Víctor Grífols y la independencia, un pasito p'alante y otro p'atrás

El presidente del grupo de hemoderivados ha dado ánimos públicamente al ‘procés’ y a su principal impulsor, Artur Mas, aunque se lleva el grueso de su negocio a Irlanda

4 min
Víctor Grifols Roura, actual presidente de la empresa Grifols.
Cristina Farrés
Lunes, 26.10.2015

Víctor Grífols es el presidente de una de las principales compañías de hemoderivados. La empresa lleva su apellido. El grupo se hizo mundialmente famoso a raíz de figurar como una de las 300 empresas del mundo consideradas estratégicas por EEUU y a las que, en consecuencia, se les debe garantizar su seguridad, estabilidad y desarrollo, según una filtración de Wikileaks en 2010. Desde ese momento el empresario, de talante austero y discreto, suscitó el interés mediático.

Su fama creció cuando alabó en distintas ocasiones a Artur Mas por el procés y ha llegado al clímax esta semana, cuando se rodeó de autoridades de Irlanda al inaugurar un centro de trabajo en la isla donde ya ha trasladado la tesorería central del grupo y desde donde llevará el grueso del negocio.

¿El apoyo a Mas sigue en pie?

¿Significa eso que ha perdido la confianza con Mas? Los precedentes podrían refrendarlo. Antes de defender y aplaudir la determinación de presidente de la Generalitat en abril de 2014 y pedirle que tirara “adelante” --“no se arrugue”, le reclamó en el acto de inauguración de otra de las factorías del grupo-- el empresario había cargado contra la independencia y sus consecuencias empresariales en una cena con el Instituto Español de Analistas Financieros en el Círculo Ecuestre. Ese año, 2012, también fue el de una entrevista en CNN en la que Grífols aseguraba que el sistema federal era una buena alternativa para refundar España.

Sus allegados aseguran que esta vacilación política responde a una reflexión personal frente al procés. Aseguran que su apoyo a la independencia es serio, pero que lo hace a título individual. La estrategia empresarial para maximizar los resultados de Grífols discurre al margen de las ideas políticas de su presidente.

Críticas al trato de las administraciones

La posición que siempre ha mantenido, según los mismos interlocutores, es la crítica con el trato recibido por parte de las administraciones del país, incluso de la Generalitat. Asegura que la legislación vigente no es favorable a las empresas, que hay demasiada inseguridad jurídica y que no se hace nada para frenar los elevados costes energéticos.

Grífols advirtió en el mismo acto de 2012 que no pensaba seguir invirtiendo en el país por esas razones. Añadió una crítica que ya se le había escuchado anteriormente: que a la planta de Parets del Vallès (Barcelona) no llegaba agua suficiente para hacerla funcionar.

El grupo obtiene un precio muy ventajoso por el recurso hídrico gracias a un acuerdo aprobado por las administraciones de la zona, indican otras fuentes conocedoras del día a día en la factoría, pero el problema no era sólo el precio. El verdadero problema era la cantidad.

Ventajas fiscales

Irlanda es un país que facilita, especialmente en el apartado fiscal, la llegada de empresas de otros países. Los directivos del grupo de hemoderivados niegan por activa y por pasiva que ése constituya el único motivo de la mudanza.

A su presidente no le gusta que se airee que, en la práctica, ha abandonado tanto Cataluña como España. No le gusta que se vincule su marcha con un supuesto portazo al procés y a Artur Mas. No le gusta que se salgan de su guión: en Irlanda tiene una gran factoría y el futuro del grupo es prometedor.

Lo es, pero lo es mucho más fuera del (o los) país(es), que tienen ahora pocos posibilidades de recibir las nuevas inversiones planeadas por Grífols para proseguir con su futuro crecimiento. Pero esto no se incluye en el guión de su presidente.

Comentar