La lengua de la ley

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Lunes, 24.08.2015 23:55

No sé, a veces, las sombras de mi razón alucinada y delirante me hacen creer que vivo en un Estado de Derecho Democrático y Constitucional del siglo XXI dónde se prioriza la (re)creación de lo "pluri-", lo "multi-" y lo "diver-" sobre la prioridad de lo común, lo urgente y lo imperativo, lo cual, dicho sea de paso, no significa uniformidad, homogeneidad o centralismo; no significa dogmatismo o esencialismo, sino únicamente seguir las propias reglas constitutivas de cualquier sistema de poder y enfatizar aquello que nos religa sobre aquello que nos distancia. Es más, en ocasiones, incluso imagino y fantaseo que todos remamos en la misma dirección a la hora de oponernos al Nacionalismo Identitario y que todos tenemos claro que, en las cuestiones de la vida pública, lo afectivo, lo emocional y lo sentimental debe estar supeditado a lo legal, lo justo y lo equitativo... y digo supeditar, no extirpar.

El nacionalismo político catalanista actual sería imposible si no fuera por su "hard core" de nacionalismo cultural y lingüístico

Asimismo, me suelo asombrar y paralizar ante seres libres, iguales y fraternos que no ven, que no quieren ver, que el nacionalismo político catalanista actual sería imposible si no fuera por su "hard core" de nacionalismo cultural y lingüístico... mejor dicho, sería impensable sin el "Dogma del Nacionalismo Lingüístico", por citar el título del mejor artículo que se ha escrito sobre el tema, de un tal Eugenio Trías... y eso no me hace olvidar la distinción entre un tipo u otro de nacionalismo, pero en la fanatizada "clase política" catalana actual, son ya, desgraciadamente, indistinguibles e inextricables.

También es graciosa la desconfianza o el complejo de superioridad de algunos que creen que hacer oposición al nacionalismo catalanista está permitido "si y sólo si" no dejas de ser -o te conviertes en- Catalanista, con las variaciones y los matices que se quieran... ( el "Dogma del Catalanismo Político", por parafrasear un poco). O que, en el silencio de las miradas, algunos piensen que si eres contrario al nacionalismo catalanista y no tienes un trasfondo catalanista eso es síntoma de que, o bien eres nacionalista españolista tradicionalista y absolutista disfrazado de "posmoderno" y sofisticado, o bien eres un españolista que no tiene el grado adecuado de anhelo por lo catalán o de bonhomía de lo catalán... pues mire usted, como diría aquel, ni lo uno ni lo otro, ni lo de más allá... y mi máxima consideración hacia los que sean catalanistas, españolistas, barcelonistas o europeístas, cómo no.

La lengua de la ley no puede articular palabra si primero no se subsana la discriminación, la exclusión y la negación del derecho a la lengua materna

De hecho, creo que hacer oposición al nacionalismo catalanista desde un catalanismo integrador, tolerante y civilizado me parece genial en tanto que les hace más "daño" político y en tanto que produce una disonancia cognitiva que obliga a reordenar las coordenadas semánticas de algunos, pero es necesario, posible y deseable que se le haga oposición desde otro Lenguaje, con tal de poder "pensar de otro modo" y crear así un contrapeso discursivo firme y contundente frente a su hegemonía virtual, su doctrina oficial, su marco mental... y, para tal fin, hay que hablar, simple y llanamente, desde la Lengua de la Ley, desde la lengua de la razón crítica y democrática en tanto que ciudadanos Españoles que no admitimos que utopismos totalitarios fruto del "principio de placer" de unos cuantos se anteponga al "principio de realidad", "a la inmensa mayoría". Pues la inmensa mayoría somos demócratas españoles que nos sentimos catalanes o demócratas catalanes que nos sentimos españoles... y amamos oscura y secretamente más a la lengua de la ley que a todas las leyes de lenguas habidas y por haber. Y no digo que las leyes de lenguas no quieran hablar la lengua de la ley, pero es que la lengua de la ley no puede articular palabra si primero no se subsana la discriminación, la exclusión y la negación del derecho a la lengua materna, que no es que sea sólo parte de la "identidad" personal, sino que es condición de posibilidad del libre desarrollo de la personalidad y del principio de igualdad de oportunidades educativas.

