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Historia de un ambicioso recurrente: Ramon Masiá

El empresario que intenta desbancar a Valls de la Cámara de Comercio de Barcelona fracasó hace 15 años al propiciar una operación similar en Fira de BCN

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El letrado Ramon Masiá (derecha) y las fachadas del recinto de Fira-2 de Barcelona y la Cambra de Comerç
Xavier Salvador
Miércoles, 7.10.2015 21:07

Corría octubre de 1998 cuando el presidente del comité ejecutivo de Fira de Barcelona, el malogrado Josep Lluís Jové (entonces director general de Aguas de Barcelona), anunció que renunciaba al ansiado cargo. Las razones oficiales tenían que ver con sus responsabilidades en el grupo Abgar, que le exigían mayor dedicación a causa de su papel ejecutivo creciente. Las ciertas tenían más que ver con los celos que aquel cometido ferial producían a su entonces presidente, el también malogrado Ricard Fornesa.

Jové había desempeñado desde 1994 el cargo máximo en la entidad ferial. Lo hacía en tanto que vicepresidente segundo de la Cámara de Comercio de Barcelona y por delegación del presidente de la institución empresarial desde 1991, Antoni Negre Villavechia. A pesar de la crisis económica del momento y de la pujanza de la madrileña Ifema, la feria competidora desde la capital española, durante el mandato de Jové se impulsó la construcción del nuevo recinto de Gran Vía a través de la creación de la sociedad Fira 2000. Jové fue, sin duda, el primer empresario que pilotó la transformación de la institución ferial en una entidad híbrida entre el sector privado y el público.

Los celos de Negre, un burgués químicamente puro

Por aquel entonces, Negre terminaba su mandato como presidente de Eurochambres, Asociación Europea de Cámaras de Comercio e Industria. Sin pensárselo demasiado, aquel burgués químicamente puro recuperó el cargo de presidente del comité ejecutivo de Fira Barcelona. Como Presidente de la Cámara le correspondía por estatutos.

Nunca se explicó en estos términos, pero protagonistas de la época lo recuerdan con meridiana claridad: “Negre estaba celoso de los éxitos de Jové, y forzó su renuncia para asumir él la presidencia de la Fira”.

Quitarse a Cabruja de en medio

En aquellos momentos, Adolf Cabruja era el director general de Fira de Barcelona, designado años antes por Pasqual Maragall y ratificado por el entonces alcalde de la Ciudad Condal, Joan Clos.

Antoni Negre deseaba sustituir a Cabruja, y ante la resistencia de Clos urdió un plan en dos grandes ejes. Por un lado, encargó a la consultora Europraxis que lideraba Manel Brufau --hoy el máximo directivo de Indra en Cataluña--, un estudio que ponía de manifiesto las carencias de Fira de Barcelona. Negre se encargó de difundirlo en todos los estamentos políticos y económicos de país.

El sobrino llega al puente de mando

Por otro lado, nombró a su sobrino Ramón Masià Martí como jefe del gabinete de presidencia de Fira de Barcelona. Desde esta posición, el abogado Masiá, el mismo que ahora ha intentado destronar a Miquel Valls de la Cámara de Comercio, inició desde dentro de la casa el acoso y derribo de Cabruja.

Masiá conoció entonces a Valls, que era presidente de la comisión de asuntos económicos de Fira de Barcelona y que se mantuvo al margen de la trifulca.

Llegan los cambios, pero no los previstos…

Como resultado del maquiavélico plan de Negre, en septiembre 2000 se celebró el acto institucional de constitución de los nuevos órganos de gobierno de Fira Internacional de Barcelona. Era la llamada “refundación de Fira”: se constituyó el nuevo Consejo General de la Fira, máximo órgano de gobierno y representación, presidido por el alcalde Clos, con el consejero de Industria, Comercio y Turismo de la Generalitat de Catalunya, Antoni Subirà, como vicepresidente primero, y por la Cámara de Barcelona, Antoni Negre, como vicepresidente segundo.

También se nombró el primer consejo de administración de Fira con Jaume Tomás (Agrolimen) como presidente, y José Gual Balmanyà (ex ING, hoy Seeliger y Conde) como nuevo director general en sustitución de Cabruja.

Adiós al ‘tiet’…

El plan de Negre supuso su autoinmolación como presidente de Fira, el cese de su sobrino Masiá como jefe de gabinete de presidencia de Fira, y la sustitución de Cabruja como director general. Empezó entonces el distanciamiento de Masiá y Negre. Tanto fue así, que según explican personas próximas a aquel entorno, en las elecciones a la presidencia de la Cámara de Comercio del 2002 Masiá apoyó a Miquel Valls y arrebató así la presidencia a su tío Antoni Negre.

Masiá, conocedor de la mecánica censitaria electoral de la Cámara, trabajó desde su bufete de la calle Beethoven para la presidencia de Valls. Para él se reservó una vocalía del pleno en nombre de la empresa Watch Gallery, SL como representante del “grupo 10: comercio y reparaciones, categoría 7”. Más tarde, en otras elecciones, ha accedido por otros epígrafes de actividad. 

Entre la soberbia y el negocio

Masiá, ahora también disgustado con Valls, ha intentado sin éxito destronarlo de la Cámara de Comercio. La pregunta que se hacen muchos miembros del pleno y una parte importante del empresariado barcelonés vinculado a estas es la misma. ¿Cuál es la razón? Y ellos mismos, bajo anonimato, responden: “Es un ambicioso sin límites, se ha quedado sin su negocio cameral y Valls ya no es aquel hombre que confiaba en él a pies juntillas. A Masiá --enfatizan--, le ha podido la soberbia, como en hace 15 años en Fira”.