La conveniencia de regular las lenguas

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Sábado, 2.05.2015 19:09

Que en Cataluña el castellano esté ausente de la enseñanza es una anomalía que no existiría si, en su momento, se hubiera legislado sobre esta cuestión a nivel estatal. Que se inventen el lapao o el valenciano, tratando de romper la unidad de la lengua catalana, tampoco hubiera ocurrido si existiera esa norma sobre lenguas.

Dar una presencia a todas las lenguas españolas en algunas instituciones del Estado sería un reconocimiento de la pluralidad, que en algunos casos ya se da, coherente con un Estado plurilingüístico. Asegurar la presencia del castellano en todas las administraciones públicas también es un objetivo más que razonable.

Dar una presencia a todas las lenguas españolas en algunas instituciones del Estado sería un reconocimiento de la pluralidad coherente con un Estado plurilingüístico

Estas tres razones justifican regular las lenguas. Justifican una Ley de Lenguas. Lo anómalo es que no exista casi 40 años despues de aprobarse la Constitución. A muchos sacar las lenguas de la lucha partidista, o al menos tratar de hacerlo de buena fe, no les gusta. Entre el nacionalismo catalán lo entiendo. Quieren preservar el monopolio legislativo y seguir con sus experimentos de ingeniería social. Desde el nacionalismo españolista lo entiendo menos. Pero contrarios, los hay.

Desde el nacionalismo catalán se quiere seguir usando la lengua como una forma de homogenización social y, en última instancia, una pretendida forma de asegurar el predominio ideológico del nacionalismo. Creen que ciudadanos monolingües, o casi, serán más adictos al regimén. Que se pretenda romper la unidad del catalán ya les va bien. Les permite usar el victimismo para denunciar la paja en el ojo ajeno. Pero su objetivo no es el catalán, sino el poder. Por tanto, siempre se opondrán a que esta cuestión se pacifique.

Desde el nacionalismo españolista parece que no gusta que el catalán, el gallego o el euskera, sean consideradas lenguas españolas y, por tanto, tengan una presencia en las instituciones del Estado. Ridiculizan la cuestión con el argumento de que, si todo el mundo sabe castellano, para qué complicarse la vida. Y ponen ejemplos que pretenden demostrar lo grotesco de la reivindicación.

Sin duda, un país homogéneo con una sola lengua y una sola conciencia nacional nos evitaría muchos problemas. Y eso me vale para Cataluña y para el conjunto de España. Pero en lugar de soñar con un imposible, deberíamos hacer de la necesidad virtud. La homogeneización no se producirá, ni aún con políticas tan antidemocráticas como las de la Generalidad de Cataluña. Las declaraciones del presidente del IEC ("el bilingüismo mata y el trilingüismo aún más") son expresivas de la miseria intelectual y moral del personaje, que quizás sueñe con la limpieza étnica como forma de hacer realidad su 'país soñado'.

Lo lógico es abordar el problema, regularlo y tratar de aprovechar al máximo esa riqueza lingúistica. Lejos de matar, saber lenguas te prepara mejor para un mundo global. No es un pasivo, es un activo para ser competitivo.

Nos decía el otro dia el ex primer ministro del Quebec Jean Charest que los aspectos sentimentales y el proyecto común fueron determinantes en su país para derrotar al independentismo. Nos decía también que los jovenes del Quebec aprecian cada vez más su identidad múltiple, que los conecta a un mundo global. No se trata de contentar a los nacionalistas, sino de que quienes no lo somos construyamos una España mejor, en este y en otros muchos temas. Por nuestra propia convicción y de paso, si sirve para atraer a quienes dudan, mejor.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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