Profecías para el sí

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Jueves, 3.09.2015 03:14

Un profeta es una persona que nos predice el futuro a partir de determinadas señales o de su intuición. A veces, los profetas hablan en nombre de un dios, con el que tuvieron la suerte de hablar encontrándose a solas. Se caracterizan por prometer nuestra salvación en un tiempo lejano si les hacemos caso en el corto plazo.

Otros profetas hablan de la Patria convertida en Divina, y de ella se convierten en sus intérpretes y conductores: artífices de nuestra historia hacia un destino que nos prometen maravilloso y trascendental. Hablan de la Patria como unidad de destino en lo universal. Estamos llamados a hacer Historia, es el momento actual.

Me dicen: "Dime que sí y yo te construiré una casita blanca en medio de un prado verde". Pero su soberanía me sugiere impunidad y falta de derecho

El profeta no necesita demostrarnos que tiene razón, porque lo que nos anuncia no tenemos manera de comprobarlo en la vida real, peor para nosotros si lo creemos. Pero si el que habla es un político y nos promete cosas mejores, tenemos la ventaja que lo que nos promete es para nuestro futuro inmediato y por tanto, comprobable. Si no cumple sus promesas y la salvación no llega, a las siguientes elecciones lo echamos fuera y votamos a otros. Así es la democracia.

Sin embargo, cuando los políticos ejercen de profetas y nos prometen cosas que abarcan más de un periodo electoral, o nos prometen cosas que dependen de la toma de decisiones que a ellos no les competen y nos invitan a seguirlos para hacer Historia con mayúsculas, la cosa se va volviendo peligrosa. Sobre todo, cuando el camino a recorrer implica una ruptura con el Estado de derecho hacia una Arcadia donde con toda seguridad habremos perdido cualquier asidero de legalidad y control de lo que pueda pasar. La verdad, nunca he sido muy aficionada a los golpes de Estado ni a los redentores de cuatro cuartos.

¡Ancho queda el campo para los dictadores y aprovechados!

¿Por qué toda esta gente que me promete más democracia para el resto de mi vida si les dejo montar otro Estado “soberano” sale a la palestra ofreciéndome lo que creen que yo deseo para que les dé un sí? Es sencillo, me dicen: "Dime que sí y yo te construiré una casita blanca en medio de un prado verde". Pero su soberanía me sugiere impunidad y falta de derecho.

Como somos pacíficos, no nos hace falta ejército pero si el Estado Islámico decide comenzar su propia reconquista en casa, pedimos a España que está en la OTAN que nos ayude. Nos maltrata y no nos quiere, pero no se podrá negar

En el mismo saco veo mis deseos y sus contrarios: no saldremos de Europa ni del euro, pero de entrada sí; el español será oficial, pero ahora no lo queremos; nosotros decidiremos, pero tendremos monedas grabadas con las esfinges de terceros; somos mayoría pero las encuestas no dan; el mundo nos mira, pero no se dignan ni contestar nuestras cartas; no jugaremos en La Roja, pero podrías seguir siendo aficionado; como somos pacíficos, no nos hace falta ejército pero si el Estado Islámico decide comenzar su propia reconquista en casa, pedimos a España que está en la OTAN que nos ayude. Nos maltrata y no nos quiere, pero no se podrá negar.

Me huele a rancio. Me huele a charlatanes de linimento y crecepelo en una maleta de cartón. Profetas de lo antiguo y sin nada nuevo que ofrecer: ¡Promesas de un mundo mágico que sólo habita en sus cabezas!

Profetas que me dicen que me harán un pasaporte catalán y podré conservar el español. Que yo sepa, la doble nacionalidad requiere de un acuerdo entre países, y en caso de que no exista, y el ciudadano quiera obtener una nueva, tendrá que renunciar a la antigua. Señores, cuando te separas, cada uno vela por sus intereses particulares y ninguno por el conjunto. Si existiera separación, España haría bien en hacer lo que creyera más conveniente a sus propios intereses. Eso es separarse.

Supongamos que de repente, en el cómodo plazo de un día, mediante una declaración unilateral de independencia, equiparable a un decreto inválido e ilegal, que prescinde de cualquier otra consideración, se monta el Estado catalán, y se me abre la posibilidad de tener nuevo pasaporte. Aun suponiendo que España reconociese a Cataluña como nuevo Estado (dudoso), podría no permitirme compartir con Cataluña la doble nacionalidad.

Nos volvemos extranjeros en nuestra tierra, con la pérdida de derechos que ello significa

Junts pel Sí, querido oráculo, ¿Qué hago? ¿Cuál de las dos nacionalidades elijo? Pues, creo que la española, porque soy pensionista y en España tengo mis derechos reconocidos; porque podré circular libremente por el Espacio Schengen; porque hay muchos convenios con Iberoamérica que me favorecen; porque quiero optar a becas de la Unión Europea; porque mi moneda fluctúa menos porque le apoya un banco central y más de cuatrocientos millones de ciudadanos, o porque soy productor y prefiero que mis productos circulen en un espacio más grande sin aranceles.

