Los nuevos usos y costumbres sociales hacen menos fiables las encuestas electorales

Expertos del sector atribuyen los errores a las llamadas a teléfonos fijos. Las principales empresas demoscópicas relativizan el problema

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Votación en una urna electoral en las elecciones autonómicas del 27S
Alejandro Tercero
Jueves, 1.10.2015 00:00

Los cambios en los usos y costumbres de la sociedad han golpeado la línea de flotación de los métodos de trabajo de las empresas demoscópicas, dejando en entredicho su fiabilidad, como se ha comprobado en las autonómicas del 27S.

La mayoría de los sondeos preelectorales se basan en entrevistas telefónicas realizadas con llamadas a teléfonos fijos, pero cada vez es mayor el número de personas que solo tienen teléfonos móviles. Y, según reconocen expertos del sector demoscópico, esto produce un sesgo en las muestras utilizadas muy difícil de corregir.

Un perfil no recogido en las encuestas

Los analistas consultados por Crónica Global alertan de que el perfil sociológico de las personas que no tienen teléfono fijo es muy diferente de las que lo tienen, y acostumbran a quedar fuera de los trabajos de campo.

Mayoritariamente, se trata de personas jóvenes de clase media o media-baja con una mayor disposición a cambiar el sentido de sus preferencias por una opción política u otra.

Esta bolsa de potenciales votantes se ha incrementado sustancialmente en los últimos años sin que los responsables de diseñar las encuestas hayan reaccionado.

Las empresas defienden otras causas

Las principales empresas demoscópicas rechazan este planteamiento. De hecho, supondría poner en evidencia sus métodos de trabajo.

Fundamentalmente achacan el aumento de los errores en sus estimaciones a otros factores, como la falta de fidelidad de los votantes, el voto oculto, el retraso en la toma de decisiones de los electores o la aparición de nuevas opciones políticas.

“Es un hándicap”

El director gerente de Feedback, Jordi Sauret, admite que el método de llamar exclusivamente a teléfonos fijos para los trabajos de campo --lo que ocurre sobre todo en sondeos territorializados-- “es un hándicap”.

“Los que solo tienen móviles suelen ser jóvenes adultos que se independizan, y sus comportamientos pueden ser distintos de los que tienen teléfonos fijos a esa edad”, señala en declaraciones a Crónica Global.

“Puede haber un sesgo y, aunque lo completemos, ahí tenemos algunas dudas”, añade.

Se retrasa la toma de decisiones

En todo caso, Sauret insiste en que el problema estriba en que “la gente ha ido perdiendo fidelización con los partidos, se ha roto el nexo, y es más fácil que cambien su voto”.

“La decisión ahora se toma cada vez más cerca de las elecciones, e incluso las propias encuestas movilizan el voto hacia otras direcciones”, indica. Y pone como ejemplo el hecho de que la semana antes del 27S hubo un trasvase de votos del PP a Ciudadanos por considerar que éste era el voto útil contra la independencia.

También subraya que hay una preferencia oculta de gente que esconde su voto por opciones que “están mal vistas”, mientras que otros dicen posicionarse “a favor de los que queda bien”, como sería el caso de Junts pel Sí.

Un 25% de los ciudadanos, sin fijo

José Pablo Ferrándiz, de Metroscopia, calcula que en España hay alrededor de un 25% de los ciudadanos que solo tienen teléfono móvil, y reconoce que “es un sesgo muy grande” en los trabajos de campo.

Pero asegura que posteriormente “se ajustan bastante bien los resultados” y defiende que los sondeos no se ven afectados por este motivo.

Las encuestas “estiman tendencias”

Según Ferrándiz, el principal problema es que “la decisión de voto” actualmente se retrasa hasta el último momento, por lo que se muestra partidario de que cambie la ley para que se puedan publicar encuestas también los últimos días.

Ambos especialistas admiten que nos encontramos ante un nuevo escenario, afectado por la desafección política y por nuevos comportamientos sociológicos que les ha obligado a introducir nuevas variables y parámetros a la hora de hacer las estimaciones. Pero se defienden subrayando que sus estudios se dedican, sobre todo, a “estimar tendencias”, y que en eso siguen teniendo un alto grado de precisión.

En todo caso, la falta de acierto en los últimos tiempos ha puesto en entredicho la utilidad de las encuestas electorales, y todo apunta a que las empresas demoscópicas deberán replantearse algunos de sus métodos de trabajo, según los empresarios más críticos del sector.

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