Nada nuevo en el horizonte político emergente

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Jueves, 30.04.2015 08:48
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Sabemos lo que ofrecen el PP i el PSOE como objetivos globales para el próximo mandato parlamentario. El uno, siguiendo la tradición de la derecha de siempre, estabilidad política, un gobierno de derechas con los cambios necesarios a fin de que los negocios, todos, no resulten perturbados. El otro, siguiendo la tradición de la socialdemocracia a la que Europa, España incluida, le debe prosperidad y estabilidad social, un cambio dentro del sistema, adjetivado ahora de “seguro” para marcar la diferencia con cambios inciertos.

Al final, quedan o quedarán unos cambios corrientes, los de una alternancia normal en democracia

Pero, ¿sabemos lo que ofrecen como objetivos globales los calificados de “partidos emergentes”, Ciutadans/Ciudadanos de Albert Rivera y Podemos/Podem de Pablo Iglesias? Sinceramente, no, más allá de una ruptura verbal -la división simplista, pero retóricamente impactante entre “la casta” y “la gente” por parte de Podemos, entre ciudadanos y corruptos por parte de Ciutadans- y de una imagen atractiva gracias a la juventud y a la capacidad de comunicación de los dos líderes fundadores.

Naturalmente que también ofrecen estabilidad política y social –lo contrario sería una aberración-, y cambios. Se sitúan, pues, en la misma línea que el PP y el PSOE, con matices, huelga decir, reflejados en propuestas que, en la parte conocida, presentan diferencias, acusadamente con el PP, pero todo dentro del sistema, que solo padecería por la inexperiencia en el gobierno y la gestión de los asuntos públicos y por el carácter inviable de algunas de las medidas anunciadas, si se mantuvieran. Han seguido una táctica tosca y engañosa, pero efectiva en lo que concierne a la propaganda de los cambios: lanzar propuestas ilusionantes - renta básica de ciudadanía, complemento salarial anual garantizado…-, que atraen simpatizantes e intenciones de voto, después, poco a poco, las van retirando a cachos o las diluyen del todo. Al final, quedan o quedarán unos cambios corrientes, los de una alternancia normal en democracia.

Lo que destaca de esas opciones políticas es, más bien, lo que no ofrecen. En cuestiones trascendentes, que afectan o afectarán a nuestra sociedad más que un punto arriba o abajo del IVA, como por ejemplo el cambio climático, los desafíos que plantean los mercados financieros y las multinacionales oligopolísticas, el terrorismo yihadista, la inmigración masiva irregular… no tienen una posición innovadora o, simplemente, no tienen ninguna posición. Igual como no la tienen ni innovadora ni de ninguna clase en cuestiones “de la calle” (por comunes y porque “están presentes” en la calle), como por ejemplo la anomia de sectores de la sociedad -la corrupción solo es una de las manifestaciones de la anomia-; la práctica frecuente del abuso, que roza a veces la estafa, de compañías de servicios, bancos, cajas, empresas, no de todos, pero sí de un buen puñado; los efectos perniciosos de internet y de los móviles en los adolescentes; la progresiva desculturización estructural de la sociedad, la incitación permanente al consumo superfluo; el incivismo galopante… No son cuestiones menores, pues hacen todavía más insoportable la crisis y, en parte, son causa y efecto de ella.

Si aquellas trampas y esa vaciedad llegan a ser percibidas por los electores conscientes, probablemente los resultados electorales desmentirán las encuestas y el periodismo de titular y crónica fácil. No basta con poner una novedad en el escaparate político, si no hay nada verdaderamente nuevo detrás.

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