa para acercar el teatro clásico al pueblo español.

Cuesta entender que la Falange fuera tan tolerante...

No todos los falangistas eran como Primo de Rivera; de hecho hizo callar las voces de muchos en su partido que atacaban a 'La barraca' por pura envidia. No todos tenían su sensibilidad artística.