El Tribunal Supremo avala que la prensa 'desnude' a los corruptos

Informar del fraude público es “lícito y necesario para conocer cómo se gobierna el país aunque les moleste o inquiete”

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El Supremo se pone del lado de los periodistas y de la profesión.
Carlos Quílez
Miércoles, 4.11.2015 21:58

El Tribunal Supremo afirma en una sentencia fechada el pasado día 14 de octubre que “prevalece la libertad de información sobre el derecho al honor de personajes públicos inmersos en casos de corrupción".

"La libertad de expresión adquiere mayor peso cuando se informa sobre temas de corrupción --añade el fallo--, sobre todo cuando los sujetos implicados ocupan o han ocupado cargos públicos; pues en tales casos la comunicación pública de hechos noticiosos o la expresión de una opinión crítica al respecto es, además de lícita, necesaria para hacer efectivo el derecho de los ciudadanos a conocer cómo se gobiernan los asuntos públicos”.

Aire fresco para el periodismo

Con esta sentencia, cuyo ponente es el magistrado José Vela Torres, el alto tribunal aporta a un balón de oxigeno para la profesión periodística que en los últimos tiempos se ha visto asediada e, incluso amenazada, con reformas legislativas orientadas a cercenar el margen de maniobra de los profesionales de la información en el ejercicio de su trabajo.

El Supremo da la razón a unos periodistas del diario El Mundo que publicaron una información el 14 de febrero de 2014 en relación con al caso Bárcenas. En ella, vinculaban al constructor Luis del Rivero con la trama corrupta de comisiones ilegales que dirigía, presuntamente, el tesorero del PP. Del Rivero denunció a los periodistas y les atribuyó un delito contra el honor, al considerar tendenciosas, poco rigurosas y malintencionadas las afirmaciones que se vertían en el artículo.

Periodismo crítico

El Supremo, pues, se pone del lado de los periodistas y de la profesión.

“Debemos de tener en cuenta que la libertad de expresión, según su propia naturaleza, comprende la crítica a la conducta del otro, aun cuando sea desabrida y pueda molestar, inquietar o disgustar a aquel contra quien se dirige, pues así lo requiere el pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura sin los cuales no existe sociedad democrática”.

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