Así han afrontado los partidos la campaña más peculiar

Las siete principales listas han usado estrategias comunicativas muy diferentes en estas elecciones. En el fondo y en la forma

9 min
Los representantes de las principales formaciones políticas que se presentan a las elecciones del 27S, durante el debate organizado por 8TV
Carles Bellsolà
Domingo, 27.09.2015 00:00

La campaña electoral de las elecciones de hoy domingo ha sido peculiar en todos los sentidos. Ya desde la configuración de las candidaturas, con formaciones que saltaron por los aires y otras que se agruparon, y con candidatos decididos en el último momento. Y peculiar también ha sido la forma como estas listas han afrontado los 15 días de campaña.

Junts pel sí, una lista sin líderes

La gran candidatura del independentismo, formada con elementos de CDC, ERC, las entidades soberanistas y excríticos del PSC y Unió, ha procurado potenciar al extremo su propio carácter transversal. Haciendo de la debilidad virtud, han convertido la ausencia de un líder claro --Raül Romeva es sólo el cabeza de lista, con Mas y Junqueras como hombres fuertes en los puestos 4 y 5-- en un punto fundamental de su estrategia comunicativa.

Así, Catalunya sí que es pot ha buscado potenciar la imagen de movimiento social más que de coalición de partidos, con un énfasis especial en la multitud de nombres, célebres y anónimos, que les dan apoyo, y recordando también la elevada cifra de "candidatos" --voluntarios especialmente comprometidos-- que han conseguido reunir.

Salvo excepciones puntuales -como las réplicas airadas de Mas a algunos pronunciamientos empresariales sobre las consecuencias de la independencia-, han transmitido un mensaje en positivo, en la línea con la "revolución de las sonrisas" de la que habla el entorno independentista. La misma tónica ha seguido su entorno en las redes sociales, centrándose, sobre todo en presentar como infundados los pesimistas augurios sobre las consecuencias económicas de la independencia de sus adversarios.

Su propaganda electoral no se ha dedicado tanto a movilizar a un independentismo ya muy movilizado como a ganarse a los indecisos, especialmente, en el área metropolitana de Barcelona Con este objetivo, han incluido material e intervenciones en castellano, algo poco habitual en CiU, e inusual del todo en ERC. También han procurado pescar en las aguas más soberanistas de Catalunya sí que es pot.

Romeva les ha representado en carteles y ante los medios, pero no exclusivamente. Pese a su preparación, no respondió a las expectativas en los dos debates de laSexta y TV3. Acostumbrado a recibir piropos unánimes en su época como eurodiputado, se bloqueó al ser el blanco de todos los ataques.

C's, un partido ya con músculo

Hasta las pasadas elecciones, Ciutadans era un partido emergente, pero modesto. Tanto en presupuesto como en expectativas. Nada que ver con su situación actual. C's ha exhibido en esta campaña masa militante y capacidad de organización, a la altura de los partidos tradicionales.

También han mostrado un dominio del márketing electoral más clásico, recurriendo a explotar su color corporativo naranja y la fotogenia de sus dos figuras en los carteles, Inés Arrimadas y Albert Rivera. La candidata ha demostrado ser más sólida de lo que muchos creían, y ha transmitido de forma eficaz el mensaje de su partido. Un mensaje ni mucho menos centrado en rechazar la independencia, sino que proyecta a C's como fuerza de gobierno en la Generalitat, como representante de la mayoría no nacionalista que aseguran que existe en Cataluña. Y como adalid de la lucha contra la corrupción, de acuerdo con su linea regeneracionista.

En contra de Arrimadas se puede mencionar un cierto encorsetamiento: le ha costado sorprender y salirse del guión. Y el propio Rivera la ha eclipsado en ocasiones. No solo por escoltarla en los carteles y en muchos actos, sino por centrarse tanto o más en las próximas generales que en el 27S.

Catalunya sí que es pot, entre muchas aguas

La lista de "confluencia" de la izquierda alternativa no independentista sabía desde el principio cual era su leitmotiv y su público objetivo. Pero se ha encontrado con grandes hándicaps en su empresa. Y ha cometido algunos patinazos.

Uno de sus principales puntos débiles ha sido el propio candidato. No por la valía de Lluís Rabell, que ha demostrado ser un efectivo orador y un duro contendiente en la corta y la larga distancia. Pero sí por el hecho objetivo --e imposible de solucionar en dos meses-- de que era un absoluto desconocido para el gran público. Tampoco está nada claro que su nombre de marca sea el mejor posible, con un 'sí' compartido con la lista de CDC y ERC.

