Análisis político

Ada Colau y las luces de Navidad

Esta es una ciudad laica que toca la balalaika. Además, la Navidad ya ha empezado con el calvo de la lotería al frente de la lista pachanga de Mas y Pejigueras.

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Pablo Planas
Domingo, 19.07.2015 13:35

El programa político de Ada Colau consiste en una sucesión de gestos cuyo objetivo es demostrar quién manda aquí. La alcaldesa ha tenido que transigir con el congreso de los móviles, acabará por ceder ante los hoteleros y tendrá que negociar con los hosteleros el expediente de las terrazas que pretende acotar. Tampoco se ha salido con la suya en materia de sueldos públicos y empresas municipales, pero aún así, sin nada por aquí ni por allá, Colau se diferencia de Trias en que ella manda y aquel estaba en Babia, capital del proceso.

La "derogación" de la pista de hielo navideña de la plaza de Cataluña es el tipo de alcaldada que puede dar más fama aún a Colau. Es una decisión congruente y sensata que se acomoda al carácter tropical de Barcelona, donde una pista de hielo desmontable es lo que una plaza de toros móvil en Lloret de Mar. Bien por Colau, aunque se echa en falta, por el momento, un debate sobre la inconveniencia energética, emocional y urbanística de las luces de Navidad. Los intereses económicos son lo de menos para el equipo de Colau, tal vez porque todos los parientes, amigos y colegas ya tienen trabajo en la Casa Gran, de ahí que las moratorias y prohibiciones no tengan en cuenta el factor empleo, el que se pierde y el que se deja de crear. Así que ya puestos, las luces de Navidad están de más. Esta es una ciudad laica que toca la balalaika, una urbe desacralizada en la que los colgajos luminosos de las Pascuas sobran. Desentonan con la decoración general y con el sentimiento mayoritario (en el seno del Ayuntamiento) de que las únicas iglesias que alumbran son las que arden. Además, la Iglesia, en este caso no tiene nada que ver y es más partidaria de los belenes vivientes que de convertir Barcelona en un remedo cutre y salchichero de Las Vegas con angelotes, velas y bolas que en vez de luz irradian patetismo.

Sea como fuere, la alcaldesa encontrará más reticencias entre los comerciantes del paseo de Gracia, la Diagonal y la Gran Vía que en los católicos confesos, que alguno queda. Puede parecer un poco prematuro y muy impropio hablar a estas alturas de la Navidad, pero Colau no se rige por el calendario gregoriano sino por el lunático y del mismo modo que el Papa quiere fechar la Semana Santa a piñón fijo porque sí, la alcaldesa está en su perfecto derecho de cargarse la Navidad como Ebenezer Scrooge y liberar a Barcelona de la ominosa presencia de una luminaria nada original, de envelat de tercera y que encima provoca la chufla de los guiris.

Dale duro, Ada y líbranos si us plau de ese horror. Además, la Navidad en Cataluña ya ha empezado y es la imagen del calvo de la lotería al frente de la lista pachanga del capitán Mas y su grumete Pejigueras. Menudas fiestas nos esperan.