Nuevo plan de la Generalida de destrucción sanitaria

Se impidió a Lleida y, por extensión, a toda Cataluña. Ahora la Generalidad ha retomado la destrucción por otro camino. Crear un Barnaclínic privado en todos los hospitales públicos o de pago público, aunque fuera parcial. Se entienden los cambios de directores gerentes de grandes centros del ICS. Podemos ir a una especie de 'apartheid' sanitario. Por una puerta los ricos y por la otra los que no lo somos.

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Alfons Quintà
Miércoles, 22.04.2015 10:57

Fracasado el primer plan de liquidación del Instituto Catalán de la Salud (ICS) mediante la creación de cuatro consorcios provinciales, la Generalidad ha decidido volver a intentarlo a través de la legalización formal y definitiva del Barnaclínic (BC), ente privado dentro del Hospital Clínico de Barcelona (HCB).

A continuación, la Generalidad intentará generalizar este confuso modelo en todos los hospitales públicos y en todos los hospitales de pago público, en el grado que sea (la antigua XHUP, hoy ampliada y rebautizada SISCAT) según he sabido en fuentes muy cercanas al consejero Boi Ruiz.

Fracasada la vía 'provincial'

Los intentos de crear un primer consorcio en Lleida fueron muy intensos. Se rompieron los cuernos. La Generalidad prometió lo que ni tenía. Decidieron un ataque provincia a provincia a pesar de que, el tradicional rechazo por parte del independentismo de este término y de esta división administrativa, que, en cambio, es muy viva en el nacionalismo vasco.

Al fracasar, ha optado por un plan B que muchos sospechábamos que existía. Mas. Mas-Colell y Ruiz no tienen ni una mínima idea ni un minúsculo interés por la organización sanitaria ni por la salud de los ciudadanos. Quieren destruir el Estado del bienestar, tanto como puedan y más. Esto es paralelamente a su gran interés por mejorar la financiación de su partido.

Con su fracaso en la vía destructora que debía empezar por Lleida, la Generalidad ha perdido aquel 'round' pero, como muchos nos temíamos, ha iniciado otro.

Obstinación interesada de Mas

En ningún tema la Generalidad ha sido tan obstinada, tan opaca, tan mentirosa, ni ha causado tanto daño. Ha tenido un consejero insolente que ha usado vilmente el repugnante aparato de propaganda mediática de la Generalidad. Sobre ello, podría escribir no un libro sino una enciclopedia.

Ahora bien, de entrada es culpa de la Generalidad que el Hospital Clínico de Barcelona (HCB) -y no hablemos de su privada Barnaclínic- esté jurídicamente en unos limos jurídicos. También ha jugado la voluntad privatizadora del inefable director de HCB, totalmente identificado con CDC. Nada viene de ayer. Basta con una precisión: el HCB es el único hospital clínico de toda España, que no fue transferido primero al INSALUD y luego a las Comunidades Autónomas. El pasado enero, la Universidad de Barcelona, ente también con su parte de culpa, expuso como el HCB se ve a sí mismo.

Confusión jurídica respecto el Clínico

Hoy, la Generalidad se quiere aprovechar de la confusión jurídica que ella misma ha creado, deliberadamente. Nacido como intrínsecamente público, el HCB fue transferido a la Generalidad, mientras el Ayuntamiento se retiraba en el 1986, firmando un acuerdo definitivo de separación en el 1998. La primera Universidad de Barcelona (UB) sigue, haciendo el papel de triste figura, pese a ser propietaria de los terrenos y que el HCB sea su hospital universitario.

El Ayuntamiento de Barcelona, permite que cada año el HCB ponga en su balance, creo que con fines maquilladores, una deuda del Ayuntamiento hacia el HCP de 121 millones de euros. No creo que esta deuda exista, como tampoco existiría otro de 40 millones que se atribuye a una deuda por parte de Comunidades Autónomas y que no tendría soportes contables. Un informe de la Sindicatura de Cuentas lo puso de relieve. Este y muchos temas deberían merecer una aclaratoria consideración en la campaña municipal que está al caer. Realmente hay muchas opacidades de gran interés ciudadano.

La universidad y la privatización

Quizás empieza a ser hora de que la UB reaccione contra la privatización sanitaria, como felizmente lo hizó la Universidad de Lleida, con una nota diciendo que no iría contra el Parlamento autonómico de Cataluña. Este se pronunció contra ese consorcio y también contra el hecho de que BC continuara su actividad mientras no se hiciera un informe sobre su actividad. Este informe aún no se ha entregado al Parlamento autonómico.

