Inteligente el que lo lea (espero)

10 min
Lunes, 13.04.2015 08:21

Acaba de salir a la venta mi último libro, ¿Los españoles son de Marte y los catalanes de Venus?(Península). Me gustaría que se lo leyera toda la gente posible. No es tanto por vender (se cobra muy poco por estas cosas) como por convencer. ¿De qué? Bueno, muchos de ustedes creo que ya me conocen…por si acaso, les copio aquí el prólogo del libro, que creo que se explica solo. Buena lectura. Gracias y besos.

INTELIGENTE EL QUE LO LEA (ESPERO)

¿Están ustedes un poco hartos de que de repente salgan como setas tantos libros sobre Cataluña? En confianza: yo también. Incluso creo que estoy más harta que ustedes, que la mayoría por lo menos. Porque yo llevó hartándome hace mucho, mucho más. Empecé a hartarme antes.

Sucede que a menudo me harto de ser catalana… y española. Que preferiría haber nacido en Oslo, en Benarés o incluso en Cuenca

Sucede que a menudo me harto de ser catalana…y española. Que preferiría haber nacido en Oslo, en Benarés o incluso en Cuenca. Recuerdo haberle leído una vez a una escritora madrileña un artículo donde evocaba el momento de su infancia en que vio a niñas catalanas por primera vez. Y ella afirmaba que estas niñas le daban envidia porque tenían otra lengua entera para ellas solas…

Siempre me sonó un pelín “maqueado” el comentario (escrito en uno de esos no tan raros momentos, que también los hay, en que para la España políticamente correcta toca lanzar guiños y mimos a los catalanes, hacernos un poco la pelota…) Pero estoy segura de que contenía una parte de verdad que yo entiendo, entiendo…¿Y si te digo, querida amiga, que a mí me ha llegado a pasar al revés? ¿Que sentía envidia de quien nació con una sola lengua que defender, un solo mundo que guardar? ¿Que podía reírse de las naciones y las tribus porque, cuando éstas no duelen, ni te das cuenta de que las tienes? ¿Como los bronquios o como el páncreas?

Miren, este libro está enormemente trabajado. Trabajadísimo. He entrevistado a un montón de gente. He escuchado mucho. He pensado y –espero- he hecho pensar mucho.

Pero sobre todo, sobre todo, este libro está muy sentido. Porque surge del no poderme permitir apearme emocionalmente de este debate, de este problema, como ya lo creo que me gustaría. Surge de un desgarro que primero fue interior, después algo más exterior y finalmente fue una herida abierta a gritos.

Yo con este libro he intentado dos cosas:

a) Contar que tenemos un problema, que yo quiero que este problema se arregle y que conozco mucha otra gente que quiere lo mismo. Que quiere poner paños calientes de sentido común, como dice alguien a quien quiero, entre otras cosas, por decir eso...

b) Contar que tenemos un problema de modo que quien me lea no pueda bostezar y darse la vuelta en la cama. Les prometo que este libro es de todo menos aburrido. Porque yo no lo soy. Y porque estoy tan cansada de aburrirme con esta historia, que he buscado contarla absolutamente de otra manera. Como no se suele contar. ¿A lo es mejor por eso que en general no se entiende nada?

¿Y si se lo empiezo a contar en forma de historieta? ¿De parábola? Miren, les voy a copiar aquí un pequeño fragmento de un relato de ficción que escribí hace cierto tiempo, a escondidas de todo el mundo. Es rigurosamente inédito. La protagonista de mi historia es una periodista madrileña que trabaja en los servicios de comunicación de la presidencia del gobierno de España. Y un día a la salida de una rueda de prensa del presidente, a la que por razones que no vienen al caso ella, Paula, no ha prestado mucha atención, va y le sucede esto:

Al salir de trabajar se encaminó como siempre hacia el aparcamiento de la Facultad de Estadísticas. Allí se encontró con una periodista nativa de Barcelona, habitual de Moncloa, que había asistido a la rueda de prensa de la tarde (de la que Paula no se ocupó ni casi se enteró, estaba liada con otras cosas) y que ahora trataba de parar un taxi para volver a Madrid. Pero no pasaba ninguno. Paula se ofreció a llevarla en su coche.

