Ofensiva 'convergente' contra la CUP para que acepte investir a Mas

Los opinadores próximos al partido de Mas aprietan las tuercas a la formación 'cupaire', en paralelo a las presiones políticas

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Abrazo de Artur Mas (CDC) y David Fernández (CUP) en la consulta del 9N. En los retratos, Salvador Cardús, Agustí Colomines, José Antich y Jordi Barbeta.
Carles Bellsolà
Martes, 29.09.2015 20:22

Las elecciones al Parlament de este domingo arrojaron un resultado diábolico de cara a la investidura. Pese a su muy amplia victoria, los 62 votos de Junts pel sí, la lista de CDC, ERC y las entidades soberanistas, no les bastan para investir como president al candidato de su elección. La lista necesita el apoyo -al menos, parcial- de algún otro grupo. Otro grupo que, a priori, solo puede ser la otra formación independentista, la CUP. Que ya ha avisado, por activa y por pasiva y en múltiples ocasiones, que no piensa investir a Artur Mas. Una tensa situación para CDC, ante la cual ya se ha desatadao una auténtica operación de presión en todos los frentes. Incluido el mediático.

Con sus 62 diputados, y dando por supuesto que los 63 representantes de los partidos no independentistas votarían 'no' en la investidura de Mas, Junts pel sí no tendría suficiente con una abstención de la CUP para investir a Mas en segunda votación, para la cual basta con mayoría simple. Se requeriría, al menos, el voto a favor de dos diputados cupaires.

El entorno independentista confiaba aun vagamente este martes en que el voto por correo otorgue el diputado número 63 a Junts pel sí, lo que permitiría que Mas fuera elegido solo con los votos de su candidatura y con una eventual abstención cupaire. Pero, en previsión de que los números no varíen, los opinadores más afectos a CDC han lanzado ya una agresiva campaña que trata de poner la máxima presión sobre la CUP. Por el método de responsabilizarlos de detener el procés, e incluso de acusarlos de coincidir en los intereses con el PP y C's.

Se insinúan conspiraciones

Uno de los ataques más agresivos ha venido por parte del periodista de La Vanguardia Jordi Barbeta, que ha llegado a sugerir pinzas y conspiraciones varias. "La coincidiencia de Rajoy, Sánchez, Ciudadanos y la Brunete mediática con la CUP para descabalgar a Artur Mas del procés me hace malpensar", escribió ya el lunes postelectoral, en una intervención en Twitter. Le secundó el exdirector de la fundación CatDem, vinculada a CDC, Agustí Colomines: "¿No encuentran surrealista que la CUP tenga la misma posición sobre Mas que el PP, Catalunya sí que es pot y Ciudadanos?".

Tampoco ha faltado el granito de arena del politólogo Salvador Cardús, uno de los opinadores considerados como más acríticamente próximos a CDC, que llegó a ser incluido en la lista de Junts pel sí. "Cuando se convierte a una persona en obstáculo de todo un proceso es fanatismo", también en esta red social.

Las acusaciones más duras contra la CUP, como estas, se han vertido en las redes sociales. Un terreno tradicionalmente muy bien trabajado por el mundo convergente. Y dónde, además, el entorno de la CUP es extraordinariamente activo. Y dónde, por tanto, es a priori más susceptible de ser influenciado.

Fuera de las redes, más moderación

Las presiones han abundado también en los medios. Con más moderación en las formas, pero siempre con el mismo mensaje. "La última fuerza política [del Parlament] podrá tener pendiente a la primera durante unos días o semanas sobre si lo importante ahora es pensar en si Artur Mas es president o no. Y pese a que en Madrid esto seria celebrado con champán", ha escrito el politólogo, articulista y multitertuliano Toni Aira en 'Món'. "Aun estamos a tiempo de tropezar, y mucho. Pero sería una pena, y, sobre todo, sería absurdo, ha añadido.

En un tono parecido ha hablado el exdirector de La Vanguardia José Antich, desde su nuevo proyecto de El Nacional. "Los intentos de desplazar a Mas de la presidencia de la Generalitat son de una gran miopía, ya que es tanto como expulsar al principal referente [del 'procés'] para la comunidad internacional".

Se repite la estrategia del segundo tripartito

El subtexto -y en ocasiones, directamente el texto- de estas presiones a la CUP es siempre el mismo. Que Mas debe seguir liderando el proyecto independentista, y que impedir que lo haga es hacer el juego a las fuerzas que se oponen a la independencia. A la vez, se ataca a la CUP cuestionando su utilidad -o su lealtad, en las acusaciones más duras- para la causa soberanista. En una línea muy parecida a como el aparato mediático de CiU cargo contra ERC durante el segundo tripartito, de 2006 hasta las elecciones de 2010, que llevaron a Mas a la presidencia.

Desde la CUP ya se ha visto venir la que les cae encima. Su candidato, Antonio Baños, ha advertido contra la tentación de Mas y CDC de "volver a viejas prácticas de poner en un callejón sin salida al resto". Y ha negado la tesis de que "si no es Mas, fracasa el proceso".

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