Si yo tomo esta decisión es extraordinariamente probable que muchos otros ciudadanos hagan lo mismo que yo: nos volvemos extranjeros en nuestra tierra, con la pérdida de derechos que ello significa. Y así, por arte de magia Cataluña pasa a ser un Estado con 3 millones de catalanes y 4,5 millones de extranjeros residentes.

¿Pero qué digo? Esto no puede ser, mejor renuncio a la nacionalidad española. Pero si a mi Estado no lo reconoce nadie, ¿qué hago? ¿Me vale el pasaporte catalán para corretear por ahí o sigo llevando el pasaporte español escondido en la mochila, por si acaso? ¿O hago al revés y por miedo al ridículo el que llevo escondido en la mochila es el pasaporte catalán? Mis dudas tengo: ¿No es lo mismo ir por el mundo sin papeles que con un pasaporte de un Estado que no existe? ¡Uf!, antes de viajar, aparte de tener en cuenta los visados, los billetes y las vacunas habrá que consultar la lista de países que ya nos reconozcan.

¿Y ya con Estado propio, todavía sin reconocer, y habiendo renunciado a ser española, y a viajar, renuncio también a todo lo demás? Tal vez, con los ahorros que tengo, si me sacrifico un poco, podría arriesgarme a no cobrar la pensión durante un tiempo, siempre que no me devalúen muy rápidamente el dinero ni estemos en un corralito. Pero, ¿cómo demuestro los años cotizados si toda la información la tiene la administración española? ¿Me pueden facilitar un certificado que me podrán enviar desde Madrid, porque aquí no tendremos consulado? Pero, estará el Gobierno de Madrid dispuesto a darle el dinero de mi pensión al Gobierno catalán si no lo considera otro estado? ¿Y si me dan largas al asunto y los de aquí no me lo reconocen o se escudan en que ellos no lo cobraron? ¿Y si cobro de unos como voy a pagar los impuestos a los otros?

¿Y si con la merma en impuestos, la deuda que dejamos con España, la falta de crédito internacional, sin la ayuda del FLA y la inoperancia de los bonos patrióticos construimos un Estado fallido?

¡Ay, madre! En que dificultades nos metimos. ¿Y si las prisas o por distracción o por terquedad algunos deciden pagar sus impuestos en España y los otros en Cataluña? ¿Y si con la merma en impuestos, la deuda que dejamos con España, la falta de crédito internacional, sin la ayuda del FLA (Fondo de Líquidez Autonómico) y la inoperancia de los bonos patrióticos construimos un Estado fallido? ¿Un Estado en quiebra con todas las de la ley? ¡Ay, la lotería de la Generalitat, La Grossa, qué tristeza nacional!

Esos que siempre salen a la palestra a fantasear sobre mi futuro, toda esa gente que me promete más democracia y que no voy a perder ningún derecho español, ¿tienen algo concreto que los apoye o ya se acostumbraron a su fantasía y la confunden con la realidad?

Juntos por el Sí. Juntos, porque no tienen nada más. Juntos el gobierno y la oposición. Juntos se abrazan, porque se quieren sobre todas las cosas y nada es más importante que “Todo por la Patria, hacia nuestro destino universal”. Juntos, no pagando proveedores de medicamentos, juntos recortando el Estado del bienestar, juntos vendiendo sanidad a los amiguetes, juntos porque la entelequia patriótica lo requiere. Juntos hasta que yo les diga que sí, pero no me aseguran que en la Arcadia que les queda todavía por definir no se pelearan buscando el modelo apropiado para que yo sea más feliz o como repartirse el pastel entre ellos, sin cortapisas.

Hacen bien en esconderse, todos juntos, más protegidos, por si al final la realidad es más complicada que en los cuentos y les llueven chuzos de punta

Muy mal nos irá si se muestran tan hábiles gobernando en esa Arcadia --simbolizada acertadamente con una sola estrella solitaria-- como hasta ahora lo han hecho sin tantos imponderables. Hacen bien en esconderse, todos juntos, más protegidos, por si al final la realidad es más complicada que en los cuentos y les llueven chuzos de punta.

¿Entonces, no saben dónde van o son unos mentirosos?

Ay Dios, hace dos mil años había posibilidades de distinguir al verdadero profeta del farsante y ahora no hay ninguna señal que lo indique. ¿Dónde me quedaré yo cuando me digan que decida lo que decida en la Nueva Arcadia siempre salgo perdiendo?

Por suerte, teniendo ya derecho a decidir, ahorraremos en parlamentarios al otro lado del Ebro. Si saliendo de mi patria me convierto en apátrida, no queda más que hacer turismo de país, que como será pequeño gastaremos poco en recorrerlo. ¿Me conformo? Total, en un día voy y vuelvo y aún nos sobrará mucha patria donde caernos muertos. Además, siempre nos quedará la posibilidad de blanquear dinero o contrabandear con pasaporte falso detrás del Ebro.

No sé por qué, me enredé pensando en sueños.

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¿Quién es... Mireia Esteva?
Mireia Esteva

Escritora y licenciada en Biología. Ex consultora de la OPS en Washington. Desempeña responsabilidades de dirección en la Administración pública catalana.

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