Si la UB siguiera el camino de la Universidad de Lleida, se frenaríala maldad de la Generalidad y, además, resultaría que el consorcio privatizador del HCB sería impensable, desde su inicio. En efecto, en el punto 6, Apartado 2 de la Propuesta de Estatutos del temible futuro consorcio privatizador del HCB aparece que en el órgano rector de éste habrá diez representantes de la Generalidad, cuatro de la UB y tres de la Asociación de Conocimiento Clínico, un clan de poder, sin ninguna base ni funciones institucionales ni siquiera pública, como la tienen los Sindicatos, organizado por el director del HCB, el inefable Piqué. Para formar un consorcio se necesitan un mínimo de dos entes publicos, lo que obviamente no es esa asociación de Piqué. Si la UB saliera del proyecto de consorcio con el HCB el problema quedaría resuelto.

Autocracia y buenos salarios

BC es la base del poder autocrático de Piqué en el HCB y los buenos salarios de unos pocos, precisamente porque son elegidos para trabajar en el centro privado BC, beneficiario de mil, digamos privilegios, por parte del HCB. Un análisis detallado del balance de este puede resultar sensacional. Según el último informe de la Sindicatura de Cuentas (2009). BC ha tenido muchos años de pérdidas y aquel en que tuvo más beneficios fueron de sólo 400.000 euros. La rentabilidad por HCB es mínima. Para los médicos elegidos por Piqué la cosa puede ser muy distinta.

En cambio, en el 2012, BC pagó a otras empresas un poco más de siete millones de euros. Esto muestra cómo los beneficiarios pueden ser, más que nadie, los médicos que, lógicamente, son la guardia pretoriana del poder omnímodo de Josep M. Piqué. Hay un cruce de actividad entre el HCB y su BC que hace caer de espaldas.

Una buena auditoría, que entrara en el funcionamiento del HCB y de BC resultaría insoportable. Así, me dicen que una gerente de BC ganaba tanto como el del HCB. Sería necesaria una fiscalización de verdad y constatar si los precios son de mercado o no. Era difícil saberlo porque durante años en la privada BC ha imperado el derecho mercantil, ciertamente, como el sector de negocios de CDC quisiera que pasara a ser en toda la sanidad hasta ahora pública.

Quejas de la sanidad privada pura

Todo ello es tan inefable que la Asociación Catalana de Entidades de Salud (ACES), la entidad empresarial de la sanidad privada pura, muy diferente de las dos patronales que han florecido a la sombra de la Generalidad (como la que presidió Boi Ruiz) presentó una denuncia contra BC. Argumentó que las privadas puras eran víctimas de competencia desleal.

Si el rector de la UB extendido de acuerdo con la barbaridad que encarna BC, debería decir, y si no extendido debería obrar de manera diferente. Es más, hay que recordar que la UB está a punto de elegir un nuevo rector. El actual no se presenta a la reelección. El nuevo rector quizás no sería tan osado ni tan poco transparente, ni tan poco respetuoso, como parece serlo el actual en relación al que, dentro de poco, lo sustituirá. Parece que el rector que está al caer sería mejor que el actual. Habrá que hablar más, esperando que los órganos rectores actuales, puedan saber dónde se están metiendo. En Lleida, la universidad reaccionó muy bien.

Josep M. Piqué y Jaume Aubia

Las fuentes me dicen que si el HCB lleva a cabo lo que quieren Mas, Mas-Colell y Boi Ruiz con el apoyo entusiasta del director del Clínico, Josep M. Piqué, y del todopoderoso Jaume Aubia, eterno hombre fuerte del Colegio de Médicos de Barcelona, pronto alcanzarán la privatización de muchos hospitales. Aubia acaba de ser, ay, distinguido con el premio Josep Trueta, ilustre médico que tuve el honor de conocer bien. Realmente Aubia no es otro Trueta, ni médica, ni sobre todo, humanamente.

Si la nueva operación destructora triunfara, en todos los hospitales públicos y en los concertados (concepto ahora recién ampliado) habría dos puertas de ingreso, una pagando y la otra no. La equidad, objetivo básico de la sanidad pública en todo, quedaría muerta y enterrada. Si Ruiz o CDC continuaran mandando, lo que ahora era una sanidad pública universal de calidad se irá deteriorando, para pasar a parecerse lo que había sido la beneficencia. Los que puedan pagarse uno de los muchos Barnaclínic, o bien pedir un crédito para pagarlo, lo harán. Los otros pueden llegar antes a cementerio. No tendremos equidad ni siquiera respecto a la pérdida de calidad de vida y de la muerte, sino un 'apartheid' sanitario, entre los muy ricos y los demás.