Han centrado su mensaje en el aspecto social, presentándose como alternativa a las políticas de austeridad de Mas y Rajoy. Pero no han rehuido hablar de su posición sobre el reto independentista. Y es una posición incómoda, desde el momento en que aspiran al voto de la izquierda que rechaza la secesión, pero también de soberanistas --e incluso independentistas-- que prefieran poner en primer término la cuestión social. Por este mismo motivo, han sido uno de los blancos preferidos de rivales tan dispares como el C's, Junts pel sí y la CUP.

Especial presencia en su campaña ha tenido el líder de Podemos, un Pablo Iglesias que considera crucial para sus aspiraciones el 20D obtener un buen resultado en Cataluña. Pero su entusiasmo, y quizás un análisis imperfecto de la realidad política catalana --en diversas entrevistas ha explicado que esta tiene una lógica interna propia-- le llevó a apelar al voto de origen "extremeño y andaluz". Un episodio muy criticado --le acusaron de "etnicista"--, por el que se posteriormente pidió disculpas, y que habrá que ver si tiene o no repercusiones en las urnas.

No les ha ayudado en absoluto durante la campaña su teórica socia con mayor poder institucional en Cataluña, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Que no solo no ha hecho campaña activa a favor de Rabell, sinó que ha flirteado con el independentismo. Hasta el punto de que una de sus concejales ha proclamado que votará a la CUP el 27S.

Los socialistas, a bailar

El PSC sí ha abandonado la ambigüedad en estas elecciones. Iceta ha renunciado al referéndum "legal y acordado" que proponía Pere Navarro hace tres años, y ahora el voto a su partido se leerá claramente como un 'no' a la independencia. Aunque ha ha procurado distanciarse de los otros dos partidos ni independentistas ni soberanistas, C's y PP.

Con un mensaje más claro, y sin alianzas de ningún tipo, su campaña se ha alejado de la singularidad de la de otras candidatiras y ha podido ser más clásica. Incluso en las formas, aunque la predisposición al baile de Miquel Iceta pueda parecer rompedora a simple vista. También clásico ha sido el PSC en otro sentido: es la única lista que presenta como candidato a su jefe de filas.

El PP, a arriesgar pero no tanto

La apuesta de situar a un hombre con un discurso contundente como Albiol se entendió como la necesaria asunción de riesgo ante las desastrosas encuestas que se encontró el PP en la precampaña. Pero el riesgo ha sido controlado. El exalcalde de Badalona ha puesto sobre la mesa su tema estrella, la inmigracion, pero sin cargar en exceso las tintas. Y lo ha hecho en el territorio que más domina: a pie de calle, con actos de pequeño formato e innumerables paseos con los vecinos, aprovechando su bagaje de político municipal.

Ha sido de los partidos que más ha insistido en cargar contra el independentismo. Casi más, por parte de sus dirigentes en Génova y en el Gobierno. Que han cambiado de táctica a medio partido: si al principio presentaban el 27S como unas autonómicas más, pronto pasaron a avalar de facto su carácter plebiscitario. Especialmente, al exhibir el Ejecutivo pronunciamentos de líderes internacionales del máximo peso (Obama, Merkel y Cameron). Está por ver si esos movimientos han ayudado o no a Albiol. Difícilmente lo habrá hecho la muy comentada intervención de Rajoy en Onda Cero.

La CUP, con nuevos aires

Especialmente llamativa ha sido la estrategia comunicativa de la CUP. Las encuestas les han augurado desde el principio un importante salto. Se supone que se nutrirán de independentistas de izquierdas que no quieren votar una lista con Mas. Es decir, de mucho voto más o menos prestado, y no necesariamente alternativo ni anticapitalista.

El partido ha afrontado este escenario con un cambio en sus formas. Empezando por su candidato. Del rictus serio de un David Fernández paradigma de la indignación han pasado a los aires juguetones de Antonio Baños. Que también ha sorprendido como asiduo a la corbata, y por su desarmante facilidad para caer bien incluso a sus adversarios.

Unió, el 'seny'

Han apostado por presentarse como los legítimos herederos del seny de la CiU de toda la vida, y han llevado este mensaje hasta sus últimas consecuencias. Ya desde su lema, pero también en sus mítines y las formas de su candidato. Se han dedicado especialmente al público empresarial, y a formatos en que su cabeza de lista, un Ramon Espadaler de verbo fácil y discurso complejo pero poco dado a las arengas y la confrontación, podía brillar más.

Su líder en las últimas décadas y máximo representante de la tercera vía que defiende Unió, Josep Antoni Duran Lleida, se ha mantenido en un discreto segundo plano durante toda la campaña.

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