Los catalanes secesionistas

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Lunes, 30.11.2015 00:13

¿Qué sectores sociales apoyan el secesionismo? ¿Dónde residen? ¿Cuáles son sus motivaciones ? ¿Han tocado techo? Estas preguntas merecen un estudio académico en profundidad, pero a través de encuestas y estudios de sociología electoral se pueden dar algunas respuestas.

El 27S votó a Junts pel Sí y la CUP el 36,8% del censo electoral y un 47,7% de quienes acudieron a las urnas. La primera conclusión es que el independentismo, aceptando que quienes votaron a estas formaciones votarían independencia en un referéndum vinculante, está lejos de la mayoría social, y tampoco alcanza a la mayoría de quienes acudieron a las urnas en esta ocasión.

El voto independentista proviene preferentemente de municipios de la Cataluña interior no fronterizos con otras Comunidades Autónomas

¿De dónde proviene geográficamente el voto independentista? Un estudio presentado por SCC, coordinado por Felipe Moreno y en el que han participado, entre otros, los catedráticos de estadística Albert Satorra, de la UPF, y Josep Maria Ollé, de la UB, y la de derecho constitucional Montse Baras, dibuja un mapa muy claro. Municipios pequeños, preferentemente de la Cataluña interior no fronterizos con otras Comunidades Autónomas, en los que el independentismo sobrepasa el 55% del censo. Por contrario, es débil en la Cataluña costera y urbana, con porcentajes de media de algo más del 30%. Dos ejemplos extremos: en algunos municipios como Tarrés o Vidrià el voto independentista sobrepasó el 70% del censo, y en Ciutat Badía apenas superó el 10%.

Profundizando algo más en esta distribución geográfica vemos que en la ciudad de Barcelona los mejores resultados para el independentismo se concentran, además de en Gracia, en los barrios residenciales de mayor nivel de renta, Sarrià, Eixample y Les Corts, con más del 40% de voto independentista, mientras que en la Zona Franca no llega al 15%.

Mientras en las zonas secesionistas la participación ya es muy alta, en las zonas menos secesionistas todavía queda un largo camino para incrementar la participación

Otro dato de interés del estudio de SCC: el aumento de participación del 27S respecto a 2012 fue a parar mayoritariamente a los partidos no independentistas, en concreto, 6 de cada 10 votos. Pero mientras en las zonas secesionistas la participación ya es muy alta, en las zonas menos secesionistas todavía queda un largo camino para incrementar la participación. Por ejemplo, entre Torre Baró y Sarrià el diferencial de participación es de más de 20 puntos. Parece pues que todavía queda una reserva de voto no secesionista que, en otras circunstancias, puede ser movilizado, mientras el voto secesionista parece haber tocado techo, salvo en lo referente a jóvenes que alcancen la mayoría de edad.

El independentismo se nutre de clases medias y populares movilizadas por razones identitarias --hablar y sentirse solo catalán-- o, entre votantes de la CUP sobre todo, por la izquierda antisistema que ve la independencia como una forma de llevar a cabo una revolución social de carácter anticapitalista.

Pero el núcleo duro del movimiento secesionista está integrado por la denominada 'clerecía', en palabras de Benito Arruñada y Victor Lapuente, es decir: "Quienes viven de crear, preservar y diseminar la cultura nacional. En la Cataluña de hoy, eso incluye a funcionarios, escritores, académicos y demás profesionales dedicados a una amplia serie de actividades, que abarca desde escribir poemas a diseñar balanzas fiscales, desde dar clases de bachillerato a presentar noticias o producir teleseries. [...] Con la independencia, la clerecía catalana multiplicaría la demanda de sus servicios, como ya lo logró con la Administración autonómica. Hasta el mismo proceso soberanista le resulta rentable, pues, cuanto más tormentosas son las relaciones con el resto de España, más se venden muchos de sus productos. De libros a tertulias. Al contrario que los de la burguesía, que se venden menos. Por eso, a la clerecía le interesa agitar las aguas; mientras que la burguesía desea calmarlas. Ésta teme por el valor y la seguridad de sus inversiones, sus ingresos y sus empleos, todos ellos en duda hasta que una Cataluña independiente lograra estabilizarse política, económica y socialmente".

'Clerecía' y Cataluña rural son los puntos fuertes del secesionismo que parece haber tocado techo en su movilización electoral

La 'clerecía' gana aunque Cataluña en su conjunto se empobrezca. Al igual que algunos empresarios que viven básicamente de vender bienes o prestar servicios a la administración. Por eso el núcleo duro del independentismo lo encontramos en los medios de comunicación, entre funcionarios, maestros o profesores que utilizan el catalán como una forma de eliminar competencia y tener mayor reconocimiento social sin perder la opción de competir en el mercado español, mucho menos sectario en este tema y en el que no existe la barrera del idioma, al menos entre las generaciones no educadas en la inmersión lingüística.

En conclusión, 'clerecía' y Cataluña rural son los puntos fuertes del secesionismo que parece haber tocado techo en su movilización electoral. Estos sectores apuestan por la independencia al margen de sus consecuencias económicas por razones identitarias y/o de interés económico. Un Estado con más poder y competencias les favorece aunque el conjunto de la población se empobrezca. En cambio, los sectores empresariales con presencia en el mercado español y europeo, los trabajadores de esas empresas, quienes se sienten catalanes y españoles y se expresan también en castellano, o los que se consideran ciudadanos del mundo nutren el frente no secesionista.

En esta batalla detentar el Gobierno de la Generalitat es clave. La red clientelar y el control de los medios publicos de comunicación dependen de ello.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
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Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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