Respecto a este nuevo camino privatizador, Jaume Aubia, aliado de siempre de Piqué y mucho más listo que este último, espera atraer capital de fuera, en particular de los Emiratos del Golfo. No debemos olvidar que en la privatización del sistema y en toda la regresiva política sanitaria de la Generalidad sólo han destacado, por su dureza, por su ambición y por su capacidad estratégica y práctica, el hoy pluriimputado Josep Prat y Jaume Aubia. Son los más temibles. Nadie les puede tomar en broma.

El caso de hospitales de París

La entrada a la sanidad de capital de los Emiratos ya ha pasado, con efectos pésimos, en hospitales de París. En el punto de mira inmediato de todo ello, lo que no es nada menor, está el Sant Pau y el Hospital del Mar, ambos de Barcelona. En cuanto a la posible mancha de aceite que pueden representar el HCB y BC, cabe recordar que el Hospital de Sant Pau es una fundación, con el Ayuntamiento y el Arzobispado de Barcelona, así como la Generalidad. También hay que mencionar el Parque Sanitario Hospital del Mar que tiene como centro universitario la Universidad Pompeu Fabra.

Ya hay consorcios en los hospitales de Vic, Terrassa, entre otros. Con modificaciones aparentemente leves de sus estatutos, Boi Ruiz podría decir que la privatización sanitaria ya estaría encarrilada. El sector de los negocios sanitarios de CDC lo celebraría, no con cava, sino seguramente con champán 'Veuve Clicquot'. Este sector tiene como objetivo desterrar el derecho administrativo del control de los muchos millones de euros de la sanidad hasta ahora pública. El abandono del derecho administrativo implicaría una mayor facilidad para negocios opacos, como todo el mundo sabe. Pasan por la Consejería de Salud el 40 por ciento del presupuesto catalán y por el ICS unos 2.700 millones de euros.

Desesperación de Mas y del sector de CDC

Todo ello parece de locos. Pero, en el corto plazo, va de desesperación. Los hay de dos tipos. La del económicamente potentísimo 'sector de negocios de sanidad de CDC' y la desesperación propia de Mas para conseguir más financiación, por 27S, día de unas elecciones decisivas. Las quisiera ganar, pero que a día de hoy está abocado a perderlas.

La Generalidad está dispuesta a imponer, en los hospitales públicos puros -los ocho transferidos por el Estado- y también en la antigua XHUP (acaecida SISCAT), que haya dos puertas de entrada. La de los usuarios de la pública y la de los de pago, como ya sucede en el HCB. Realmente hay que ser muy osado para ir por ese camino. Su mero enunciado me ha causado vergüenza ajena.

La Vanguardia callará

Las posibilidades de impedirlo son razonablemente buenas. Una investigación judicial, o del tipo que fuera, del HCB y de BC podría encontrar petróleo. En un país normal bastaría con buenas informaciones periodísticas. Pero de evitarlo ya se encarga Mas, con los medios mal llamados públicos y con los subvencionados. Además, con respecto a La Vanguardia cabe destacar que Aubier y Josep Caminal, este con la curiosa función de 'director general de la Presidencia' (del Grupo Godó) están tan unidos como las encías y los dientes. En cuanto al silencioso Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, Jaume Aubia, desde hace muchos años presidente de hecho de este colegio ya le dirá que tiene que hacer o no hacer.

No varía la voluntad destructiva

Hace muchos decenios que escribo sobre política, cultura y en general la sociedad catalana, así de infinidad de temas de política española y particularmente internacional. Ahora bien, esta nueva barbaridad ha conseguido dejarme boquiabierto. Ciertamente, tienen más narices que vergüenza.

En síntesis, de la voluntad de destrucción de la sanidad catalana, por parte de Mas y de su sector sanitario, se puede decir lo que durante siglos se afirmó de la energía: no se creaba ni se destruía, sino que sólo se transformaba. Finalmente, llegó Einstein y su teoría de la relatividad y todo tuvo que ser matizado.

Tras el 27S sería necesario que las reiteradas chapuzas de la Generalidad se fueran al cubo de la basura. También habrá que tener presente que la Universidad de Lleida habrá contribuido en ello. En cuanto a la primera Universidad de Barcelona, usando una frase anglosajona, podemos decir que "el jurado está deliberando". Lo que pase respecto a todo el conjunto depende de lo que ahora haga la UB. La pelota está en su tejado. En menor grado también hay mucho que hacer con una acción judicial, como ocurrió en Madrid, acciones cívicas y que algunos medios de comunicación busquen la verdad. En cuanto al Parlamento autonómico, veremos si se deja pisar o no. Es relativamente fácil encontrar y exponer buñuelos inmensos respecto al Hospital Clínico y Barnaclínic. Ánimos.

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