Zona Cero

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Martes, 8.09.2015 23:00

Hoy escribo tranquilamente desde una cafetería del centro de Barcelona, en la plaza de la Catedral. La verdad, redactar una columna política con una antigua BlackBerry siempre es una experiencia diferente. Y, nos guste o no, la vida es la suma de experiencias; cuanto más variadas, mejor. Un día arriba, otro día abajo. Experimentar es siempre vivir.

Faltan pocos días para las elecciones y no sabemos aún nada del día después. Por citar tres claves: nacionalidad, moneda, Unión Europea. Nada que no sea fe y dogma

Aunque soy del Eixample bajo de la capital, siempre me ha fascinado el casco antiguo de Barcelona. De pequeño jugaba por algunas callejuelas cercanas a las Ramblas. Soy un apasionado de la historia de mi ciudad, y tengo recuerdos fascinantes del cambio de Barcelona durante estos años. Ahora, por circunstancias de la vida, ya no vivo aquí, pero siempre que tengo la oportunidad me encanta disfrutar de mi Barcelona. Ya sea sentado en cualquier cafetería, como hoy, o simplemente escuchando el sonido de la ciudad mientras paseo. Incluso de pequeño era capaz de distinguir las sirenas de la policía, bomberos o ambulancias. Un pequeño triunfo diario, heredado por mi hijo, recordado con cariño.

A los que somos de un lugar nos cuesta aceptar los cambios. Pero los cambios siempre vienen y, cuando llegan con sinceridad y transparencia, son positivos. Por propia dinámica social, los estatus siempre cambian. Por ejemplo, en el amor. Un día nos enamoramos de alguien, y al cabo de unos años la hemos olvidado por otra. Tenemos una imagen idílica casi enmarcada en nuestra memoria, y cuesta dejarla atrás, pero al final lo hacemos. No hay que tener miedo al cambio. Tampoco hay que inventarse historias. Las historias las hace la vida, y el cambio es vivir. Cambiar es el motor de cualquier sociedad.

Pero cambiar al vacío es otra historia. La vida es también siempre riesgo, pero uno no debe arriesgar sin saber. He escrito unas cuantas veces que la independencia en sí no debe generar miedo, todo lo contrario, es un pensamiento incluso interesante. Quienes hemos tenido un entorno nacionalista sabemos la importancia del respeto a las diferencias. Pero, precisamente fruto de ese conocimiento, somos lo primeros que no podemos convertir esa idea en un pozo de silencios y ocultaciones, como es todo este procés.

Faltan pocos días para las elecciones y no sabemos aún nada del día después. Por citar tres claves: nacionalidad, moneda, Unión Europea. Nada que no sea fe y dogma.

Cuando veo pasar al enésimo turista por delante del ventanal de la cafetería, pienso en si volvería a venir cuando esto ya no sea un lugar tranquilo. Pienso en si este lugar tranquilo, con música de fondo suave, volverá a ser el centro de un gran cambio o simplemente el cambio de algunos que quieren imponer sus ideas a cualquier precio.

Me hago mayor y me gusta recordar cuando paseaba por mi Barcelona de pequeño. Me gusta ver a los turistas pasear y disfrutar de mi ciudad. Me gusta esta Barcelona que fue tranquila y vive bien. Quizás soy un iluso, pero para mí la Zona Cero es esto, y no me apetece cambiarla por algo propiedad de sólo unas familias. Cambios, siempre; apropiación, nunca. Mi Barcelona ha madurado en los últimos 150 años, y yo no quiero volver a las familias de hace 300 años. Pensemos en cambiar para mejor pero nunca en dar un país a unos pocos.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric
Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.
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