Los disfraces de Jordi y Marta (y Artur)

Artur Mas recorta. A Jordi Pujol se le podía “recortar”

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Los disfraces de Jordi y Marta
Sergio Fidalgo
Martes, 1.09.2015 00:25
Las tijeras. Esa útil herramienta que en manos de un profesional de la moda sirven para crear auténticas maravillas, y que cuando son usadas por un político pueden causar auténticos estropicios en la sociedad a la que han de servir.

Ahora que Artur Mas ha tenido la suficiente habilidad para evitar que los catalanes puedan evaluar su política de recortes gracias a la lista-cortina de humo de Junts pel sí no está de más recordar como el hombre que le designó como su heredero, Jordi Pujol, llegó a ser tan popular que hasta le dedicaron un recortable.

A jugar con el ‘president’

En 1992 por 495 pesetas (impuestos de esos que presuntamente no pagaba Pujol incluidos) cualquier infante o adulto podía disfrutar disfrazando a la Royal family catalana, al President y a su incombustible primera dama, ya que a inicios de los noventa tanto montaba, montaba tanto Jordi como Marta, Marta como Jordi.

De pagès o de pubilla, de monaguillo o con bata de boatiné, de ciclista triunfante o con vestido de gala. Sin olvidar los calzoncillos con la senyera o del Barça ni las medias con liguero. Que lo clásico en ropa interior también tiene su encanto.

La primera pareja de Cataluña podía representar todos los papeles de cualquier obra en el imaginario colectivo de partidarios y detractores y esa multiplicidad de caracteres se podía disfrutar en privado con unas tijeras y una cierta dosis de habilidad y paciencia.

Romeva y el club de la tijera

¿Sería Raúl Romeva uno de los que esperaban, ansiosos, llegar a su hogar para jugar a los vestiditos con Jordi o Marta? ¿Estaría ya practicando, cuando era talludito, las nobles virtudes del recorte previendo su futura adhesión a la Noble Hermandad de la Tijera, esa lista única que ha dado cobijo a lo mejor del trinchado patriótico?

El que sí pasará a la historia como el auténtico heredero del gran Mortadelo, como un genio incomparable del disfraz, es el delfín Artur Mas, al que no le han creado un recortable porque él mismo ha convertido toda Cataluña en un pasatiempo a base de tijeretazos desde que detenta la máxima magistratura política de la comunidad.

Número cuatro de una lista de la que es candidato a la reelección como inquilino del Palau de la Generalitat y ahorrándose los siempre incómodos debates en los que defender la gestión de su gobierno. Al final resultará que el listo era el hereu y no el eterno president