Corrupción e independencia

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Lunes, 9.11.2015 00:00

Según los expertos que presentaron en el Cercle d’Economía el informe sobre corrupción en España, nada indica que en una hipotética Cataluña independiente la corrupción fuera menor que ahora, pero no aventuran si, presumiblemente, sería mayor, como creo se desprende de hipótesis consistentes.

Me refiero a la corrupción vinculada a la política. Es decir, aquella en la que interviene, de una u otra manera, la administración publica en sus relaciones con los empresarios y en la que un político, en nombre propio o como recaudador de una partido, actua como conseguidor.

La corrupción estrictamente privada, la que afecta a las empresas y particulares, ha sufrido una drástica reducción

La corrupción estrictamente privada, la que afecta a las empresas y particulares, ha sufrido una drástica reducción. Los jefes de compras o los directores comerciales han dejado, hace tiempo, de recibir sobres. Lejos quedan los tiempos de la autarquía en que un director comercial podía hacer rico a un cliente por el mero hecho de sumistrarle producto. O en que un director de compras tenia amplio margen para exigir una mordida por elegir a uno u otro proveedor.

El estrechamiento de márgenes, la competencia, las auditorías y controles internos, la globalización, en suma, han reducido de forma sustancial este tipo de corrupción. La economía sumergida, una forma de corrupción, está ahora vinculada a la supervivencia de pequeños negocios o a sectores muy concretos como el inmobiliario. El dinero negro, casi, ha desparecido de las empresas. Por eso en la corrupción política los maletines van siendo sustituidos por facturas falsas o donaciones ficticias.

Pues bien, en ese tipo de corrupción privada no aprecio diferencias entre Cataluña y Madrid , ni creo las hubiera en caso de independencia. Tampoco en la que un funcionario actúa por cuenta propia, supuesto que no es alarmante, ni en Cataluña , ni en el resto de España.

Pero, ¿qué pasa con la corrupción política? ¿Hay diferencias notables entre Cataluña y el resto de España? ¿Qué pasaría en caso de independencia?

En Cataluña el silencio ha sido atronador. Ninguna investigación ni denuncia periodística. La perfecta omertá

Durante mucho tiempo Cataluña ha sido un oasis ficticio producto del dejar hacer de los gobiernos españoles y del silencio complice de los partidos catalanes, o sus acusaciones puntuales no mantenidas, como en el caso del 3% de Maragall o Carod. Con todo, lo más grave ha sido la actitud de los medios de comunicación. Es de notar las diferencias con Madrid. El País o El Mundo han denunciado la corrupción, al menos de los partidos menos identificados con su línea editorial. En Cataluña el silencio ha sido atronador. Ninguna investigación ni denuncia periodística. La perfecta omertá. Sólo ahora, con las clocas rebosando, se ocupan del tema pero nunca actuando como arietes sino a toro pasado, cuando no tienen más remedio.

¿Mejorarían las cosas en caso de independencia? Rotundamente nada parece indicarlo, sino al contrario.

Lo primero que se necesita para luchar contra la corrupción política es una sociedad democrática, con pluralismo político y una prensa fuerte e independiente. Nada de eso se produciría con la independencia. Con la confrontación con 'España', con buena parte de la población en contra, con el aislamiento internacional, con dificultades económicas, lo más probable es que Cataluña derivara hacia un régimen autoritario. Las apelaciones al enemigo exterior e interior, la necesidad de reprimir a la oposición serían la consecuencia lógica --como en tantos países-- de la independencia, sobre todo si no es pactada como se pretende por el nacionalismo catalán. En este ambiente la corrupción política tendría asegurada la impunidad y un magnífico caldo de cultivo.

Aquí se ocuparían las vacantes de los muchos funcionarios que dejarían el país con militantes del movimiento nacional

Otros requisitos para la lucha contra la corrupción también se debilitarían. El primero, la independencia del poder judicial. Jueces y fiscales serían seleccionados en función de su adhesión al régimen. Y no olvidemos que en España el Consejo General del Poder judicial está politizado, pero los jueces, como se demuestra cada día, gozan de una libertad de actuación considerable (véanse los casos Urdangarin, Bárcenas, Rato, Eres de Andalucía, Correa, y ahora el 3%). Aquí se ocuparían las vacantes de los muchos funcionarios que dejarían el país con militantes del movimiento nacional. Además, el acoso al disidente --que tanto gusta al nacionalismo-- sería insoportable y vacunaría a cualquiera de veleidades justicieras durante mucho tiempo.

Y la prensa, ¿sería más fuerte e independiente? Tampoco nada indica que fuera así. Al contrario, es de esperar más subordinación a un poder aún más autoritario y necesario para poder pagar las nóminas. Es más probable que volviésemos a la censura con la excusa de defender a la patria de "quintacolumnistas" y "agentes del extranjero".

Al menos durante una larga transición, una Cataluña independiente favorecería más corrupción y más impunidad

Por último, pero no menos importante, en la Cataluña independiente el Estado, gobernado por nacionalistas y populistas, crecería exponencialmente tanto por la mentalidad de los dirigentes --vean sus programas-- como por la necesidad de crear nuevas estructuras de Estado así como por la debilidad del sector privado afectado por el trauma de la secesión. Y, a más Estado, más capacidad de decisión de los políticos y más corrupción. Un Estado grande y autoritario, sin control judicial ni mediático, es el mejor caldo de cultivo para que proliferen las élites extractivas.

Y, si lo dicho no fuera suficiente, parece poco cuestionable pensar, como escribía Gregorio Morán en La Vanguardia este domingo, que lo primero que haría el nuevo Estado es amnistiar o hacer decaer todos los procedimientos contra sus dirigentes actuales o pasados. Dicho de otra manera , consolidaría el poder de quienes han actuado como si Cataluña fuera una finca de su propiedad.

La conclusión es clara. Al menos durante una larga transición, una Cataluña independiente favorecería más corrupción y más impunidad.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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