-Me ha extrañado mucho no verte cuando el presidente del gobierno ha hecho su alucinante anuncio…-comentó la periodista de sopetón, antes incluso de abrocharse el cinturón de seguridad.
¿Alucinante anuncio?, acusó Paula el golpe de la inopia. Por saber qué anuncio era ese que había hecho el presidente, justo después de reunirse con el Catalán, se habría dejado cortar un pecho. Pero por supuesto se dejaría cortar los dos antes de preguntarlo. Optó entonces por lo único que se puede hacer en un caso así: pisar el embrague, poner cara de póquer y confiar en el afán exhibicionista de los mejor informados que ella. Al fin y al cabo, para presumir de lo que se sabe no hay más remedio que revelarlo.
-Cuando el presidente ha empezado a hablar yo no daba crédito, Paula, la verdad…¿tú crees que todo esto lo dice en serio?
-Hasta donde yo sé, todo lo que dice el presidente siempre es en serio…
-Pero es que esto…¡esto es que es muy gordo! Y para que lo diga yo, que soy catalana…
La susodicha periodista de Barcelona parecía tan abrumada, y tan incapaz de especificar por qué, que Paula sopesó la posibilidad de aparcar sus escrúpulos profesionales y tirarle abiertamente de la lengua.
-¿Lo has hablado con los demás periodistas? –inquirió en un último intento de sonsaque sutil- ¿Ellos se muestran tan… reacios como tú?
-Bueno…desde luego nadie se esperaba esto. Nadie esperaba que el presidente saliera y anunciara que va a convocar un referéndum para que todos los españoles voten…¡si quieren que Cataluña y el País Vasco sigan formando parte de España! ¡Nos ha jodido!
El dato le llegó a Paula cuando ya salían con el coche del complejo de Moncloa. Casi se come un autobús que pasaba.
-¡Pero mira por dónde vas! –la regañó la de Barcelona, para volver acto seguido al carril principal de su queja- ¡Un referéndum para que todos los españoles decidan si quieren cargar por más tiempo con nuestra “eterna disparidad rechinante”, o si prefieren olvidarse de nosotros de una puta vez! ¡Y que ahí nos las compongamos, pagándonos nuestro ejército, nuestra seguridad social y nuestro servicio de correos! ¡Y que si jamás se nos ocurre volver a aparecer por Madrid, que sea con el pasaporte en la boca…siempre que nos admitan en la UE, que si no, hasta un visado habrá que sacarse! ¡Como si viniéramos de Nigeria!
Ella chillaba cada vez más alto y a Paula esto le hacía el mismo efecto que la primera vez que vio desplomarse las Torres Gemelas de Nueva York por la tele. También aquel día lo primero que pensó fue que las imágenes estaban muy bien hechas, pero que evidentemente tenían que ser un montaje. Ella era consciente de que los periodistas de Madrid suelen desempeñar su trabajo con una tasa de alcohol en sangre mucho más alta que la máxima permitida para conducir. Esta era de Barcelona, pero llevaba en Madrid tiempo más que suficiente para haberse aclimatado.
-Déjame decirte, Paula, que esto supera ampliamente en cachondeo al referéndum de la OTAN y hasta al de la sucesión de Franco…¡Esto es la hostia! Qué mala leche tiene este presidente, parece mentira. Y yo que le consideraba un tío majo…Pues aquí nos la ha metido doblada pero bien, bien, bien…
-¿A quiénes? –se interesó Paula.
-¡¿Cómo que a quiénes?! Oye, ¿tú no serás de los freaks que van a votar que no? –le espetó con brusca alarma- ¿Ya no nos cuentas a los catalanes como españoles? ¡¿Ya te la suda lo que nos pase?!
-Pero, ¿qué os va a pasar? –trató Paula de sosegarla y de calmarla- Ser independientes, tener un país para vosotros solos…¿no era lo que queríais?
La periodista de Barcelona la miró furibunda:
-¡Yo no! ¡Yo no lo quiero! ¡Y la mayoría de los catalanes que yo conozco, tampoco!
-Pues vaya –asimiló Paula con cierto desconcierto esta respuesta –Pero entonces, ¿qué problema hay con el referéndum? Se vota que no y aquí paz y después gloria…
Había algo esencial que por lo visto Paula estaba tardando mucho en comprender; y eso a la de Barcelona la sacaba de quicio.
-Si este referéndum fuera sólo en Cataluña yo no me preocuparía, Paula…Sería un juego de niños…Lo que me preocupa es que esto se ponga a votación en toda España…Precisamente ahora que están tan hasta la boina de nosotros…¡Precisamente ahora!
Sus susurros habían ido adquiriendo tal componente de angustia que Paula experimentó una imprevista punzada de compasión.
-Porque un señor que vive en Cornellà, pero él o sus padres nacieron en Córdoba, siempre tendrá a dónde ir…Siempre puede volver y pedir asilo, supongo…Pero si eres catalán, catalán a secas…¿a dónde te vas? ¡¿A los Altos del Golán?! Me cuentan que ya hay gente colapsando el puente aéreo y el AVE, cruzando los Monegros en coche y si se tercia el Ebro en patera…Ya verás, en unas horas va a ser el éxodo…
De algún modo Paula acabó intuyendo que aquello era como la caída de la segunda Torre Gemela en Nueva York, que dio incomparablemente más miedo que la primera. Porque que la primera Torre cayese era un delirio, algo que no podía suceder; mientras que la segunda Torre se desplomó en un mundo ya consciente de que aquello sí era posible. En pocos minutos el mundo se había hecho incomparablemente más viejo.

Para que la realidad no supere a la ficción…¿me sigues, por favor? ¿Sigues leyendo?

Artículos anteriores
¿Quién es... Anna Grau?
Anna Grau
Periodista y escritora. Ha sido delegada de 'Avui' en Madrid, corresponsal de 'Abc' en Nueva York y ha sido o es colaboradora de TV3, Catalunya Ràdio, RAC1, COM Ràdio, RNE, TVE, Telecinco, Antena 3, 13 TV y Televisión de Castilla-La Mancha. Actualmente firma desde Madrid en 'Abc' y en el digital 'Cuarto Poder'. Es autora de tres novelas y del ensayo 'De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak' (Destino, 2011).
Comentar