Cómo vivir hasta los 120 años

La reputada científica Mónica de la Fuente concluye, tras décadas de estudio, que vivir más años no depende tanto de nuestra genética como de nuestro estilo de vida

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Mónica de la Fuente y su equipo.
Ana Portolés
Domingo, 15.11.2015 21:53

La lista de títulos y méritos de Mónica de la Fuente del Rey parecen no acabar nunca: doctora en biología y medicina, catedrática de fisiología de la Universidad Complutense de Madrid, licenciada en ciencias biológicas con Premio Extraordinario y Premio Nacional de Licenciatura, académica de número en la Real Academia de Doctores de España. Aunque mucho más impresionantes son sus descubrimientos, a saber: nuestra herencia genética no dicta cuánto viviremos, es posible llegar a los 120 años y, como muchos intuíamos, las personas vitalistas viven más.

--¿Por qué empezó a investigar la relación entre sistema nervioso y sistema inmunitario?

--Me daba cuenta de que la gente triste vivía menos; veía viudos que de repente desarrollaban cáncer, jubilados que en solo un año sufrían un bajón tremendo… Quería saber por qué las personas enferman, y cómo llegar a los 120 años que hoy sabemos que podemos vivir. ¡Hay una francesa que ha llegado hasta los 122!”

--¿120 años? Cuesta de creer.

--Piense que en el s. XIX, la esperanza de vida en España era de tan solo 30 años. Ellos tampoco se hubieran creído que hoy en día, gracias a la mejora sanitaria, llegaría a ser de 82.

--¿De qué depende que vivamos más o menos?

--Sobre todo, del estado de nuestro sistema inmunitario, el mejor predictor de la salud de una persona. La mayoría de los investigadores coinciden en que el estado de nuestro sistema inmunitario depende mucho menos de la genética heredada (aproximadamente un 25 %) que de nuestro estilo de vida (aproximadamente un 75 %).

--Es decir, que vivir más años está en nuestras manos.

--Sí. Empezamos a envejecer a los 18 años y a partir de ahí somos responsables de cómo mantenemos nuestra salud. ¡Con la de información que nos dan para vivir mejor y nadie nos ha explicado esto!

--Usted distingue entre edad cronológica y biológica. ¿Qué es cada una?

--La edad cronológica es la que marca el calendario y la biológica es la velocidad de envejecimiento, la que marca cómo nos encontramos. Hay personas de 100 años que envejecen al ritmo de una persona de 30 y personas de 30 años que envejecen como si tuvieran 60.

--¿Y qué hacemos si somos del segundo grupo?

--Es posible reconducir. Una persona con edad cronológica de 30 años que ahora tenga una edad biológica de 60 puede reducir esta edad biológica, volver de nuevo a los 30 y frenar su velocidad de envejecimiento si toma medidas para reducir su ansiedad, su estrés y/o sus malos hábitos.

--Cuéntenos más sobre estas medidas, qué podemos hacer para llegar a los 120.

--Yo siempre digo que la salud es una mesa con cuatro patas. La primera sería evitar los hábitos nocivos (tabaco, drogas, consumo abusivo de alcohol, falta de sueño…). La segunda es la alimentación. Lo mejor es comer variado, sin excesos, no abusar de la carne, comer frutas y verduras, cereales integrales, frutos secos, legumbres, aceite de oliva. La tercera pata es mantenerse activo, física, mental y socialmente. La longevidad no se consigue mano sobre mano; un poco de estrés es necesario para aprender a enfrentarse a las cosas; anular el estrés es morirse.

Y la cuarta recomendación es encarar la vida de la mejor manera posible. Puestos a mirar la botella, es mejor verla siempre medio llena; al final nos da lo mismo y generaremos más emociones positivas. Las personas deprimidas o con ansiedad, alteradas a nivel nervioso, producen mediadores y hormonas diferentes. Sus células se modifican y empeoran, su sistema inmunológico no las defiende bien y es por eso que, en ellos, enfermedades como la gripe duran más y las vacunas tienen menos eficacia.

--Y después de descubrir todo esto, ¿qué pautas se autoaplica Mónica de la Fuente?

--Como no tengo tiempo de ir al gimnasio, aprovecho cualquier ocasión para estar activa. Por ejemplo, subo las escaleras en vez de coger el ascensor o las mecánicas. Como bastante, pero sano. Tengo un metabolismo “apañado” y aunque sé que hay alimentos como dulces o comidas muy preparadas que no son buenas, si me gustan mucho como un poco, que también va bien para generar defensas. Además, intento no dejarme llevar por la presión de la gente o en el trabajo. Y si alguna vez estoy decaída, me impongo la obligación de salir del foso. Me digo: “venga, ¡arriba!” Si uno quiere morirse, se muere… En el momento en que te levantas y dices “qué hago” vas mal. Hay que aprender a mantener las ganas de vivir.

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