Corinna, la amiga del Rey Juan Carlos, queda absuelta de estafar a un jubilado

La princesa estaba acusada de haber vendido a un abogado octogenario objetos decorativos a un precio muy superior al real

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El Rey Juan Carlos y la princesa Corinna
Gonzalo Baratech
Lunes, 23.11.2015 19:38

El Tribunal Federal de Suiza ha absuelto a la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein de estafa a un abogado octogenario jubilado que le compró una lujosa vivienda de 275 metros cuadrados en Villars-Sur-Ollon, por 5 millones de francos suizos. El letrado ya había perdido una demanda en primera instancia en el tribunal del cantón de Vaud.

Junto con el inmueble, la aristócrata le vendió por 120.000 francos una serie de objetos decorativos, entre ellos jarrones, litografías y botellas de vino, como si hubieran pertenecido a la familia real o fuesen antigüedades. El adquirente firmó los contratos de compraventa en un afamado despacho de abogados de Ginebra.

"No tomó las medidas de precaución básicas"

Posteriormente empezó a sospechar que quizás le habían dado gato por liebre y encargó la tasación de los bienes a una conocida casa especializada. El precio real resultó ser de 30.000 francos. El Tribunal Federal dictamina ahora que no se ha podido encontrar indicio alguno de estafa, que implicaría que Corinna hubiera actuado con malicia.

El Tribunal afirma que el veterano abogado, cuyo nombre no se ha filtrado, pudo haber comprobado la veracidad de las declaraciones de la vendedora y, además, era responsabilidad suya "obtener garantías". De hecho, la resolución señala que "no tomó las medidas de precaución básicas que le habrían evitado caer en el error".

Refugio alpino de Corinna y el Rey

El dúplex de Villars-Sur-Ollon sirvió durante varios años de refugio alpino a Corinna y don Juan Carlos. De hecho, en el vecindario se sabía que el rey emérito visitaba con frecuencia la casa de la dama, pero la proverbial discreción helvética impidió que el asunto se filtrara a la prensa.

Corinna saltó al ruedo ibérico en 2012, cuando trascendió que compartía una cacería de elefantes con don Juan Carlos en Botswana. El safari clandestino, del que ni siquiera el Gobierno español tenía conocimiento, se descubrió por una caída del Rey, que le ocasionó la rotura de la cadera.