El futuro del presidente de Volkswagen pende de un hilo

Martin Winterkorn podría presentar este mismo miércoles la dimisión por un escándalo que ha puesto en jaque la credibilidad de toda la industria alemana

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El aún presidente de Volkswagen, Martin Winterkorn (derecha), su predecesor en el cargo, Ferdinand Piëch (izquierda superior), y el primer ejecutivo de Porsche, Matthias Müller (izquierda inferior)
Cristina Farrés
Miércoles, 23.09.2015 13:17

El Grupo Volkswagen hace frente a su peor crisis en los últimos años. La compañía se desangra en la bolsa por tercer día consecutivo y un corolario de gobiernos de todo el mundo siguen la estela de Estados Unidos e investigan si la primera automovilística del mundo por ventas manipuló los límites de emisiones de sus vehículos.

La presión sobre el presidente, Martin Winterkorn, un ejecutivo que tiene fama de querer conocer los detalles técnicos de todos los modelos que salen al mercado, ha llegado a un nivel insostenible y el sector apunta que podría ofrecer su cabeza este mismo miércoles.

En la industria alemana, quien la hace la paga; y el error de Volkswagen no es precisamente menor. Su escándalo pone en jaque la principal fortaleza de la industria del país: la certeza de que es confiable, y el Gobierno de Angela Merkel no permitirá que se jueguen con un valor como éste a pesar del mea culpa público de Winterkorn este martes.

Matthias Müller, ¿próximo presidente?

No se debe olvidar que el land de Baja Sajonia es el segundo accionista de la automovilística con el 17% del capital, sólo superado por la familia fundadora (los Porsche controlan el 50,7%) y seguido del 12,3% de la autoridad inversora de Qatar y el 12,3% de accionistas privados. Por eso, lo que opine el Ejecutivo es transcendental para el futuro de la presidencia de la compañía.

La caída en desgracia de Winterkorn eleva a otro ejecutivo de la compañía que en abril ya estuvo en las apuestas para tomar la dirección ejecutiva del grupo: el máximo directivo de Porsche, Matthias Müller. Su aparición abre de nuevo la batalla interna entre los fundadores por el control de la automovilística, la misma que hace cinco meses provocó que Volkswagen también sufriera en los mercados a un nivel mucho menor, se dejó casi el 8% de su valor en varios días.

El retorno de Piëch

Si finalmente se cumplen las previsiones de los expertos, la crisis de la compañía propiciaría el regreso de quien ha sido su gran líder en los últimos años, Ferdinand Piëch (78 años), el mismo ejecutivo que perdió el pulso contra Winterkorn y sus primos hermanos, los Porsche, la primera semana de mayo.

Piëch fue invitado a dimitir de la presidencia de Volkswagen por generar inestabilidad en la compañía al intentar apartar a Winterkorn, que cuenta con el apoyo de los Porsche. Nadie esperaba que la victoria de esta facción familiar durara tan poco. Ni siquiera llegará a la reunión del comité ejecutivo del consejo de supervisión de la automovilística, el órgano con mayor poder en la compañía, que tenía previsto aprobar la prolongación del contrato de Winterkorn hasta 2018 en la reunión del próximo viernes.

Preocupación de las marcas

Más allá de las guerras intestinas de los fundadores del primer grupo de automoción del mundo (superó en ventas a Toyota en el primer trimestre), Volkswagen no para de mandar mensajes de tranquilidad. A sus clientes, a sus accionistas y en las últimas horas también a las 12 marcas que se integran en el grupo. Entre ellas, Seat.

La compañía alemana ha asegurado que los 3.300 millones de euros de inversión que recibirá la marca española hasta 2019 para impulsar, básicamente, el I+D en la sede central, situada en Martorell (Barcelona), están garantizados. Igual que los 900 millones que inyectará también en cinco años en la planta de Volkswagen en Landaben (Navarra).

Sanciones

Fuentes cercanas a la compañía aseguran que no se deberá sufrir en los primeros ejercicios. En cuanto a los últimos años, las presuntas garantías se ponen en cuarentena. Volkswagen se enfrenta a una sanción de hasta 16.700 millones de euros en EEUU, a la que se podrían sumar las del propio Gobierno alemán, la Unión Europea y el resto de países que investigan si la manipulación se repite en los modelos diésel que circulan por su territorio. También deberá asumir el coste de subsanar el error en, como mínimo, 11.000 vehículos y el de desarrollar rápidamente algún sistema que limite realmente las emisiones, aunque sea a costa de la potencia de motor.

Todo ello, con una provisión inicial de 6.500 millones de euros.