La gerontocracia gobierna la universidad española

El 40% de los catedráticos en ejercicio superan los 60 años y un 20% están por encima de la edad oficial de jubilación

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Josep Fontana, uno de los historiadores más prestigiosos de Cataluña, es profesor emérito del departamento de Humanidades de la UPF.
Antonio M. Yagüe
Sábado, 10.10.2015

Imagínense una gran empresa en la que casi uno cada cuatro trabajadores (el 21,7%) de la plantilla y el 40% de sus cuadros o mandos superan los 60 años. Esa es la universidad española, con un total de 115.000 docentes de las distintas categorías laborales, según la última estadística del Ministerio de Educación.

No obstante, los 1.284.191 alumnos que han iniciado el curso tendrán a su favor una mejora de la ratio estudiantes por profesor, sólo 12, tras un descenso de 60.000 matriculados desde el 2012 por los recortes de José Ignacio Wert y la caída de la natalidad.

Por encima de los 60 años

La gerontocracia universitaria, invisible para los medios de comunicación, comunidades, partidos y sindicatos, se manifiesta especialmente en sus 11.069 catedráticos. El 40% de este cuerpo es sexagenario y casi el 20% supera los 65 años.

Hay que sumar 635 eméritos, supersabios o vacas sagradas, que también tienen su coste. Cada universidad les abona la diferencia, a groso modo, entre el salario de un catedrático, por encima de los 4.000 euros, y su pensión máxima de jubilación, algo más de 2.000 netos.

Jubilaciones a los 65 y 70 años

Los profesores universitarios pueden jubilarse voluntariamente a los 65 años y han de hacerlo obligatoriamente a los 70. La figura del emérito trata de mantener hasta los 75 años a los más talentosos y eminentes en las principales ramas del saber. Fue creada por el Gobierno de Felipe González en 1984 a imagen y semejanza de lo que se hace en otros países.

A punto estuvo su sucesor aventajado, José Luis Rodríguez Zapatero, de extender la prórroga de jubilación hasta los 75 años a casi todo el cuerpo docente que lo solicitase. Pero se vio forzado a convocar elecciones precipitadas en el 2011 y el decreto no llegó al BOE. Los sindicatos se mostraron en contra porque la medida suponía un tapón generacional.

La disyuntiva entre experienciay juventud

Mientras algunos defienden con uñas y dientes que el trabajo intelectual no tiene edad, otros reclaman la necesidad de la frescura que aportan los jóvenes, sobre todo en mitad de un proceso de cambio como el que afronta la Universidad. La reforma europea o plan Bolonia requiere, entre otras cosas, una forma de enseñar distinta, con menos clases magistrales, más tutorías y trabajos dirigidos.

El envejecimiento general de la plantillas de trabajadores, según el departamento de población del CSIC, es “algo general a toda la Administración debido a la reducción de la oferta de empleo público como consecuencia de la crisis”.

Reposición escasa

Por un lado, apenas se convocan oposiciones, y la tasa de reposición es del 10%, de forma que de cada 10 profesores que se jubilan sólo uno es sustituido por otra persona. No obstante, el Ejecutivo de Rajoy, en pleno año superelectoral, ha elevado al 50% la tasa para el curso que viene.

Algunos rectores también se quejan de que las administraciones públicas no apuestan por la renovación de plantillas ni siquiera por mantener el gasto que supondría el relevo y la contratación de profesores jóvenes en las mismas condiciones.

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