Barcelona, capital cultural

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Jueves, 7.05.2015 08:44

Barcelona, como capital de Cataluña y capital española que es, tiene una marcada identidad cultural propia y compartida con el resto de España, basada en unas tradiciones y un patrimonio que se ha ido formando a lo largo de la historia.

La marca Barcelona debe convertirse en un referente de calidad para una amplia oferta cultural con proyección internacional

La oferta y actividad cultural de la ciudad constituyen un factor clave para su proyección internacional. La marca Barcelona debe convertirse en un referente de calidad para una amplia oferta cultural con proyección internacional y con capacidad para atraer producciones de referencia y transformarse en un destino cultural. Además, el cultural es un sector económico potente que tiene una gran capacidad para genera riqueza con el desarrollo de las industrias culturales.

Desde el Paritdo Popular, consideramos que la política cultural debe basarse en el equilibrio y la colaboración entre el sector público y el privado. En Barcelona necesitamos un nuevo marco en el que la cultura se pueda desarrollar, con la máxima libertad en todos los niveles culturales, desde la creación cultural hasta su promoción.

La acción de la Administración debe reducirse a lo que es estrictamente necesario y nunca ha de estar guiada por motivos ideológicos, lingüísticos o de cualquier otro tipo, cediendo terreno a la sociedad y a la iniciativa privada, que son los auténticos actores y agentes culturales. En este sentido, el papel del Ayuntamiento debe ser el del impulso, la promoción, protección y difusión, pero sin distorsionar el auténtico contenido cultural o someter este contenido a la línea ideológica o a intereses políticos.

Lamentablemente, en este ultimo mandato, la política cultural del Ayuntamiento de Barcelona se ha caracterizado por anteponer las inversiones independentistas a las prioridades culturales de la ciudad. El máximo exponente de este hecho ha sido el “Born, Centre Cultural”, que se ha convertido en la “zona cero” del independentismo, con una acción política que ha estado marcada por los excesos nacionalistas.

O como la utilización del nomenclátor para hacer política, otorgando a espacios públicos el nombre de personajes de dudoso prestigio, como el creador de la bandera estelada, Vicente Albert Ballester, o el que se autoproclamaba “amigo de ETA”, Lluis Maria Xirinacs.

Lamentablemente, en este ultimo mandato, la política cultural del Ayuntamiento de Barcelona se ha caracterizado por anteponer las inversiones independentistas a las prioridades culturales de la ciudad

Se han censurado producciones como la serie “Isabel” en el Saló del Tinell, por discrepar de su guion, o la película “The Gunman” porque no quieren ver toros en la Monumental, o el cartel con la fotografía de un torero de la exposición “World Press Photo”, que se realizó en el CCCB, por considerar que esta imagen es contraria a los valores que quiere proyectar la ciudad.

Esta visión reduccionista y local de la cultura no hace más que limitarla y mutilarla, como ha hecho al excluir a los autores catalanes que escriben en castellano de la casa Verdaguer; o en el Museo Etnológico, donde se han eliminado colecciones universales de gran valor, centrándolo únicamente en la etnología catalana.

En definitiva, para conseguir una Barcelona con una auténtica proyección cultural internacional, es necesario promover una cultura plural, abierta y competitiva, centrada en una oferta cultural de calidad, con contenidos y dimensión internacional, generada principalmente por la iniciativa privada, con pleno soporte a las entidades culturales, sin dirigismos ni subordinación al poder político.

Abogamos por una cultura catalana y española basada en las tradiciones y el patrimonio comunes, que retorne el prestigio a la cultura, despolitizándola, con una visión abierta y plural.

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