Quizás es el efecto de la Ley Electoral, que tan acostumbrados nos tiene a sobredimensionar a según qué partidos e ideologías políticas, por lo que ahora se pretende intentar poner al mismo nivel a las "lenguas españolas" que a la "lengua española", que digo yo que esta última será la más española todas... pues, permítanme una paradójica ironía "contra" lo que el derecho suele decir: en este caso, el "nombre sí hace a la cosa". Hacer tal cosa creo que sería absurdo y contraproducente, además de que por medio de apriorismos y fórmulas no se va a modificar la terca -y maravillosa- realidad: la lengua Española es la única lengua que todos entendemos, es la mayoritaria en Catalunya y es la segunda lengua de uso Internacional... y ya sé que todas las lenguas son igual de dignas y estimables, y que en Aragón, Valencia y Baleares lo que se habla es Catalán y no otros inventos o ficciones políticas, pero tanto el Gallego, el Vasco y el Catalán son incomparables frente al Español, y no se les puede adjudicar un status jurídico equivalente a la lengua común, ni conceder una importancia europea a la altura de las demás lenguas de la Unión.

Y, volviendo al tema, los que necesitan afectividad social, reconocimiento simbólico, "re-normalización" lingüística... mejor dicho, los que necesitan la ley y la lengua son los niños y niñas catalanes castellanoparlantes a los que se les ha humillado, manipulado y denigrado por tratarles como seres moral y políticamente inferiores desde las instituciones educativas -perdón, políticas- por no tener por lengua materna a "la llengua", a su "lengua única". Parece que últimamente todo es único, menos lo único que nos permite comunicarnos tanto en lo local como en lo global que es, ni más ni menos que la Lengua Española, menos lo único que nos permite construir una convivencia respetuosa, que es, ni más ni menos, que la Ley Democrática. Así que me causa un inesperado estupor que se reclame que el Estado y el Gobierno atiendan, promocionen y cuiden las lenguas minoritarias -política lingüística expansionista mediante-, como si las lenguas fueran personas con derechos fundamentales o como si los individuos viajaran a territorios bilingües, antes que exigir que las Instituciones y los Representantes de dicho Estado y de dicho Gobierno cumplan las Sentencias Judiciales sobre Política Lingüística... ya que no contemplarlas y no considerarlos como elementos activos e integrados de nuestro sistema, como atributos de la misma comunidad política, es tanto cómo aceptar implícitamente aquello de "España y/i Catalunya", sólo que esta vez en su versión y acepción lingüística.

No hay equidistancia posible entre un nacionalismo lingüístico catalanista que discrimina los derechos de los castellanoparlantes y una nación española democrática

Porque, no nos engañemos, de lo que aquí se trata, más allá de moralizar lenguas o de politizar leyes, es primero del respeto a la unidad, universalidad y objetividad de la lengua de la ley, y después ya se debatirán, polemizarán o discutirán otros temas, que en algunos aspectos o apreciaciones pueden estar en lo cierto. De lo contrario, es ponerse a la altura de aquellos que quieren proponer un "proceso constituyente" sobre lo "ya constituido" o sobre lo que "todavía no está constituido del todo"...y ya se intuye que dichos procesos nunca son neutrales ni inocentes.

En cualquier caso, y dejénme ser irónico de nuevo: ya que no hay equidistancia posible entre un nacionalismo lingüístico catalanista que discrimina los derechos de los castellanoparlantes y una nación española democrática ( pues no hay nacionalismo lingüístico españolista que haga lo propio con la lengua catalana), no se debería caer en la tentación del más mínimo atisbo de "Kitsch" en temas de política lingüística, en el sentido expresado por Milan Kundera en la "Insoportable Levedad del Ser": "Una de dos: o la mierda es aceptable (¡y entonces no cerremos la puerta del water!), o hemos sido creados de un modo inaceptable. De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. (...) Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor. El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch".

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¿Quién es... Víctor Hugo?
Víctor Hugo

Licenciado en Filosofía y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Máster en Filosofía Contemporánea (UAB) y Doctorando en Filosofía con una tesis sobre Eugenio Trías (UAM).

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