Freedom for Frikilonia

Rahola, cronista oficial del Barça y directiva de honor

Se pregunta la columnista de referencia de los Godó si los aficionados al fútbol que no son del F. C. Barcelona serán capaces se sentir las mismas emociones que los azulgranas.

5 min
Pablo Planas
Sábado, 6.06.2015 13:45

"Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte. Estoy muy en desacuerdo con esa actitud y puedo asegurar que el fútbol es mucho, muchísimo más importante que eso" fue lo que dijo Bill Shankly, histórico mánager del Liverpool la enésima vez que le preguntaron qué era el fúbol. Inglaterra, donde inventaron las reglas de juego que ya los aztecas practicaban con las cabezas de sus enemigos. "Futbol es fútbol", zanjó Vujadin Boskov para quitarse de encima un ¿justo el resultado? en contra cuando entrenaba al Real Madrid, el mejor club de la historia.

¿Qué es el fútbol, maestro? le requirieron también a Luis Aragonés, el más grande entrenador. El sabio de Hortaleza bramó fastidiado: "¡Ganar, ganar, ganar y volver a ganar!". Cruyff, otro sabio, ha dicho que a quien silba un himno le falta un tornillo, lo que no viene al caso, pero que conste. Total que el balompié es tan vital como la capa de ozono, el agua dulce y el movimiento rotatorio del planeta.

Placebo o narcótico, el "circum" afiera a las hordas en persecución de un palo con una zanahoria. Menuda fiesta. Todo está amañado, del tal manera que los partidos se parecen más a un combate entre El Hijo del Santo y Blue Demon Jr. que a una contienda viril. Nótense los tocados capilares de los futbolistas, los tatuajes, las cejas perfiladas a lo Marilyn. Otro filósofo, don Alfredo Di Stéfano, fue palmario al respecto: "El fútbol se jodió cuando entró el primer secador de pelo en un vestuario". Debió ser cosa de Paul Breitner o Günter Netzer, que eran zurdos y alemanes federales, exactamente por ese orden.

¿Cuánto habrá ofrecido el Barça? ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar la Juventus? Blatter, Villar, Platini, que con el apellido paga, y toda la panda se lo pasan en grande con sus chanchullos, sus arbitrajes y componendas. A pesar de que las sospechas se han confirmado y el fútbol es un fraude, tiene sus ventajas. Los restaurantes están vacíos, hay menos tráfico y con un poco de suerte palma el equipo de casa y se puede dormir en paz sin petardos ni pitidos.

¿Saben quién sabe de fútbol? Pilar Rahola, mujer enciclopédica. Hoy sábado de la Copa de los Champiñones o Champions League da fe de ello un luminoso artículo sobre el Barcelona que debería enseñarse en las guarderías con las primeras letras. Escribe Rahola: "Desconozco si los seguidores de otros clubs sienten las emociones que sentimos los culés, aunque imagino que deben de ser igualmente intensas, tanto en las decepciones como en las alegrías. Porque si una cosa queda clara es que los colores del club se disfrutan incluso cuando se sufren. Y si, como es el caso del Barça, forma parte de una identidad azarosa y sublevada, y muchos hemos forjado en blaugrana la memoria de nuestra infancia bajo una dictadura, entonces la emoción es especialmente desgarradora. Somos seguidores de un gran club, con una gran historia. Aun así, si el Barça no fuera más que un club para muchos de nosotros, y no estuviera ligado de manera muy estrecha a nuestro latido colectivo, seguiría provocando grandes emociones. Es la grandeza del fútbol, "la más importante de las cosas sin ninguna importancia" que dicen que dijo Juan Pablo II".

Glups, ejem, ¿cómo? Los seguidores de los demás clubes tienen emociones, sí, alma, corazón y por lo general brazos y piernas. No tenga ninguna duda. Imagina bien, lo mismo en la victoria que en la derrota o en "el empate a cero sin goles" de los Manolos, los del Betis, el Logroñés y el Sporting de Gijón sienten como los demás y si les cortan, sangran. Salvo que la ciencia demuestre lo contrario, un seguidor del Numancia es en esencia genética, moral e intelectual exactamente igual que uno del Barça de Vázquez Montalbán y el ejército sin armas.

Lo de "forjar en blaugrana la memoría de nuestra infancia bajo una dictadura" resulta especialmente significativo, una cumbre del pensamiento raholiano, la solución al teorema del fuera de juego, la conjetura de Poincaré y una plausible explicación a la voracidad de los agujeros negros. El Madrid franquista y el Español "botifler". El Barça es el club de los buenos catalanes, de la gente de bien, de los amantes de la libertad, de la paz y de Qatar, cosa que ciertamente Rahola repudia. Pero buenas son las armas para la República aunque vengan de un Estado islámico. Todo el mundo tiene sus contradicciones. Se ignora si los seguidores del Barça que se consideran catalanes y españoles o las peñas que tiene el club en el resto de España están de acuerdo con la pitada al himno. Se supone que no. De hecho, conozco barcelonistas que pasarían por carpetovetónicos cavernícolas unionistas a los ojos de Rahola y forofos del Real Madrid que se declaran independentistas. La realidad no es del todo uniforme. A veces se va pasar por la calle a algún niño con la camiseta de la selección nacional o incluso del Español y cabe pensar que esos críos tienen personalidad, aunque según Rahola no esté claro que posean el don de las emociones.

Comentar