El final de la escapada

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Lunes, 16.11.2015 03:22

El movimiento nacional independentista siempre tuvo los pies de barro. En primer lugar porque, tras la marcha de Pujol, Mas no ha conseguido unificar al independentismo. Al contrario, cada día está más fragmentado y dividido. Lejos quedan las apelaciones al "pal de paller" o a la "Casa Gran".

Sin mayoría social, sin apoyo internacional, sin control de la recaudación fiscal, la huida hacia adelante de la independencia unilateral disfrazada de desconexión sólo puede acabar en sonoro fracaso

Al contrario de lo que dice la propaganda nacionalista, el espacio soberanista, si lo medimos en base a los escaños del conjunto de partidos que lo conforman, es inferior al de los años 80 y 90, o menor que en 2010, antes del inicio del viaje a Ítaca. Los dos pretendidos refrendos, el del 9N de 2014 y las 'plebiscitarias' del 27S han demostrado que el independentismo ni representa a la mayoría de catalanes, ni tan siquiera a la mayoría de los que van a votar.

Sin liderazgo político real, sin mayoría social, sin apoyo internacional, sin control de la recaudación fiscal, sin el control efectivo del territorio, la huida hacia adelante de la independencia unilateral disfrazada de desconexión sólo puede acabar en sonoro fracaso.

¿Ignoraba Mas esta realidad? No lo creo. Pero en lugar de asumirla el día después del fracaso de CiU en las autonómicas de 2012, que visualizó su pérdida del control del 'proceso' , continuó con su alocada escapada. Muchos la explican por su subordinación al clan Pujol. La reunión, apenas tratada en la prensa, celebrada entre Mas y Pujol el día de los registros en la sede de CDC refuerza esa tesis.

A pesar de la crisis económica y política, la renta per cápita catalana es una vacuna contra aventuras revolucionarias

Sea como fuera, Mas aceptó su deslegitimación como líder al ir el número cuatro en la lista de Junts pel Sí. Fue una muestra de debilidad, de su falta de control sobre el 'proceso'. El resultado de las autonómicas del 27S no ha hecho más que acentuar esta debilidad que ahora es clamorosa. No sólo se ha tenido que subordinar a ERC y a la ANC. Ahora tiene que mendigar el apoyo de la CUP, lo que --lo logre o no finalmente-- certificará el final político de Mas y la recomposición del movimiento independentista que perderá --ya ha perdido-- el apoyo de una parte sustancial de las clases medias que sustentaron el pujolismo y dieron su apoyo, menguante, a Mas, convencidas de que se trataba de un pulso incruento para acabar pactando con el Estado.

A pesar de la crisis económica y política, la renta per cápita catalana es una vacuna contra aventuras revolucionarias. La mejora económica y la aparición de formaciones políticas como Ciudadanos y Podemos que recogen el voto del descontento con el statu quo español, han erosionado fuertemente la capacidad del independentismo de crecer en sectores sociales que podrían haber sido abducidos por los cantos de sirena del independentismo mágico, redentor de todos los problemas de la sociedad catalana sin coste alguno.

En el caso que, con o sin Mas, la hoja de ruta aprobada por los partidos secesionistas siga su curso, es de prever que se cumplirán los mecanismos legales que frenarán el 'proceso'

A partir de ahora visualizo tres escenarios potenciales. El primero es que, con o sin Mas, la hoja de ruta aprobada por los partidos secesionistas siga su curso. En este supuesto es de prever que se cumplirán los mecanismos legales que frenarán el 'proceso'. Puede ocurrir, como en el País Vasco tras la ilegalización de Batasuna y la encarcelación de Otegui, que la vida política siga su curso sin incidentes, o pueden producirse incidentes de orden público más o menos graves, lo que nos llevaría a un escenario parecido al de Euskadi, antes del fin de ETA, aunque esperemos que sin victimas pero con el agravante de no tener un partido como el PNV que ha sido un factor esencial de estabilidad.

En cualquier caso, malo para los secesionistas, pero tampoco bueno para el conjunto de los catalanes sea cual sea su ideología. Si ni Europa ni EEUU han amparado nunca el secesionismo catalán, la agudización de los problemas en los países europeos, entre ellos el de la seguridad frente al yihadismo, hace prever que en el futuro su posición no sólo no cambiará sino que serán todavía más reacios a aventuras desestabilizadoras de creación de nuevos Estados.

El segundo, el más favorable para el nacionalismo, aunque pueda no parecerlo, pasa por que este acepte que no puede ganar, evite la desobediencia frenando sus postulados y trate de concentrar su actividad en mantener el poder autonómico y esperar un cambio de condiciones en el Parlamento español que les permita arrancar el referéndum (algo muy improbable dada la correlación de fuerzas) o por lo menos les permita no perder posiciones clave como el control de la escuela o el incumplimeinto de las sentencias en materia de lengua. Todo ello a la espera de una mejor ocasión para volver al ataque. El repliegue táctico es menos épico que quemar las naves pero más eficaz para quien lo practica.

No ceder la recaudación fiscal; imponer la homologación estatal de los libros de texto; hacer cumplir las sentencias lingüísticas y evitar la malversación de caudales públicos destinándolos a actividades de fomento del secesionismo

El tercero pasa por una derrota clara de CDC el 20D, nuevas elecciones autonómicas con conformación de una mayoría no secesionista y un proyecto español que mejore el funcionamiento del Estado, incluida su organización territorial. En este supuesto, que es el que deseo, un acuerdo que podría ir desde Unió hasta Podemos tendría cuatro líneas rojas: no ceder la recaudación fiscal; imponer la homologación estatal de los libros de texto, para impedir que las escuelas sean centros de adoctrinamiento como hasta ahora; hacer cumplir las sentencias lingüísticas y evitar la malversación de caudales públicos destinándolos a actividades de fomento del secesionismo.

En todo lo demás, desde la financiación hasta la clarificación competencial, caben cambios sustanciales que mejoren el autogobierno leal y el funcionamiento del estado. En definitiva, autogobierno, sí; fomento del secesionismo, no.

Mi pretensión no es adivinar el futuro sino hacer un esquema explicativo de escenarios --la realidad siempre es más compleja y contradictoria-- que pueda servir al lector para dibujar su propia visión.

El nacionalismo ha conseguido la hegemonia ideológica  en Cataluña en un microclima muy favorable. El Estado de vacaciones y los catalanes no nacionalistas, calladitos y ocupados en su vida privada. Lo segundo ya no volverá, afortunadamente. Y será la mejor garantía de que los partidos políticos que gobiernen a nivel central no tengan la tentación de volver a las andadas y de que sus representantes catalanes superarán sus complejos, su subordinación ideológica al nacionalismo.

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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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