Las cuentas de Laboratorios Ferrer llevan cinco años estancadas

Los directivos de Laboratorios Ferrer, con un jovencísimo Sergio Ferrrer Salat, y los de OTC Ibérica cuando rubricaron la absorción de ésta.

Los laboratorios farmacéuticos Ferrer apenas han progresado durante el último lustro. Sus magnitudes económicas permanecen anquilosadas desde 2010. Hace cinco años, la facturación sumó 545 millones de euros. En 2014, la cifra fue de 557 millones, con un avance de sólo el 2%.

La evolución de los resultados es todavía menos lustrosa. Un quinquenio atrás registraba flujos de caja de más de 51 millones. El año pasado, dicho renglón se redujo a 31 millones. Pero donde se observa una flexión más notable es en el beneficio consolidado, que en el intervalo 2010-2014 se desploma de 31 a 5,5 millones.

Una firma robusta

Pese a todos los pesares, Ferrer sigue siendo una empresa robusta. Su balance consolidado exhibe un activo de 709 millones, unos fondos propios de 284 millones y un endeudamiento bancario de 233 millones.

La firma posee instalaciones industriales en Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Esplugues de Llobregat, Leganés, Murcia, Alemania, México y China. Dispone de filiales en 23 extranjeras y tiene presencia en 93 países. Destina el 11% de sus ingresos a investigación. La plantilla total rebasa los dos millares personas.

Accionista único

El grupo pertenece casi por entero a Sergi Ferrer-Salat Serra di Migni, heredado tras el fallecimiento de su padre Carlos Ferrer Salat. José Vilarasau Salat, ex presidente de La Caixa y tío de Sergi, posee un paquete de algo más del 1%.

Grupo Ferrer figura durante los últimos años entre los principales benefactores de las fundaciones de Convergència, con donaciones por un total de 150.000 euros, como mínimo. Los ingresos de esas entidades no lucrativas están hoy en el ojo del huracán por sus lazos directos con la financiación ilegal de CiU mediante mordidas a una extensa gama de empresarios privados.

Ferrer forma parte del selecto y compacto grupo de laboratorios catalanes de capital familiar, junto con Almirall, Esteve y Uriach. Todos ellos perviven en manos de descendientes de las familias fundadores. Tan sólo Almirall cedió un parte minoritaria de su capital a los inversores privados, a raíz de su salida a bolsa en 2007.