Unas elecciones, más que raras, esotéricas

Los estrategas nacionalistas han convertido unos comicios en un referéndum en el que el 'sí' se concentra en dos listas y el no, en todas las demás

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Artur Mas, el candidato oficialista, está ausente de los debates, como ocurrió el jueves pasado en el que se celebró en 8TV.
Joaquín Romero

La campaña electoral del 27S es de las más singulares que se han vivido en este país, por no decir la más rara, esotérica y, en cierta forma, irracional. Y lo es por dos razones fundamentales.

La primera es la presión que los estrategas del nacionalismo ejercen sobre el proceso para trastocarlo en un referéndum, una presión que les lleva a esconder al candidato como si fuera un tapado. Y les da resultado. Los pronunciamientos internacionales y los del mundo empresarial contra la independencia son una muestra del éxito de esa estrategia.

Y la segunda razón es el afán por mimetizar la fórmula de Podemos en las municipales: una coalición de fuerzas y personalidades en la que todos suman y nadie resta (aparentemente).

El pasado no existe

Convertir unas elecciones anticipadas en un plebiscito --sin las reglas de un plebiscito, claro-- supone eludir el debate de la gestión de gobierno. Junts pel Sí niega abiertamente que se deba discutir sobre la presidencia de Artur Mas.

No hay que tratar la corrupción que afecta al partido que ha gobernado Cataluña casi tres décadas --Jordi Pujol y su familia no aparecen en la campaña--, como tampoco se debe opinar, por ejemplo, del asalto de la patronal sanitaria al sistema público de la mano de Boi Ruiz y sus colaboradores, unos cuantos de ellos imputados por la justicia.

Es un desquicie que lleva a Junts pel Sí a ocultar la cara de Artur Más en el folleto electoral --en el que no aparece la estelada-- y a usar a Raül Romeva, “experto en relaciones internacionales”, como mascarón de proa. Un cabeza de lista que se ha convertido en objeto continuo de pitorreo por sus sonoros patinazos.

 

Pero esa estrategia permite sustraer a Mas de los debates y de los cara a cara. Se mantiene por encima de la contienda. Si con este panorama, vuelve a presidir el Govern que surja del 27S, habremos asistido a un fenómeno político sin parangón en una democracia occidental. Digno de estudio.

Con el apoyo de los antisistema

La formación que, según las encuestas, debería apoyar a la candidatura oficialista para formar Gobierno, la CUP, presenta a un líder que defiende la abolición del Parlament en el que quiere entrar, y sólo habla de aquellos temas que conoce, que desde el punto de vista político, son muy pocos, poquísimos. Dicho sea con todo el respeto.

Artur Mas trató de integrar en su lista unitaria a este grupo antisistema, que es la antítesis de lo que representa CDC. Y aun hoy en día aspira a que le dé su apoyo en ese Parlament que Antonio Baños quiere fumigar. Las encuestas apuntan que podría cosechar un éxito notable como receptor del voto de protesta. “Governem-nos”, es su lema: lo podría haber utilizado CiU en 1980.

La fórmula Colau, pero sin Colau

Los herederos de ICV también han tratado de repetir la fórmula municipal de Barcelona en Comú. Para hacerlo bien tendrían que haber dado con otra Ada Colau.

El cabeza de lista, sin embargo, es un líder vecinal poco conocido, Josep Lluís Franco Rabell, Lluís Rabell en la cartelería electoral. De tercero figura Joan Coscubiela, un viejo conocido de la vida pública catalana. Además del error de incluir también un “Si” en el nombre de la candidatura, resulta complicado saber si están contra la independencia o sólo contra la que propone el President.

No es de extrañar que, en esas condiciones, haya más indecisos entre los votantes de ICV que entre los del PSC, que ya es decir.

"¿Estás harto?"

En la sociedad catalana es frecuente oír a gente que dice estar enfadada, harta. Una sensación que empuja a muchas personas a acudir a actos como las masivas manifestaciones de la Diada, una mezcla de ilusión y de rechazo para quienes la estelada no produce urticaria.

El despiste de los artífices de la campaña del PP en Cataluña es tan fuerte que han elegido la pregunta “¿Estás harto?” como eslogan de su buzoneo. No saben que el Govern siempre ha vivido de perfil y que la responsabilidad del cabreo reside permanentemente en Madrid, en la Moncloa.

Prisionero de su propia gestión de gobierno, el PP huye de los temas concretos y trata de capitalizar la recuperación económica y ese malestar catalán. Sabiendo, claro está, que la radicalización le beneficia.

De ahí, la incorporación urgente del populista Xavier García Albiol como cabeza de lista y el ostracismo disciplinadamente asumido de Alicia Sánchez Camacho, socia de Artur Mas cuando era austero, antes de ser astuto.

El PSC asume su historia

Pese a que todo lo tiene en contra, el PSC de Miquel Iceta es el partido que más luce sus propias siglas en esta campaña. Y, aunque hasta ahora no ha sabido zafarse del monotema identitario, intenta centrar el debate una y otra vez en las grandes cuestiones sociales y económicas.

La huida de algunas figuras señeras del socialismo catalán hacia posiciones nacionalistas no ha añadido músculo a ERC ni a CDC, pero sí ha debilitado al PSC que tiene en Iceta a un cancerbero inteligente.

C's abre el foco

Ciudadanos ha abierto el foco: desde la defensa del bilingüismo como mensaje único al resto de las grandes cuestiones ciudadanas, pero llega un poco tarde. A tenor de lo que indican las encuestas, este joven partido podría haber jugado un papel capital el 27S, pero la decisión de Albert Rivera de reservarse para las generales y colocar a una desconocida Inés Arrimadas como cabeza de lista le resta posibilidades.

Algo parecido a lo que le ha sucedido a Unió Democrática de Catalunya (UDC) escindida a última hora de su socio de toda la vida y con un buen candidato, pero insuficiente. Duran Lleida sabrá por qué no ha encabezado él mismo la lista, lo que hubiera sido la apuesta más segura para hacer un buen papel el 27S. 

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