Ser columnista diario en Cataluña

3 min
Miércoles, 2.09.2015 23:00

El oficio de columnista es una de las profesiones más arriesgadas en la Cataluña actual. No porque la labor sea complicada. Total, por suerte, cada uno tenemos nuestras opiniones. Además, lo cierto es que --algunos así lo creemos-- la labor de una columna nunca debe ser informar, y menos convencer, sino simplemente debe ser eso: dar una opinión. Desde la reflexión, desde la pregunta, algo básico para hacer pensar a la gente.

En esa labor, algunos oscuros personajes no quieren hacer pensar a la gente de Cataluña. Su única reflexión es el dogma y la fe. Quien se sale de la línea, no juega. Alentando no la crítica sino la fidelidad. La genuflexión delante de cualquier entrepierna. En esto del proceso, por si alguien lo duda, parece obvio que, cuanto menos hagamos pensar a la gente, mejor irá el tema. En ese sentido, gente cuya única labor sea agilizar el intelecto del personal, la reflexión, somos incómodos. Mal país aquel en el que una opinión no se discute, como debería ser, sino directamente se ataca.

Algunos oscuros personajes no quieren hacer pensar a la gente de Cataluña. Su única reflexión es el dogma y la fe. Quien se sale de la línea, no juega

Llevamos cerca de 25 columnas, y hemos hecho algunas preguntas sobretodo al 'procés'. Preguntas para la reflexión. La respuesta, el silencio. Aún no sabemos cuánto cobra Romeva, qué fue del Colectivo Wilson, o, aunque sea un personaje muy menor, tampoco conocemos el curriculum de Gabriel Rufián. Aún menos sabemos qué nacionalidad tendríamos --o hasta algo tan elemental como qué moneda usaríamos-- en caso de independencia. Son preguntas mínimas de una cultura democrática. Preguntas cuya máxima respuesta son ataques 'suicidas' por quintas del biberón kamikazes en Twitter. Gente con menos de 20 seguidores y lanzados al insulto y a la demagogia barata. Tácticas desesperadas que retrotraen a otros tiempos.

Pero aún iremos a más. Me ha hecho gracia estos días que uno de esos comunicadores del independentismo --ya saben, los que al revisar su curriculum se comprueba que tienen una capacidad innata para trabajar sólo con dinero público-- tuiteara que preguntar por el curriculum de Rufian era ponerlo en la diana. No, señores de la fe y el dogma. Poner en la diana a alguien es ponerle en un muro, pegarle un tiro y pensar al día siguiente por qué lo hemos hecho. Los débiles de mente hacen eso. Otros somos precavidos y no nos van los muros, ni siquiera los de Facebook. No tenemos la duda de preguntarnos al día siguiente por qué lo hicimos porque tenemos el coraje de hacer sólo cosas que somos conscientes podemos hacer.

Señores, por llamarles de alguna forma decente, preguntar por el curriculum de alguien es un ejercicio lógico. Algo diario en cualquier empresa seria cuando das protagonismo a alguien. Nadie osa guardarlo en el silencio. Los silencios esconden demasiadas cosas. Mientras algunos, por suerte, seguimos y seguiremos opinando, seguiremos escribiendo y seguiremos preguntando en voz alta, otros hace tiempo que han preferido callar. No es fácil opinar en Cataluña. Es una profesión arriesgada. Nunca ha sido fácil y ahora todavía menos. Es una verdadera lástima un país donde uno no puede opinar libremente. Eso no es un país democrático, por mucho que algunos se llenen la boca asegurándolo. Y perdonen la comparación pero, cuanto más nos acercamos al 27S, menos democracia vemos en algunos. Seamos claros: ¡Vienen curvas!

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
Comentar