Abadía Retuerta, el máximo lujo entre paredes del siglo XII

El precio medio de una habitación, una antigua celda de los monjes, ronda los 370 euros, servicio de mayordomía incluido

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El hotel Abadía Retuerta LeDomaine visto desde los viñedos al atardecer.
Paula Ferrer
Sábado, 3.10.2015 19:03

En abril pasado The New York Times publicó la relación de los diez mejores hoteles de Europa donde el huésped --adinerado, muy adinerado, hay que añadir-- puede sentirse como en casa. En la lista sólo figuraba un establecimiento español: Abadía Retuerta LeDomaine, un cinco estrellas de lujo instalado en un convento del S. XII, rodeado de viñedos y de apenas tres años de vida.

El hotel se ha construido en un monasterio románico que en 1931 había sido declarado bien de interés cultural. A lo largo de distintas etapas de restauración, los propietarios --los laboratorios Novartis-- han levantado un auténtico monumento, complementado con piezas del fondo artístico de la multinacional suiza.

Inversión sin retorno directo

La inversión que se ha hecho a lo largo de los últimos siete años es de retorno directo imposible. El hotel, en realidad, es un complemento de la bodega, un complemento que añade valor a la producción vinícola y la arraiga más al territorio.

La multinacional farmacéutica nunca quiso comprar los viñedos, y tampoco la abadía. Se enteró de que eran de su propiedad cuando recibió un recargo de Hacienda, la administración más eficaz de España, por un impuesto agrícola no satisfecho.

Sandoz, una de las firmas que dio origen a Novartis, tenía un distribuidor de semillas, Prodes, que almacenaba sus existencias en la capilla del monasterio, a la que los tractores accedían por el hueco de una pared derribada y gracias a una rampa metálica que se apoyaba en la pila bautismal milagrosamente intacta del siglo XII.

Una vez se dieron cuenta de lo que tenían entre manos, decidieron apoyarlo a fondo. Primero, el vino; y luego, el hotel.

Una estrella Michelin

Ahora, comer en el restaurante Refectorio, donde antes lo hacían los monjes, cuesta unos 170 euros. Los propietarios encargaron a Andoni Luis Aduriz la asesoría gastronómica. Su discípulo Pablo Montero fue distinguido en noviembre pasado con una estrella Michelin. Dormir en una de sus grandes habitaciones --donde antes estaban las celdas-- una media de 370 euros.

En estos momentos, el 66% de la clientela del hotel procede del exterior, con una presencia destacada de viajeros norteamericanos. La mayor parte de los fines de semana está reservado por familias que celebran bodas en la capilla, que necesitan todas las habitaciones y que tienen posibles para hacer frente a una factura final de entre 30.000 y 40.000 euros.

Desde el principio, el proyecto ha sido diseñado con el máximo lujo posible. Desde las dimensiones y los acabados de las habitaciones --algunas de ellas con litografías de Miró-- hasta los espacios comunes, como el mobiliario de los bares, restaurantes o salas de reuniones para empresas.

Sala Capitular 

El servicio, el primero del país que incluyó el concepto de mayordomía, es de gran nivel y discreción, lo que le ha permitido figurar desde apenas un año después de abrir sus puertas en la asociación Relais&Châteaux y aparecer entre los tres mejores hoteles del país para los clientes de TripAdvisor.

La última incorporación a la gama de servicios que ofrece ha sido el espacio Santuario Le Domaine, un centro lujosísimo de wellness y spa.

Una de sus ofertas, quizá la más genuina, tiene que ver también con el lugar donde está enclavado: conocer la finca que le rodea. Unas 700 hectáreas, de las que apenas una quinta parte está dedicada a la plantación de los viñedos de los que nacen las marcas de Abadía Retuerta.

Al contrario que el monasterio, enclavado en lo alto de una ladera, en lugar bien visible, la bodega está disimulada y medio enterrada dentro de una enorme pineda; de tal manera, que sólo desde las zonas más altas del valle es visible. Las instalaciones, que empezaron a levantarse antes de comenzar la restauración de la abadía –el primer vino se puso a la venta en 1996-, se ubicaron en un lugar más discreto precisamente para no competir con el protagonismo del monumento románico.

Vinos de calidad y muy específicos

La bodega, enfocada en los últimos años hacia la producción de pagos y vinos que sólo se comercializan si cubren unos requisitos de calidad, concentra su producción en vides con arraigo en la zona y plantadas en los terrenos más propicios. Un sistema dirigido a obtener vinos muy específicos, tanto por la uva como por la tierra.

Desde ese punto de vista, la bodega y el hotel son dos servicios complementarios que tratan de vincularse al máximo al territorio, al valle del Duero, y a sus características. Una oferta que en su conjunto forma parte de lo que se ha dado en llamar enoturismo, una definición que en Abadía Retuerta no acaba de gustar mucho, pero que es bastante exacta: enoturismo de gran lujo.