Las lecciones de Charest

El ex primer ministro de Quebec pasa por Barcelona para advertir sobre los riesgos de los proyectos secesionistas. Conviene que los partidarios de la federación enfaticen los mensajes sentimentales. Su prosa debe ser racional pero cálida, pues la poesía está del lado de los secesionistas.

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El ex primer ministro de Quebec Jean Charest, junto a Joaquim Coll (SCC) y Josep Borrell
Francesc Moreno
Viernes, 1.05.2015 06:04

Invitado por Sociedad Civil Catalana (SCC), Jean Charest, primer ministro de Quebec entre 2003 y 2012, dio este jueves una conferencia en el Colegio de Periodistas, en Barcelona, seguida de una comida en la que se pudo hablar de Cataluña, España, Quebec y Canadá.

Tres diferencias básicas. Canadá es un país joven (tiene alrededor de un siglo y medio de existencia) formado por dos comunidades de emigrantes europeos perfectamente diferenciadas: la inglesa y la francesa. Quebec tiene tan sólo un 11% de ciudadanos anglófonos, por un 80% de francófonos y un 9% de otros orígenes. Los anglófonos tienen derecho a la educación en su lengua materna. Los inmigrantes del resto del mundo se escolarizan en francés. Quebec tiene una renta per cápita inferior a la media canadiense. El agravio económico tiene un papel no significativo.

A partir de esas diferencias se inició un diálogo con los periodistas presentes: Sardà, Tapia, Bassets, Missé, Martín Blanco, Manchón, entre otros. Charest destacó la importancia de desvincular el debate independentista de las cuestiones políticas coyunturales, como la popularidad de los gobernantes o la situación económica del momento. Es una decisión con repercusiones a largo plazo, no algo que se pueda rectificar en las siguientes elecciones. El debate debe ser lo más racional posible. La población menos 'identitaria' y más racional es la que inclina la balanza a un lado u otro.

Los federalistas deben enfatizar los mensajes sentimentales

Conviene que los partidarios de la federación enfaticen los mensajes sentimentales. Su prosa debe ser racional pero cálida, pues la poesía está del lado de los secesionistas. Las simplificaciones y la incapacidad de demostrar las ventajas de la separación fueron claves para el triunfo del 'no' a la secesión en Quebec. El independentismo allí está en retroceso porque los jóvenes prefieren una identidad múltiple, que les abre las puertas del mundo. Sienten que aislarse les quita oportunidades en un mundo global.

Hay sectores sociales favorables a la secesión. Empresas con mercado exclusivamente interior del Quebec, o dependiente de la administración, y artistas y el mundo de la cultura en francés que se sienten más protegidos frente a la potencia del inglés. El relato común es esencial. Hay que que poner en valor el proyecto común.

Intoxicación de la opinión pública por parte del nacionalismo

Hasta aquí algunas de las explicaciones de Charest, que se cuidó mucho de no valorar la situación catalana y española por razones de prudencia derivadas de su carácter de ex primer ministro. Eso sí, dejó claro que unas elecciones ordinarias, se llamen como se quiera, en su país no legitimarían la secesión.

Josep Borrell, en su intervención inicial, denunció la intoxicación de la opinión pública catalana por parte de los políticos nacionalistas en base a mentiras contrastables, como la de que existe un límite a la solidaridad interterritorial en la Constitución alemana, que las balanzas fiscales se publican en todas partes, sobre los costes de la independencia o sobre la pertenencia a la UE del hipotético nuevo Estado.

Saquen ustedes sus propias conclusiones. Solo decirles que entre los asistentes se apreció el tono moderado, la voluntad de entender las razones del otro, y la falta de afirmaciones demagógicas a la par que la convicción profunda de su relato.

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