El señor Espinàs no lee periódicos españoles

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Miércoles, 17.06.2015 08:51

Dice que no es porque no sean interesantes, sino porque se cansó de leer opiniones en contra de Cataluña. Lo dice en un artículo publicado el pasado 13 de junio en El Periódico de Catalunya. Bien, admitamos (a modo de hipótesis) que tiene razón, que cada vez que en el resto de España se escribe algo sobre Cataluña sólo es para decir cosas malas de este territorio y de sus gentes. Lo que llama la atención es que en un ejercicio de cinismo impresionante, que estoy convencido que lo hace de forma inconsciente, producto de la superioridad moral que los catalanistas se autoatribuyen como premisa no discutible por nadie, y menos por ellos mismos, trae a colación la profunda reflexión del señor Xavi Hernández, conocido solamente por su maestría en jugar al fútbol, que dijo que los que se molestan con la pitada al himno nacional deberían preguntarse por qué ocurre eso. Ciertamente, el examen de conciencia es un ejercicio de modestia muy recomendable para ir por la vida. Pero ¿Y los indepes? ¿Ellos están exentos de hacer lo mismo? ¿No les iría bien hacerse su propio examen de conciencia y preguntarse por qué en el resto de España se escriben cosas que no agradan al catalanismo?

Durante mucho tiempo, en los periódicos madrileños se deshacían en elogios hacia Cataluña y su clase política, alabando el buen sentido y la prudencia del “nacionalismo moderado”

Planteando la cuestión desde el ángulo contrario: según la versión oficial del nacionalismo institucional, visualizada en la risita tonta del presidente de la Generalidad mientras se abucheaba el himno nacional, el mal trago que sienten muchas personas al ver menospreciado un símbolo de su país es un tributo necesario, por muy amargo que pueda aparecer, a la libertad de expresión de los demás. ¿Y los indepes? ¿No deberían en justa correspondencia leer impertérritos lo que se escribe sobre Cataluña desde los medios que no tienen obediencia catalanista? Llevando la cuestión al extremo del absurdo: ¿no debería el señor Gerard Piqué escuchar los insultos que recibió en León con espíritu deportivo, asumiendo que forma parte del derecho a la libertad de expresión? ¿no se debería considerar parte del paisaje que cuatro tontos pongan en el twitter alguna burrada sobre Cataluña?

Puede parecer esto una guerra del “y tú más”. Pero modestamente, me gustaría darle una explicación al señor Espinàs. Y si no le convence, le propongo que haga la comprobación empírica buscando en las hemerotecas para saber si fue antes el huevo o la gallina.

Durante mucho tiempo, en los periódicos madrileños se deshacían en elogios hacia Cataluña en general y su clase política en particular, alabando el buen sentido y la prudencia del “nacionalismo moderado”. Seguramente muchos en esto último lo hacían por apuntarse a una moda y sin saber realmente de qué estaban hablando. Pero con el tiempo empezó a cundir un sentimiento de estafa. Se había dicho que Cataluña no era independentista, que bastaba con atender sus moderadas aspiraciones de autogobierno. Se aprobó una Constitución y un Estatuto a partir de los cuales en Cataluña rige un nivel de autogobierno que no existe en muchos países con larga tradición democrática, con toda la capacidad para llevar a cabo una ingeniería social que conduzca a medio plazo a que el castellano, que muchos ciudadanos de Cataluña, después de aprender el catalán, lo tenemos como lengua natural, se vaya residualizando. Y aún así, el primer punto del orden del día de la política española seguía siendo la insatisfacción de los autodenominados nacionalistas, amenazando con radicalizarse. Mientras, una élite político-mediática lleva dedicándose a sembrar resentimiento hacia el resto de España desde sus tribunas subvencionadas con dinero público, desembocando toda esta labor de agitación en macromanifestaciones impensables en otros tiempos y exhibiciones de energumenismo colectivo como vejar a un himno nacional, cosas que en el resto de España y también en Cataluña, con toda razón se sienten como una bofetada.

Y para que no se me acuse de calumniador pondré dos ejemplos que me vienen en este momento a la memoria, aunque los hay a miles: la señora Rahola, aprovechando que se establece una medida económica, concretamente una subida del IVA en la que estaban incluídos los productos culturales, hablando de una España negra que desprecia la cultura y que se niega a abandonar el pozo de barbarie en que está sumida porque es donde se encuentra a gusto. El señor Junqueras diciendo que cuando Cataluña sea independiente se darán instrucciones a España para que pueda enderezar su economía.

Es innegable que desde el resto de España mucho de lo que se escribe sobre Cataluña está hecho con mucho desconocimiento y bastante incultura a veces. Pero que desde Cataluña hay una élite político-mediática que habla del resto de España con una prepotencia que se la pisan, también. Por tanto, señor Espinàs, el problema es más complejo de como usted lo plantea.

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¿Quién es... José Miguel Velasco?
José Miguel Velasco
Responsable de Organización de la agrupación de Ciudadanos en el Prat de Llobregat (Barcelona). Ex presidente de Acción Cultural Miguel de Cervantes.
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